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Sobre la no-reforma electoral

Martes, octubre 19th, 2010

En las diez elecciones celebradas en el último periodo democrático de la historia de España han existido sensibles discordancias entre los votos conseguidos y los escaños asignados, lo que ha afectado en un sentido o en otro, beneficiando o perjudicando, a los partidos políticos que concurren a los comicios, llegándose a poner en tela de juicio el principio de igualdad que consagra la Constitución en al menos dos de sus vertientes: la igualdad entre los ciudadanos (que el voto valga lo mismo con indiferencia de donde se emita) y la igualdad de oportunidades de las candidaturas que pretenden representar a los ciudadanos con su acceso a las cámaras parlamentarias.

Todos conocemos el contexto en el que se sentaron las bases de nuestro actual sistema político y también el conjunto de intereses electorales que impedirían -y que de hecho impiden- operar una reforma sustancial de esa importantísima ley orgánica que se encarga, nada más y nada menos, de traducir votos en escaños.

Por su propia naturaleza, los sistemas electorales de todo país democrático que se precie, debe garantizar y armonizar dos principios básicos: representatividad y gobernabilidad.

El primer criterio hace referencia a que necesariamente, esa traducción votos/escaños debe hacerse de la manera más literal posible. Y el segundo, el de gobernabilidad, a que el propio sistema debe -incluso matizando la representatividad- disponer los mecanismos que faciliten la creación de gobiernos más o menos estables para la gobernabilidad del país, situando, por ejemplo, una barrera de voto para el acceso al Congreso para evitar la excesiva fragmentación del hemiciclo.

Por las razones históricas y coyunturales heredadas de la transición a las que antes hacíamos referencia, la representatividad no sale bien parada en este binomio.

Ante esta situación, en 2008 el gobierno de España encargó un informe consultivo al Consejo de Estado sobre la posibilidad de acometer una reforma de la ley electoral. En dicho informe se reconoce que

El peso del voto difiere de manera ostensible en función de la circunscripción en la que se ejerza el derecho de sufragio y que la correspondencia entre el número de escaños y el número de votos de algunas candidaturas electorales presenta desajustes importantes.

Ahí tenemos pues, una de las variables que puede afectar al resultado electoral: la circunscripción. Otras variables son la fórmula de reparto aplicable o la barrera electoral.

La demarcación electoral en España es, constitucionalmente, la provincia. Una entidad territorial que en la España autonómica aparece vacía de gran parte de contenido político o administrativo. La constitucón recoge la provincia como circunscripción, sencillamente porque en el momento de su promulgación no existían las comunidades autónomas.

En la España de hoy tendría más sentido apostar por una circunscripción autonómica. La opción más democrática -pero también más jacobina- de la circunscripción única,  nos acerca mucho más al “un ciudadano un voto”, pero también pierde vigencia precisamente por esa realidad plural de las autonomías y por el coste político que supondría dejar fuera del hemiciclo o trasquilados, a partidos con fuerte  implantación en algunos territorios.

Con una circunscripción única, partidos como PNV y CiU desaparecerían, o se quedarían cerca de la extraparlamentaridad.

Pero esa reforma -la de la circunscripción autonómica- supondría una reforma constitucional, algo que siempre da mucha pereza cuando se está en el gobierno. Por eso, el informe del consejo de estado, para paliar -o moderar- ese pernicioso efecto de la provincia sobre la traducción votos/escaños y para evitar los desequilibrios que hoy se producen, propuso una reforma de la ley electoral que esquivara una reforma constitucional.

Los puntos principales de dicha reforma serían:

-Plantea subir a 400 el número de diputados en el Congreso.
-Reducir a un escaño el mínimo por provincia
-Cambiar el método D’ Hondt por otro sistema más proporcional para calcular la atribución de escaños

- La constitución permite al legislador situar el tamaño del congreso entre los 300 y los 400 diputados, situándonos el artículo 162 de la LOREG en el punto intermedio: los 350 con que actualmente cuenta la cámara baja. La población española ha aumentado considerablemente desde la firma de la constitución y de la Loreg, por lo que cabe suponer que un congreso con 400 diputados sería aritméticamente más representativo. Si bien, en este contexto de crisis, el aumento de los diputados se presenta como una mala idea.

