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Hay presiones y presiones

Viernes, noviembre 27th, 2009

La derecha política y mediática española se revuelve ante la “intolerable presión” que supuestamente ejerce sobre el Constitucional el editorial que publicaron ayer varios periódicos catalanes sobre el Estatuto de Autonomía.

Efectivamente, es delito presionar a un tribunal con ánimo de influir en sus deliberaciones y decisiones. ¿El famoso editorial incurre en tan grave delito? Mi opinión es que no, creo que se limita -en el marco de la libertad de prensa- a resaltar algo que a muchos se nos presenta evidente: que los catalanes no entenderían fácilmente una sentencia restrictiva que llegara con tres años de retraso y a pesar de la firma del rey, de los sellos del Parlamento catalán, el Congreso y el Senado y del marchamo mayoritario de las urnas.

¿Qué es presionar a un Tribunal? Si alguien piensa que publicar un editorial como ese es presionar al TC, convendrá conmigo en que sugerir que los tanques rueden por la Diagonal o el Paralelo para detener el Estatuto también lo es (y de un calibre ligeramente más grave).<Dicho por un político de UPyD y titiritero oficial de Esperanza Aguirre>

Presionar a un Tribunal es tirarse tres años escribiendo en los periódicos y gritando en la radio que en la Cataluña del nuevo Estatuto (golpe de estado, según la emisora pía) se camina hacia una dictadura de facto, hacia un régimen de sangre y terror.

Presionar al TC en favor de un posicionamiento político es lo que viene haciendo el Partido Popular, que además de promover la recusación del magistrado Pérez Tremps (con la oposición de 40 catedráticos universitarios) ha bloqueado sistemáticamente la renovación del órgano llevándolo así a un peligroso descrédito torpedeando el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, como han hecho también con el Senado.

Según el caso, la derecha actúa con tosquedad y sin decoro -incluso alterando el funcionamiento de los instrumentos del Estado de Derecho- o con el más exquisito remilgo y escrúpulo, según convenga. Combinan un puño de hierro con una mandíbula de cristal, como señalaba muy acertadamente Ignacio Escolar.

Hay “presiones intolerables” -si se publican en La Vanguardia- y presiones que no lo son (esas son las que llenan las páginas de El Mundo, ABC o la Razón). Hay presiones y presiones. Están los que nunca han roto un plato, los del historial impoluto… y luego están los sociatas y compañía incordiando al Tribunal.

-Post Scriptum: No volveré a escribir nada sobre el Estatuto catalán hasta que se haga pública la sentencia.

“Ningún equipo de fútbol tendrá carácter oficial”

Sábado, noviembre 7th, 2009

Hay quienes piden un Estado neutral… defendiendo la superioridad y la representación alegórica de una confesión privada en paredes levantadas con dinero público para un fin público. Les suele molestar que lo público entre en lo privado, afean el intervencionismo… no en este caso.

Hay calumnistas (sic) de medios “liberales” capaces de hacer la vista gorda ante evidentes violaciones de la libertad  de conciencia o incluso de argumentarlas al contraataque, casi siempre mediante la calumnia -lo llevan en el nombre- y mediante el victimismo más ridículo. “Histéricos laicistas” y “fundamentalistas” llaman a quienes defienden el principio democrático de una rigurosa separación entre la Iglesia y el Estado.

Hay liberales -de esos a los que les duele en el alma los impuestos- a los que no les importa que el Estado financie una moral determinada.

Hay quienes son muy escrupulosos con la (su)  libertad religiosa y con el derecho de educar a sus hijos en base a unas convicciones (las suyas)… pero son también a quienes no les importa que se “viole la libertad de religión de los alumnos con la imposición de un símbolo religioso en las aulas de los centros públicos”.

Las comillas no son de ningún jacobino zapateril, ni de ningún “laicista histérico” como el que les habla, no, son de la Corte Europea de los Derechos Humanos. Tribunal que en una sentencia histórica se refiere a la presencia de crucifijos en las escuelas como violadores de la libertad religiosa de los alumnos, conculcadores de derechos básicos y obstáculos a la pluralidad.

Las libertades de los alumnos musulmanes, de los ateos, los agnósticos o la de los judíos parecen ser menos merecedoras de respeto y observancia que la de los católicos. Parece mentira, asusta que subsistan tantos años después de su oficial extinción estos virulentos tics nacional-católicos.

