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Estatut, otra vez

Martes, agosto 25th, 2009
Vuelve a hablarse del polémico estatuto de Cataluña y vuelven a enervarse las pasiones al respecto.
La reforma del texto autonómico catalán fue en la pasada legislatura una de las patas básicas de la crispación política mantenida a lo largo y ancho de cuatro años. Se dijo que ese estatuto, aprobado en el Parlamento autónomo de Cataluña, en las Cortes españolas y refrendado en plebiscito por los catalanes que quisieron ir a votar, estaba concebido para desmigajar España y para desintegrar su unidad, a pesar de que otros estatutos autonómicos con semejante contenido material sí contaron con el voto favorable del PP.

La diferencia entre este y otros estatutos es que en el catalán se denomina “nación” a dicha autonomía y se marca como “obligatorio” el conocimiento de la lengua catalana en el territorio de Cataluña y en todos los ámbitos públicos. Y son esas dos cuestiones, ciertamente no menores, las que traen tanto encono en las posiciones.

No hablaré del fondo de esos asuntos, considero que ya lo he hecho (lo hemos hecho) largo y tendido) en este mismo blog en momentos anteriores.

Ahora se habla de las repercusiones que se derivarían de un posible fallo en contra de esos puntos del Estatuto por parte del Tribunal Constitucional al recurso presentado por el PP.

Primeramente, el Tribunal Constitucional, que ha dilatado en exceso la resolución del recurso y que arrastra un anómalo retraso en su renovación a cuenta de las pugnas políticas habidas en su seno, se juega su imagen y buena parte de su prestigio. Algunos dirán que por politizado, por víctima cotidiana de las distintas banderías y por poco independiente, ya no le queda nada de ese prestigio. Otros queremos creer en la prudencia y en lo juicioso de esa institución tan elevada e importante para nuestro ordenamiento jurídico, confiando en que en las decisiones de este órgano prevalece el Derecho sobre otras cuestiones.

Esquerra, uno de esos partidos que suelen denunciar las presiones que ejercen los grandes partidos sobre los miembros del Tribunal, presionará “a su manera” a los que han de decidir. Han amenazado con una manifestación preventiva para que el constitucional tome nota de que un fallo negativo será sinónimo de tensión, enfrentamiento y choque a nivel político, social y sentimental. También han afirmado que el fallo negativo acortaría el camino hacia la independencia gracias a un predicho repunte de las ideas soberanistas. Otros partidos catalanes han afirmado que no aceptarán un “no” por respuesta en esos puntos estatutarios puestos en cuestión: término nación y catalán obligatorio. Que esos puntos son paredes maestras.

Nadie quiere dejar al Constitucional hacer libremente su trabajo. En el fondo nadie quiere que sea independiente, sólo que dependa de ellos y no de los otros en la medida de lo posible.

Las consecuencias para el gobierno de España y el Partido Socialista (estos sí, respetuosos con las sentencias de los tribunales) también están por ver. PSC en Cataluña y luego PSOE en las Cortes, han tenido mucho que ver y que decir en la defensa de este estatuto de autonomía que ahora puede ser declarado inconstitucional en algunas de sus partes.

La derecha política y mediática tendrá todo a su favor para hacer sangre, para aceptar y celebrar la sentencia del Tribunal Supremo y para reeditar con ufanía los mensajes que ya enarbolaran la pasada legislatura… pero esta vez con un fallo del Constitucional favorable a sus argumentos y con el PSOE en una situación bastante delicada, si es que el fallo finalmente va en el sentido que se indica.

En el terreno de las sensaciones, puede generarse un desasosiego importante en un sector no desdeñable de la sociedad catalana. Los nacionalistas -me pongo en sus zapatos y en su argumentario- aprovecharan para interpretar y dar a interpretar la sentencia como una negación de Cataluña y como una prueba más de cuan incómoda está esta región, nacionalidad, nación (o pretendido Estado a partir de 2014) dentro de España.

Además, tienen un argumento (y este sincero) a su favor: el Parlamento catalán aprobó ese texto, también lo hicieron las cámaras españolas y sobre todo, lo hicieron los catalanes en referéndum. Y esa voluntad puede ser revocada e ignorada por una sentencia.

Las posturas se van a recrudecer, el debate será muy complicado. Más aún.