En un plano teórico, aumentaría la representatividad porque los 50 diputados nuevos podrían añadirse a los que se reparten proporcionalmente y no “territorialmente”. En el caso de que se operara la reforma correspondiente al aumento del número de diputados, seguirían repartiéndose 102 diputados fijos con criterio “más territorial” que proporcional, aumentando a 298 los distribuidos proporcionalmente, de acuerdo con la población real.

Otro factor positivo en cuanto a representatividad: entrada de más partidos políticos (con resultados de 2008, entrarían  cuatro partidos con un escaño).

- Si se combinan las dos primeras propuestas del informe del Consejo de Estado (400 diputados +  1 escaño fijo por provincia), 52 escaños (el 13%) se repartirían territorialmente y 348 (el 87) de forma proporcional a la población. Nuevamente, efectos positivos para la representatividad. Hoy estamos repartiendo  102 escaños, mínimo de dos por provincia, (que suponen el 29%) de forma fija e independientemente de la población, siendo 248 (el 71% ) los proporcionales.

Este mínimo de dos escaños por provincia sobrerrepresenta a las menos pobladas, donde cada escaño “proporcional” cuesta un número realmente bajo de votos, mientras que en provincias como la de Madrid o Barcelona, a cada escaño le corresponde un número considerable de votos en detrimento de la representatividad.

- En cuanto a la fórmula electoral, se propone matizar D’Hont introduciendo el reparto según la fórmula Hare de los 50 hipotéticos nuevos diputados.

La combinación de todas estas propuestas, o la implementación independiente de alguna de ellas daría como resultado una conversión votos/escaños más ajustada a la realidad, aún manteniendo la provincia como circunscripción y por tanto, sin que se haga necesaria una reforma de la constitución.

Finalmente, como leemos en prensa, se operará una reforma electoral que no pasa por ninguno de estos puntos (y que por supuesto, no se plantea un retoque constitucional) y que si bien incidirá en puntos importantes como las donaciones a partidos o la invalidación de mociones de censura aprobadas gracias a tránsfugas (¡ese deporte nacional!), no modificará aspectos sustanciales del sistema electoral.

Se desoye las propuestas del extenso informe del Consejo de Estado, no se ataca la raíz de un problema que afecta y distorsiona la configuración del nucleo de nuestro sistema democrático (el parlamento), y no se contenta a esos partidos, como Izquierda Unida que sufre la subrepresentación con casi un millón de votos, como ningún otro partido.

Vayamos al qui prodest, ¿a quien beneficia esta ley electoral? PSOE y PP (con capacidad logística para presentarse en todas las provincias con expectativas) PNV y CiU (que se presentan en tres y cuatro provincias concentrando de este modo todo su apoyo).

Naturalmente, estos partidos que se benefician de la ley, no accederán de buena gana a su reforma y eso es lo que ha sucedido con la tramitación de la reforma.

Pese a que milito en uno de los partidos que sale beneficiado de la actual legislación electoral, considero que debería llevarse a cabo una gran reforma en este aspecto en aras de una mayor representatividad, sinónimo siempre de mayor democracia, la esencia misma del parlamento, los partidos y la razón de ser del sistema.

Elecciones-plebiscito en Venezuela

Sábado, septiembre 25th, 2010

Pase lo que pase en las elecciones legislativas del domingo, que servirán a modo de plebiscito sobre la revolución bolivariana, Hugo Chávez perderá parcelas de poder en Venezuela: y es que esta vez  la oposición sí participará de los comicios, mientras que en la anterior cita electoral optó por el “curioso” método de la no concurrencia a las elecciones como forma de protesta contra el rumbo que tomaba el país.