Que no existan símbolos religiosos en un centro público, en los juramentos de un cargo electo por el pueblo español, son cuestiones de sentido común. Que ni un duro público se destine al sostenimiento de opciones morales privadas y que no sea en centros total o parcialmente públicos donde se lleve a cabo la labor que corresponde a un catequista o a un progenitor, también parecen ser ideas bastante razonables. Ideas de “laicista histérico”, ya saben. Las ideas que, por ejemplo, defiende en Francia el partido de centro-derecha de Sarkozy, que también es -según tengo oído- un quemaconventos de primera.

Por volver al tema de los símbolos y viendo de reojo el Madrid-Atléti: ¿Qué pensarían ustedes si nuestras aulas estuvieran presididas por un escudo madridista? ¿qué creen ustedes que pensarían los atléticos, los barcelonistas o los aficionados al ajedrez? ¿cree usted que el Estado debería pagar el abono a todos aquellos ciudadanos que sientan fervor por sus colores deportivos? ¿acaso no se justificaría esta medida por la sencilla razón de que hay más gente en los estadios que en las iglesias un domingo cualquiera?

En definitiva, que cada cual lleve su escudo en la camiseta, pero que no espere verlo colgando de un colegio, que cada cual se pague  su abono anual si es que quiere disfrutar del partido en el estadio o que lo vea desde su casa. Juguemos limpio, jueguen sin demagogia, sin llamar “fundamentalista” a quienes solo decimos que cada uno en su casa y dios en la de todos los que le dejen entrar. Jueguen sin patadas en la espinilla, señores prelados y adláteres mediáticos, que ya nos han colado demasiados goles… y no pocos en fuera de juego.

Es necesaria una remontada para que por fin gane la laicidad.

“El origen y el fundamento de la soberanía popular reside en Dios”

Jueves, agosto 27th, 2009
Esta frase pre-moderna y anti-democrática pudo salir de la boca de uno de esos ayatolah que en occidente tenemos por paradigma de la radicalidad en materia religiosa, la intolerancia excluyente y la inflexibilidad doctrinal. Pero no, esta frase que viene a dar al traste con siglos de evolución en la política, las instituciones públicas y en la consideración del Derecho lleva la rúbrica inconfundible de Rouco Varela.
¿Qué implicaciones conlleva el último exabrupto de este prócer de la Iglesia Católica?

Rompe con el esquema de la democracia moderna. Rouco Varela ya no sólo subordina el futuro de España a su recta y correcta confesionalidad (“España será católica o no será”) también hace depender la propia raíz de la democracia (el principio de la soberanía) del papel de la fe y la religión. Se ha cargado en un momento varios siglos de pensamiento, lucha y evolución en pos de la libertad de conciencia y la democracia.

Diciendo que la Soberanía popular deriva en exclusiva de “dios” (¿de cuál de ellos?) niega de un modo tajante la dignidad humana y los derechos positivizados desde 1789 que redundan y protegen esa dignidad inherente a cada persona con independencia de condiciones accesorias como su credo religioso, su nacionalidad o su ideología.

Al decir que la Soberanía procede de “dios” (¿de cuál de ellos?) supedita y mutila completamente la acción de la política, el derecho y la propia sociedad a la hora de determinar (con la lógica de la democracia, el debate y las mayorías) el presente y el futuro de las comunidades humanas. Dice, nada más y nada menos, que no puede haber ley positiva fuera de la “ley natural”. Un planteamiento profundamente oscuro, superado en el Siècle des Lumières

Rouco Varela ha concentrado en ese insulto una definición completa y perfecta de lo que significa el término “Teocracia”.

Desde la Iglesia y sus prolongaciones políticas y mediáticas se quejan de que hay personas que atacan (atacamos) el “hecho religioso” cuando sencillamente abogamos por un orden laico de escrupuloso respeto y de no interferencia entre los plano de la fe privada y el Estado.

Reitero como ya hiciera, que hay que defender con decisión el ámbito público y compartido -tablero de juego de nuestra convivencia en sociedad- para evitar que prospere el abiertamente declarado propósito teocrático de la Iglesia Católica española, que niega sus propias directrices -más abiertas y respetuosas- marcadas con el Concilio Vaticano II. La Iglesia de hoy, paradójica y desgraciadamente, es más conservadora y más radical que la de los años de la Transición: la institución se encuentra en un bucle de involución que sabe “dios” a donde nos llevará.

El laicismo no es más (ni es menos) que la consecuencia lógica del pluralismo objetivo y el respeto necesarios llevados a las instituciones de un país democrático.

La laicidad, en este sentido, es inseparable de la democracia, pues supone reconocer la autonomía de la política respecto de la religión y la autonomía de las éticas privadas e individuales respecto del Estado con religión oficializada. Frente a esto, tenemos el uniformismo autoritario que nos retrotrae a la figura de la Iglesia-Estado, los tiempos de la Inquisición como tribunal público y del nacional-catolicismo que inspiró la guerra civil y una dictadura de corte fascista.