Yo haría un llamamiento a la calma, al menos hasta que se haga pública la sentencia. Que se deje deliberar al Tribunal y sobre todo, que se acepte su resultado, sea el que sea.

Una reflexión sobre la España civil

Domingo, agosto 23rd, 2009
Quiero pedir disculpas por no haber escrito en los últimos días. Eso a quien esperaba que escribiese, si es que alguien ha echado en falta esta cucharilla virtual dentro de la inmensa sopa de letras de la blogosfera. Quien quiera darme las gracias por no escribir también puede hacerlo, a gusto del consumidor.
El calor, el normal vacío informativo de la segunda quincena de agosto y otros factores me han mantenido alejado del blog y de las páginas de internet, pero no de las de toda la vida. (esas que aún se encuadernan y se pasan con los dedos). No he escrito, pero he leído y he reflexionado. Socialdemocracia sueca, republicanismo liberal socialista, Immanuel Kant, Mill (John Stuart) la España Civil de Peces-Barba. Esos son algunos de los temas que han pasado debajo de mi flexo estos días y que me han mantenido a mis sofocadas neuronas en vigilia intelectual.

Y varias las reflexiones que quisiera compartir con vosotros. Son seguramente demasiadas par incluirlas en un post breve y ligero (como han de ser cuando el termómetro y el calendario marcan cifras de calor estival).

El último libro que ha abierto en mí la puerta de la reflexión es “La España civil” escrito por Gregorio Peces Barba.

La España civil es un proyecto, un horizonte que muchos han tratado de alcanzar desde sus respectivas épocas, con sus matices y con sus respectivos medios. Pensadores heterodoxos, políticos, ensayistas y hasta poetas han creído en este ideal.

La España civil es una estación de llegada a la que se arriba por raíles tortuosos, unos caminos en los que han descarrilado ya (o se han hecho descarrilar) muchas locomotoras de progreso. El libro del profesor Peces Barba viene dedicado a la memoria de Antonio Machado, Fernando de los Ríos y Manuel Azaña protagonistas y guías, junto a otros, de la última expedición fallida rumbo a la España civil, que no es otra que la España del respeto, la convivencia, la igual libertad con justicia y solidaridad, el respeto a la ley, el respeto a las instituciones democráticas y el respeto de estas hacia los gobernados, la España del laicismo y la pluralidad integradora que no persigue, como lo ha hecho a lo largo de la Historia, la heterodoxia o la diversidad en sus más distintas formas (religiosas, territoriales, éticas o morales).

La España que abandona esa cainita y constante dicotomía que siempre ha obligado a sus ciudadanos a tomar partido (o peor: a elegir trinchera). Creo que fue el gallego padre Feijoo (1676-1764) el primero en describir esas dos Españas que luego serían pintadas por Goya, esas dos Españas reflejadas jurídicamente en constituciones de medio país contra el otro, esas dos Españas siamesas que se han cubierto de sangre la una a la otra en no pocas ocasiones y que se coronaron con la violencia fraterna de 1936-1939 y los cuarenta años de represión-exilio, brutalidad-ostracismo que subsiguieron a aquella tragedia nacional.

Esas dos realidades antónimas, por fortuna, han sido mitigadas en nuestro país. Pero persisten algunas actitudes que siguen redundando en la división y el enfrentamiento. Verbi gratia: los nacionalismos soberanistas e identitarios que solo afirman y reconocen la existencia de sus respectivas nacionalidades y hacen gala de una notoria deslealtad institucional, el clericalismo lacerante que funde y confunde la ética privada y la ética pública hasta el punto de llamar al boicot y a la desobediencia de la ley, la corrupción política y la llamada “dialéctica del odio” mantenida en no pocas ocasiones por los representantes de los distintos políticos.

Es decir: soltar que el proyecto de ETA es el proyecto del gobierno socialista, afirmar que se hostiga a la oposición y se vulneran sus derechos como en una dictadura (sin aportar una sola prueba) es ahondar en la división, es irresponsable, es desprestigiar la noble actividad de la política y es vulgar, como lo es llamar “tontos de los cojones” a los votantes de la derecha. La falta de respeto, la irresponsabilidad en lo que se afirma y el sectarismo partidista debilitan el objetivo de la España civil, crispan la convivencia y dejan poco espacio para el intelecto, para la imaginación y para la creatividad a la hora de dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos.