La oposición, crecida y arrejuntada bajo las siglas de la Mesa de la Unidad Democrática, que concentra a una constelación de partidos que van desde la derecha de toda la vida al izquierdista Bandera Roja (de origen guerrillero), pasando por los Podemos, UNT o Acción Democrática, autodenominados de Centro-Izquierda, irrumpirá al fin en el Parlamento Venezolano tras años en los que la cámara legislativa ha servido de muleta monocolor a los proyectos de Chávez.

Está por ver si estos opositores, que poco tienen en común más que la crítica a las políticas de Hugo Chávez serán capaces de ganar el terreno suficiente como para hacer del Parlamento lo que debe ser: un mecanismo efectivo de control y freno al poder ejecutivo.

Y será importante, porque a lo largo de la legislatura que se iniciará, deberá confirmarse o revocarse la ley habilitante que ya permite al presidente de la república gobernar por la vía rápida eludiendo el trámite parlamentario.

La oposición, además de al PSUV tendrá que enfrentarse a la nueva ley electoral de 2009, en virtud de la cual un partido puede obtener dos tercios de los diputados con tan sólo 50 por ciento de los votos. Además, los estados menos poblados, donde el partido de Hugo Chávez es más fuerte, estarán tan representados en el Parlamento como los que concentran mayor población, donde gobierna la oposición.

Se pone por ejemplo el del Estado de Zulia: el más poblado de Venezuela (una densidad de 74,93 hab/km² y 3.900.000 habitantes), con gobierno opositor y en el que un escaño “valdrá” 250.000 sufragios mientras que en la circunscripción de Amazonas (densidad de 0,7 hab/km² y 153.580 habitantes), la equivalencia será de 1/50.000 votos.

Hablar de Chávez es no dejar a nadie indiferente. Es despertar pasiones enconadas entre los partidarios de un mesías capaz de pronunciar un “yo no soy un hombre, yo soy el pueblo” profuso cultivador de lo que sin mucho yerro conceptual podríamos denominar “populismo”- y sus variopintos detractores: unos criticando el fondo y defendiendo una vuelta al “antiguo régimen” del semi-colonialismo y el entreguismo liberal, otros condenando las formas, apostando por el cambio social y político en Venezuela pero advirtiendo de lo importante que son esas formas para la estabilidad y el alcance democrático del progreso.

En cuanto al fondo, Chávez puede ponerse algunas medallas sociales de no poca importancia:

Desde su llegada al a presidencia la inversión social se ha quintuplicado (…) decisión clave para que Venezuela haya alcanzado casi todas las Metas del Milenio fijadas por la ONU para 2015. La pobreza bajó de un 49,4% en 1999 a un 30,2% en 2006, y la indigencia pasó del 21,7% al 7,2%

Datos de Le Monde Diplomatique en español nº179, septiembre 2010

También sombras: el cierre de algunos canales de comunicación social vinculados a la oposición entre ellos el muy popular RCTV, hecho que provocó la protesta, entre otros, del presidente brasileño y el consecuente enfrentamiento entre los dos líderes latinoamericanos. La omnipresencia de Chávez en la televisión (una media de cuatro horas diarias) y la emisión obligada de los discursos presidenciales, todo ello en favor del argumento que se refiere a los tics mesiánicos y autoritarios de Chávez.

Una diplomacia brusca y frentista que ha hecho -con la inestimable y necesaria colaboración de Uribe- subir los grados en la región… Y el principal problema: a Chávez le acusan de no ser el presidente de todos los venezolanos y de no gobernar para todos ¿dónde quedan en el programa bolivariano o de socialismo del S.XXI las crecientes pero aún frágiles clases medias, los pequeños empresarios y comerciantes? La izquierda brasileña, de la que hablamos hace unos días, ha sabido elaborar mucho mejor un consenso nacional en torno a un liderazgo más flexible y más abierto a las voces, las necesidades (y los votos) de los distintos grupos sociales, aunque sin soltar el timón.