Con estas credenciales odiosas llegamos al siglo XXI con opiniones que pretenden conectar (encadenar) la soberanía popular y la dignidad de las personas con un dogma de fe irracional y anti-jurídico. Aunque parezca imposible, mirando el calendario.

La Iglesia se ha convertido hoy en una suerte de lobby, un grupo de presión más ocupado en la defensa de sus intereses espurios que en interpretar, para sus voluntarios seguidores, la supuesta palabra dada por “dios” a los hombres. Esta prostitución, si se me permite el término, respecto de los objetivos fundacionales de la Iglesia Católica explica la deserción que vacía y deja los templos tiritando. La COPE es el símbolo más explícito, dramático y descarado de esta Iglesia que cambia atriles por púlpitos, mítines por misas y oración por manifestación.

Como afirmaba Fernando de los Ríos, un hombre reflexivo, inmenso en su capacidad intelectual, tolerante por los cuatro costados y autodefinido como “cristiano erasmista“, la separación entre la Iglesia y el Estado no solo beneficia a este, también a la propia institución que, al desbrozar sus lindes de actuación y al rechazar injerencias externas, es capaz de desarrollar un mensaje de pureza intimista y de espiritualidad (valores que buscan, supongo, aquellos que sienten en sí la llamada de la fe)

La frase-insulto de Rouco me ha hecho evocar su contraste con la utopía tolerante, laicista y de sociedad abierta de la “España civil” propuesta en la obra homónima de Gregorio Peces-Barba. Y pensar cuan lejos estaremos de ella, cuan lastrados, mientras sigan subsistiendo como subsisten, propuestas antónimas inspiradas y arraigadas en la etapa medieval.

"Cospedal debe ser demandada por injurias"

Jueves, agosto 13th, 2009
Con esta rotunda reclamación ha reaccionado un conjunto de ciudadanos a la que ya es conocida como “la barbaridad del verano”.
Una tonada pegajosa, plúmbea, cansina y de limitada calidad, como lo son las canciones de chiringuito que suelen proliferar en estos meses de calor y aparente desconexión neuronal.
Este año, la canción del verano la interpretan Cospedal, Rajoy, Arenas… con el inestimable acompañamiento vocal de la siempre dispuesta escolanía de comentaristas marrulleros y Pedro-Jetas nacionales.

Con el mar de fondo, bronceada y con una jarra de cerveza seguramente a mano, tuvo el desatino de aparecer la secretaria general del partido de la derecha para dar a conocer esa cantinela solo bailable por irresponsables de su talla.
El estribillo ya lo conocen: el gobierno ha ordenado escuchas ilegales contra el PP, España es una dictadura en la que se persigue con los fiscales y la policía a los militantes del PP, se están desarrollando métodos propios de un Estado policial con tintes venezolanos para aniquilar a la oposición y el responsable último es Zapatero.
El título es “Calumnia” y debería optar al prestigioso premio de “hasta dos años de prisión” que otorga el Código Penal.

En ese contexto ha aparecido en la red social Facebook un grupo que a pesar de su corta existencia cuenta ya con la nada desdeñable cifra de 1.200 miembros.
Se trata de un grupo de ciudadanos que se han unido para condenar y rechazar las declaraciones vertidas al respecto por distintos líderes del Partido Popular… pero también para instar a la interposición de una demanda contra los autores de esas afirmaciones realizadas sin pruebas. Contra los autores de las más graves infamias que se pueden proferir en Democracia.

No podemos permitir que se siente un precedente y que cualquiera pueda denigrar y cuestionar de este modo el funcionamiento del Estado de Derecho y sus instituciones. No podemos tolerar que se pretenda involucrar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y a los tribunales en algo tan grave y peligroso sólo por un interés partidista, sólo porque se quiera desviar la atención de la cuestión de fondo, que no es otra que la presunta corrupción que viene afectando al Partido Popular en distintas comunidades autónomas españolas.

Si tú también te has sentido indignado por las imprecaciones intolerables de los dirigentes del Partido Popular y si tú también crees que deberían ser denunciados por ello:

Ley de Libertad Religiosa

Lunes, agosto 10th, 2009

El gobierno de la nación presentará a la vuelta del verano la ley de Libertad Religiosa que vendrá a regular entre otros aspectos, lo relativo a la libertad de conciencia y la objeción.

Por el nuevo texto, finalmente se retirarán los crucifijos de los centros educativos públicos. Algo natural y normal pero que fue objeto de una agria polémica promovida hace meses desde distintos sectores intransigentes. Es natural y normal que los espacios de todos y más aún los centros educativos, permanezcan neutros de connotaciones y alegorías religiosas o políticas sean del signo que sean.