Siguiendo una práctica política cívica y democrática basada en los valores republicanos de igualdad, libertad, interés general y solidaridad; fundamentada en la honestidad, en la verdad, en la gestión escrupulosa del dinero público; en el respeto personal hacia el contrario (que no enemigo) y en la que los partidos políticos se hicieran más transparentes y abiertos, acercaría a los ciudadanos (sujetos y objetos de la política) a la práctica de esta y nos aproximaría al núcleo de la verdadera democracia: la participación y la virtud cívica, la única capaz de garantizar la pervivencia del sistema democrático que, como se nos ha dicho, es el peor de todos con excepción de todos los demás. Es un sistema perfectible, que puede y debe ser mejorado, ensanchado y profundizado.

Con los principios de esa España regenerada -que algunos por pusilanimidad o molicie llamarán utópica- comenzaríamos a desterrar de nuestro vocabulario los peligrosos adagios que nos dicen que “todos los políticos son iguales” o que “la política no sirve para nada, solo para robar al pueblo”, reflexiones comunes que nos lanzan una señal de alarma sobre la salud de nuestra aún joven democracia.

Se propone reemprender el camino hacia un horizonte ilusionante (el de la España civil) continuando desde donde estamos hacia el futuro de nuestro país. No sé si estamos lejos, cerca o a mitad de camino, pero es un esfuerzo que merece la pena y que redundaría en beneficio de todos y en la calidad de nuestra política.

Gibraltar, cuestión de dignidad

Martes, julio 21st, 2009
Cuestión de orgullo y dignidad. Así consideran los patriotas oficiales la cuestión de la soberanía de Gibraltar.
Indignados por la visita del ministro Moratinos, se han plantado en el lado español de la verja para reclamar tras trescientos años, la soberanía española sobre la roca, los monos y los autobuses de dos plantas.

Uno, que no se deja llevar por el fútil jingoismo travestido de patriotismo, piensa que es una tontería reclamar la reversión de un tratado firmado por un monarca español hace más de trescientos años, un tratado por el cual se reconocía legalmente la soberanía de ese trozo de tierra ocupado de facto por la armada inglesa, que vino a defender los intereses de su favorito al trono español en detrimento del otro candidato, con el que se partía la cara en la guerra de Sucesión, esa pugna por un suculento botín llamado España y que incluía una cabaña de reses heredables a través de los siglos llamada “españoles”.

Los tejemanejes monárquicos, casi siempre asociados a la guerra y la conquista, iniciaron aquella situación. Y ahora, los patriotas oficiales van a la verja a gritar “¡Gibraltar español!” pertrechados, sin duda, de numerosas banderas coronadas por coronas, valga la redundancia.

No merece la pena enturbiar las relaciones diplomáticas con ningún Estado por la soberanía (legal, por la firma de ese papel) de un nimio territorio, por muy “mono” que sea. Por muchos monos que tenga.

Disculpen la frivolidad, pero no imagino que pasaría si algún genio pidiera la nulidad de la soberanía mejicana respecto a España, declarada en 1810 y reconocida por nuestro país (con la firma de otro papel) en el año 1824.

Más frívolos (e irresponsables) son los representantes del PP y adláteres (Denaes) que han azuzado sin reparo los sentimientos ventrales de aquellos que se sienten heridos en su honor y en su orgullo, de aquellos -que los habrá- que sienten les falta un trozo de su corazón faltándonos Gibraltar (o Méjico).

Perejil volvió a la madre patria con la que fue la mayor operación anfibia desde el desembarco de Normandía (la ironía es más que notable a estas alturas, creo). ¡Vamos ahora a por Gibraltar!

En fin, un último apunte de percepción subjetiva: quienes claman por la recuperación de Gibraltar, mano en pecho, son quienes, mano en bolsillo, están más interesados en que ese trozo de tierra siga siendo un paraíso fiscal ajeno a nuestra administración y a nuestra legislación. Tan sólo una percepción subjetiva…

Aznar continúa pisoteando a España

Domingo, julio 19th, 2009
Con estos amigos y amantes, España no necesita enemigos. España no necesita, porque la perjudican, a sus salvapatrias de toda la vida, a esos patriotas nietos del 17 de Julio que dicen querer a España. La quieren como quiere el terrateniente a su cortijo o como “quiere” el machista a su esposa esposada: o es mía o de nadie.
Sólo así se explica el trabajo de alcantarilla profusamente desarrollado por ese patriota de roñosa hojalata que ha denigrando (a jornada completa) a nuestro país por todo el mundo.