Sin duda, habrá que seguir con interés los acontecimientos en Venezuela y especialmente los resultados de las elecciones-plebiscito de mañana. Unas elecciones-examen en las que un gobierno hasta ahora sin contestación parlamentaria (aunque sí social, veremos hasta qué punto) medirá sus fuerzas con una oposición variopinta y renacida.

Una reflexión en la izquierda

Lunes, septiembre 20th, 2010

Los resultados de las últimas elecciones generales suecas, más allá del propio análisis nacional, pueden suscitar algunas reflexiones que podrían ser válidas a un nivel más general, al menos europeo.

Los datos concretos que arrojan las urnas: la derecha volverá a gobernar, la socialdemocracia se desploma, entra en el parlamento la extrema-derecha.

Reinfeldt, del Partido Moderado, podrá gobernar otros cuatro años más revalidando -por primera vez en la historia de su partido-  una victoria electoral previa: la de 2006.  Desde ese momento el partido conservador inicio una serie de privatizaciones y cambios (recortes) en el sistema de bienestar que le permitió tirar de rebaja de impuestos, una temática  de fácil venta cuando se acercan las elecciones. No ha habido tiempo, ni hay perspectiva suficiente en cuatro años para ver las consecuencias de las muy rápidamente aplaudidas rebajas de impuestos. En el Reino Unido sí, ya la tienen.

Thatcher, una de las tres patas de la revolución conservadora y neoliberal vino para “liberar” a las clases medias del gasto social resultantes de los largos años de los gobiernos socialistas.

Rebajó impuestos a las empresas, desregularizó las finanzas, hizo dimitir al Estado de su responsabilidad en la regulación democrática del mercado de trabajo y en la proporción de servicios públicos, desbarató de arriba a abajo el Sistema Nacional de Salud (NHS) y los transportes públicos; se propuso la destrucción de los sindicatos, dio facilidades fiscales a las grandes fortunas y dejó en la consciencia colectiva el veneno de que “la sociedad no existe, sólo existen los individuos”

Esa revolución iniciada en Estados Unidos, testada con la ayuda de las armas en el Chile de Pinochet e importada a Europa con los gobiernos de Thatcher, extendió rápidamente su hegemonía planetaria gracias a instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial, auténticos motores de la nueva ideología única encargados de imponer aquí y allá planes de “estabilización” económica a gobierno cada vez menos soberanos por la acción de este -inelegible- gobierno económico mundial.

Mucho podría hablarse de las  nefastas consecuencias de todos estos planes de “estabilización” sobre todo en América Latina. Tampoco hay que olvidar que la etapa de mayor auge neoliberal coincidió -no casualmente- con el periodo de mayor actividad de golpistas, contras y demás, en el bautizado como “patio trasero del imperio”.

¿Qué hizo la izquierda ante este torrente ideológico? El Nuevo Laborismo y los Nuevos Demócratas de Blair y Clinton (con Giddens y su Tercera Vía como piedra filosofal) fue la audaz respuesta dada por los otrora keynesianos partidos de Clement Attlee y Delano Roseveelt.

Una respuesta que consintió, lisa y llanamente en bajar la cerviz ante la nueva hegemonía. Una hegemonía que ha ido avanzando hasta hoy, hasta entrar en el tuetano de nuestra sociedad y nuestra cultura, hasta el desastre actual, hasta el desastre que cabía esperar el desenfreno, la irrealidad fiduciaria y la amoralidad en la economía (“la más moral de todas las ciencias sociales”, según Marx).

Nadie en la izquierda democrática europea  fue capaz de generar un mensaje político eficaz, capaz de rivalizar con los nuevos dogmas de la “economía objetiva”.

Y así llegamos a los prolegómenos de la gran crisis del capitalismo: al momento en el que, en Estados Unidos, el 1% de la población posee nada más y nada menos que el 30% de toda la renta del país (cifras análogas a las habidas a comienzos del siglo XX, cuando las huelgas y las manifestaciones sindicales aún se disolvían a base de ametralladora).