La religión y la fe de cada cual, o la ausencia de ella, debe quedar en el ámbito privado de cada individuo o familia.
Seguramente ese es el criterio en que se apoya el gobierno socialista para proceder a la retirada de las cruces de todos los edificios públicos. Y podría apoyarse en esa misma muleta democrática, racional y constitucional para caminar hacia un norte más laico en nuestro país, o lo que es lo mismo, para reafirmar lo que nuestra Constitución dice al respecto: que vivimos en un Estado aconfesional.

Y ese principio de aconfesionalidad, además de para concitar el gesto simbólico de la retirada de las cruces, habría de servir para el gesto, mucho más prosaico y en el fondo más necesario de la retirada de las subvenciones que sostienen hoy en día a las distintas confesiones (y en particular a la católica) y a sus centros religiosos concertados.

Centros en los que, por cierto, se vulneran los derechos básicos de los alumnos, que son segregados, apartados unos de otros en virtud de su sexo, para recibir una educación dispar y extraña. Y esto en centros sufragados con fondos públicos; esto, también, en comunidades con gobierno socialista.

Siguiendo el criterio laicista que impulsa esta ley, debería darse más pasos: dejar de subvencionar las confesiones privadas con dinero público y caminar hacia un modelo de escuela pública, única y laica como la que impera en Francia desde antiguo con el respeto y el acuerdo de los principales partidos galos.
Un modelo de escuela en el que sólo la enseñanza pública sin matices, reciba financiación y en la que la religión pase a ocupar el lugar que le corresponde, que no es el de las paredes de los centros, ni el del privilegio económico… ni el de los currículos educativos.

España: referente en derechos civiles pese a quien pese

Domingo, junio 28th, 2009
Ojalá pudiera en todo el mundo conmemorarse la fecha de hoy con normalidad y sin miedo… pero la realidad nos ofrece los siguientes datos: la homosexualidad es motivo de cárcel en 90 países y en algunos de ellos, como en Irán, Mauritania, Arabia Saudí, Sudán o Yemen, pertenecer al colectivo de lesbianas, gays, transexuales o bisexuales, puede acarrear la pena máxima: la pena de muerte.
Nos parecerán tiempos lejanos e inconcebibles, pero en nuestro país hasta hace relativamente poco, había personas en prisiones especiales por motivo de su orientación sexuales. Existían terribles prisiones en las que se vejaba y torturaba con fines “reparadores” a quienes allí estaban recluidos por la ley de “vagos y maleantes”.

Ahora, ¿quién lo diría? España está a la vanguardia en el reconocimiento de los derechos del colectivo LGTB junto a Suecia, Noruega o Canada, gracias a la ley de matrimonios homosexuales y a la de identidad de género.

Hace unos días el Congreso de los Diputados de España quiso aprobar a petición del Grupo Socialista una declaración que incluía entre otras, frases como esta:

“Nuestra Constitución, en su artículo 14, consagra el derecho de todas las españolas y españoles a no ser discriminados por “razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”

(…) “La homofobia y la transfobia es una de las formas de odio más extendidas, encontrando reflejo, aún en la actualidad, en la legislación de numerosos países del mundo. Esta situación, fruto de la incomprensión, el miedo y rechazo a lo desconocido, requiere de mayores esfuerzos, si cabe, hasta lograr una igualdad real

(…)”Esta Cámara ha seguido los pasos marcados por la ciudadanía con la aprobación de instrumentos normativos que garantizan la igualdad de derechos y la eliminación de actitudes discriminatorias, dibujando la educación como unos de los ejes sobre los que construir el respeto y la tolerancia”

¿Saben quienes votaron en contra de la resolución?

Los que recurrieron ante el Constitucional -como hacen con todas las leyes que no les gustan- el texto que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Quienes no creen en la Constitución, por más que se llenen la boca con ella.
Quienes toman a la Iglesia Católica como consejera y guía.
Quienes llaman a la rebelión contra la educación en los valores de los Derechos Humanos.
Los de las peras y las manzanas. Los que apoyaron su voto negativo a la ley a partir de las palabras de un “experto” que afirmó que los homosexuales son “así” como consecuencia de “una infancia complicada” en un entorno familiar de “padres hostiles y alcohólicos”.

Seguro que ya han adivinado qué grupo parlamentario, que cuenta entre sus miembros con algunos numerarios del Opus, votó en contra de la declaración institucional.

Sí, acertaron: fueron los del centro reformista de toda la vida: los del Partido Popular.