Le debió picar mucho al señor Aznar, ese minúsculo adlátere de la guerra de los barriles petroleros, escuchar a Barack H Obama (al que llamó “exotismo histórico”) poniendo a España como ejemplo internacional en el desarrollo de energías renovables.

Le debió molestar a aquel hombre ridículo que una España gobernada por “otro” mereciera un reconocimiento internacional explícito de boca del presidente norteamericano. Sólo Ánsar puede recibir palmaditas en la espalda, aunque se las diera el peor presidente de la Historia de Estados Unidos y en reconocimiento de su contribución a la monstruosa matanza iraquí.

No sólo en el orgullo, también en su cartera y en su interés personal debió dolerle ver a España convertida en referente verde ante el mundo entero.
Como informa hoy el diario Público, detrás de los ataques a España está un grupo de presión vinculado directamente al Partido Popular que defiende con uñas y dientes el negacionismo del cambio climático y, como no, el lucrativo negocio del oro negro, sector que lidera Exxon Mobile, multinacional para la que un hombre de Aguirre y Aznar ha elaborado “informes” encargados de demostrar en EEUU lo “catastrófico” del “modelo español”.

Rastrera estrategia de lobby que pretende destruir la imagen de España en el mundo, que podría dar al traste con las expectativas de muchas empresas españolas del sector de las energías renovables que esperan tener protagonismo en el millonario plan que prepara Barack Obama para revertir la negativa oleodependencia de EEUU: un argumento que reiteró a lo largo y ancho de su campaña electoral y que, obviamente, no gusta a quienes tienen el surtidor de petróleo cogido por el mango… ni a los mezquinos personajes que se han enriquecido y se enriquecen con el petróleo, contra el medio ambiente, contra el planeta y contra los pueblos.

Sobre la ley de educación catalana

Jueves, julio 2nd, 2009
Es grave que una institución del Estado como es el Parlamento de Cataluña desoiga sendas sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y del Tribunal Supremo en materia lingüística.
Y grave es que se olvide lo básico, que se olviden los pilares que cimentan la convivencia con arreglo a la ley en el marco de un Estado democrático y de derecho.

La Justicia había instado al Gobierno catalán a hacer cumplir la ley de Política Lingüística, obligando a las instituciones autonómicas a tener en cuenta la lengua habitual (castellano o catalán) de los alumnos de infantil o primaria. Un gobierno nacionalista eliminó de las inscripciones de matricula escolar la casilla que permitía a las familias informar al centro acerca de la lengua cotidiana de sus hijos.

Un gobierno de mayoría socialista no sólo no ha revertido tal situación sino que ha seguido esa estela marcada por el nacionalismo conservador, acordando una ley de educación que no sólo contradice esa sentencia del TSJC sino que se opone explícitamente a otra del T. Supremo que obliga a la impartición de la tercera hora de castellano en las aulas catalanas.

Es grave esta irresponsabilidad institucional. Sin entrar de momento en el fondo de la cuestión, hay que recordar que la ley obliga a poderes públicos y ciudadanos por igual, que las sentencias de los tribunales no pueden ser desoídas. Que si una sentencia obliga a la tercera hora, debe cumplirse, que si la Constitución -la ley cumbre de nuestro ordenamiento apela al bilingüismo como un derecho- este debe ser respetado por y para todos.

Porque estamos hablando de un derecho. No estamos hablando de centralismo, de imponer algo (más bien todo lo contrario) estamos hablando, al menos yo (sin el dramatismo ni las palabras altisonantes de otros), de que los ciudadanos tenemos unos determinados derechos y obligaciones como las tienen las administraciones para con estos mismos ciudadanos.

Y es un derecho el hablar y usar en todos los ámbitos de la sociedad la lengua que se prefiera y es una realidad la heterogeneidad de la sociedad catalana, una heterogeneidad que quieren revertir peligrosamente. El catalán no crece en detrimento del castellano sino que, mutilando sistemáticamente una de esas dos lenguas, la que pierde, la que decrece, la que se disminuye es la sociedad en su conjunto. Una sociedad que siempre ha destacado por su cosmopolitismo pero que parece aquejada de un localismo cerril.