Estos datos deben ser contrastados con estos otros:  en los años del keynesianismo estadounidense, el 1% más rico de la población poseía un 12% de la riqueza nacional, lo que implica que dicha riqueza estaba socialmente mejor repartida, menos concentrada en la élite.

Ante esta situación la izquierda, como digo, solo ha sabido plegarse a la buena nueva del neoliberalismo.

Asistimos a la “liberalización” de la socialdemocracia del mismo modo que vimos en los países escandinavos la “socialdemocratización” de los partidos liberales.

Es una cuestión de fortaleza en los mensajes, de influencia sobre la sociedad y sobre la sinapsis ideológica de los ciudadanos: tras la segunda guerra mundial la influencia del keynesianismo, de las políticas constructoras del Estado del Bienestar era tal, que incluso los partidos de derechas, sobre todo en la región nórdica, se vieron contagiados por dichas ideas y comprendieron que para rascar algo electoralmente (cosa que por lo general, no lograron) habían de presentarse ante el electorado como defensores del Estado del Bienestar, subidos así a ese ese exitoso carro que estaba trayendo el progreso y el bienestar a esos países.

¡Como han cambiado las tornas! Ahora es la socialdemocracia la que se “liberaliza”, la que pliega sus banderas para adaptarse -en lugar de enfrentarse- a la realidad de la globalización neoliberal, para ser más atractiva enel mercado electoral.

Y lo dramático es que treinta años después, nuestra izquierda sigue sin reaccionar. Tampoco lo hace en mitad de esta tormenta que está haciendo zozobrar al planeta. En medio de esta crisis causada por las recetas neoliberales de la desregulación y la ley selvática que por poco colapsa el sistema capitalista.

Y pese a esa crisis, el mensaje antisocial sigue en boga, cualquier promesa de bajada de impuestos atrae al electorado -esto explica en parte la victoria conservadora en Suecia-, aunque a la larga las políticas de laminación del Estado signifiquen una peor calidad en los servicios públicos, aunque implique mayor desigualdad social y desprotección para los más débiles.

Desde la izquierda tenemos mucho que cambiar, empezando por nosotros. Fuerza, claridad en las ideas y audacia en las propuestas es lo que necesitamos… porque el mundo, sobre todo el actual, necesita de nosotros.

Por un puñado de votos

Viernes, septiembre 17th, 2010

Las expulsiones de gitanos rumanos en Francia está desatando la polémica en todo el continente.

Con estas expulsiones Francia está menoscabando las leyes europeas en materia de libertad de movimiento, una de las bases de la unidad europea y además estaría cometiendo un grave acto de discriminación al “seleccionar” a los expulsado siguiendo un criterio étnico, tal y como quedó al descubierto en una circular del ministerio de Interior galo.

Es decir, desde el poder político, desde el gobierno del conservador Nicolás Sarkozy se da la orden de ir a por los gitanos y de deportarlos a Rumanía (país de la UE del que proceden la mayoría de estos ciudadanos europeos radicados en Francia).

Todo apunta -siguiendo estrictamente el sentido de la letra de la circular gubernamental- a que las deportaciones no se están realizando siguiendo pruebas minuciosas y estudiando los casos uno a uno: la circular se refería a un colectivo, que como tal queda bajo sospecha y  persecución como ya sucedería en Italia bajo el gobierno del también derechista Silvio Berlusconi.

El Parlamento Europeo ha criticado esta situación mediante una declaración apoyada por socialistas, liberales y verdes, siendo únicamente rechazada por el grupo popular y ultra-derecha (¡de nuevo aliados!). El Parlamento ha condenado la política francesa por irresponsable y por poner en cuestión el derecho comunitario y los valores que informan la UE desde su misma creación, como la libertad de movimiento de ciudadanos de países miembros.