La ley de educación catalana no sigue la senda del bilingüismo, la que resultaría más razonable y más ajustada a la realidad. Incluso con el catalán como lengua vehicular en la enseñanza podría garantizarse este derecho. Con dos horas a la semana (teniendo una lengua oficial como es el castellano, mucha menos relevancia que el inglés o el francés) lo que se consigue no es, precisamente, el beneficioso bilingüismo al que exhorta la Constitución.

Por cierto: los independentistas de ERC pusieron al PSC como conditio sine qua non para su apoyo a la ley que se consumara este atropello de las dos horas -pasando por encima del Tribunal Supremo-. Un atropello que sólo responde a motivaciones y fobias políticas, no pedagógicas ni de ningún otro tipo. Un atropello que tiene como colaborador necesario a la marca política del partido en el gobierno de España.

Ya he hablado en otras ocasiones de lo que considero errores del PSC. Desde una óptica socialista, desde una posición de respeto a las autonomías y a la descentralización (habrá que aclararlo por si las moscas, por si los malintencionados) y desde la preocupación de ver como en el partido de los socialistas catalanes se van filtrando poco a poco los posicionamientos de una ideología extraña.

La atención se distrae de cuestiones más importantes, como por ejemplo el fracaso escolar, para abordar unos temas que no sé hasta que punto interesan a los ciudadanos de la Comunidad Autónoma catalana.

España sigue rompiéndose treinta años después

Domingo, junio 21st, 2009
No puede decirse que Aznar haya vuelto, es que nunca se fue.
Desde que dejara el gobierno en 2004 la tourné del ex-presidente no ha parado ni un instante. Dando conferencias, ilustrando al mundo con su sabiduría y lucrándose a través del desprestigio y el insulto a España en los distintos foros internacionales y en las páginas de sus múltiples libelos, hemos tenido entretenido a Jose María.

Aznar vuelve a asomar la melena para resucitar un clásico: el “España se rompe”. Esa frasecita que le dejó escrita a su designado sucesor y que se encargaron de recordarle a lo largo y ancho de la pasada legislatura los apuntadores Acebes y Zaplana.

El expresidente vuelve con lo suyo, diciendo de España que es un “Estado residual” y empleando para referirse a las Comunidades Autónomas, un término despectivo (taifas) en el que se prodigan charlatanes (que no historiadores) como el ultramontano Pio Moa.

El Plural nos recuerda hoy, muy convenientemente, el pasado falangista de Aznar que, siendo no más que un mozalbete loaba la figura del bien difunto Jefe del Estado Francisco Franco. Aznar, ya en 1979 alertaba: “el ser y la concepción misma de España están en juego” por la “sed revanchista” de regiones y municipios ya democráticamente constituidos que, como el de Guernica – ¿por qué será? – decidió retirar a Franco todos los honores que él mismo se había impuesto.

España ya se rompía en 1979. Por eso Fraga, el ex-ministro, con el dolor de España en el corazón votó en contra del Título Octavo de nuestra Constitución. Y España sigue rompiéndose desde entonces y seguirá rompiéndose por los siglos de los siglos y seguirá haciéndolo con más ímpetu desde las profecías y augurios de la derecha que desde la propia fuerza de los independentistas.

España se desmembra y claro, la culpa la tiene esa alianza que “socialistas, comunistas y separatistas” pergueñaron en 2004-2008 (así lo dijo Aznar). Ni se desmembra ahora ni se desmembró cuando José María Aznar pactó con nacionalistas vascos y catalanes el gobierno de 1996, para regocijo y extenso beneficio de estos, que de boca de Arzalluz proclamaron haberle “sacado” más a Aznar en “quince días que a González en trece años”.

Le sacaron un cuantioso cheque firmado en la sobremesa de la copiosa cena celebrada en el Majestic y le sacaron un buen número de competencias de esas que, utilizando la terminología aznariana “desmembran” España hasta convertirla en “un Estado residual” en favor de los muchos reinos de “taifas”.

La derecha, siempre con sus apocalípsis cotidianos, con sus numerosas y jugosas contradicciones históricas, siempre hablando de cosas serias como es la organización territorial de España, desde la demagogia y las gruesas palabras. Todo está en la hemeroteca, desde los artículos franquistas de Aznar hasta la reunión en Zurich con ETA y siempre habrá quien saque a la luz las incoherencias y mentiras poppulares, que no son pocas.