En tiempos de crisis la derecha se sube al arriesgado tándem de la demagogia y la política migratoria. Berlusconi abrió la espita, Sarkozy la ha seguido y hoy, Mariano Rajoy -presidente del partido que en Cataluña repartió unos panfletos donde se podía leer “no queremos rumanos”- ha afirmado compartir la decisión del gobierno francés.

Apelar a los bajos instintos, especialmente a la demagogia racial o étnica en tiempos de crisis, ha sido históricamente un tic recurrente de la derecha. Pongan ustedes el precedente donde quieran (en el affaire Dreyfus… o en la Alemania del Reich que vino después del segundo…)

El recrudecimiento de la política de Sarkozy responde únicamente a motivos electoralistas y de consumo interno dentro de su UMP y de la derecha francesa de cara a las próximas elecciones.

En 2007 Sarkozy logró atraer a parte de los votantes tradicionales del Frente Nacional de Jean Marie Lepen;  para no perderlos, el presidente debe mostrar músculo radical, como cuando se propuso acabar con la delincuencia (que sin embargo ha seguido creciendo) quitando la nacionalidad a los delincuentes -medida a todas luces anticonstitucional y contraria a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 15- o cuando prometió “barrer” la periferia de París con las consecuencias que todos conocemos.

El Frente Nacional cambia de cara (el mando pasa del padre a la hija) y presentará una candidata igual de lunática pero con más tirón y políticamente más inteligente que Jean Marie Lepen, por lo que Sarkozy tendrá que luchar en el flanco derecho agitando la demagogia y traspasando límites poco recomendables. Máxime cuando por el centro tendrá una pérdida importante de votos al tener que pelear con al menos dos candidatos de peso Bayrou y Villepin. Y todo eso en un momento de popularidad históricamente baja para el presidente. Sarkozy ha elegido el carril derecho (más bien el arcén derecho) para permanecer en el Eliseo. Es su apuesta.

Son pues el partidismo, el cálculo electoral los que empujan a Sarkozy a tomar este tipo de medidas peligrosas para la convivencia, arriesgadas desde el punto de vista de los derechos humanos y conflictivas desde el punto de vista del derecho comunitario.

Todo por un voto más, siempre irreponsables estos bomberos pirómanos.

Reflexión sobre el modelo cubano

Jueves, septiembre 9th, 2010

Dicen que Fidel Castro ha dicho que “el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros”. Lo dice, supuestamente, después de que la diplomacia española  en colaboración con la iglesia católica de la isla, lograra la excarcelación de varios presos políticos cubanos y la promesa de soltar a otro grupo de disidentes. Recientemente, Castro reconoció su responsabilidad en la represión homofoba llevada a cabo por la “revolución”.

Parece que desde hace unos años algo se viene moviendo en la isla: pequeñas rectificaciones y algunos pasos encaminados hacia cierto aperturismo -sobre todo económico- y mucho más lentamente, político.

Más que vanguardistas, parecen movimientos defensivos para garantizar la supervivencia de un modelo que hoy por hoy no estaría funcionando en las propias -y supuestas- palabras del ex-presidente. Y es que la Historia ofrece valiosas lecciones: la ortodoxia partidista y la burocracia omnímoda y asfixiante terminaron por traer el colapso de la URSS.

La ortodoxia marxista-leninista y el peso de la vieja guardia revolucionaria, de las tradiciones y los decenios anteriores impidió descubrir la consustancialidad de socialismo y democracia. Separados y enfrentados, como apuntaba Norberto Bobbio, no se consigue ninguno de los dos: ni la democracia ni el socialismo.

Ciertos elementos de la izquierda hablan de “democracia material” y desprecian la “democracia formal”.

Asocian la democracia material con los derechos sociales, con el efectivo disfrute de unos derechos materiales en un régimen de igualdad y la asocian con la lucha de los partidos socialistas desde el siglo XIX. Regalan -demasiado generosamente- a los liberales el concepto de “democracia formal”, olvidando que fue precisamente el movimiento obrero el que más hizo por la concreción y extensión de esa democracia formal, que no puede por menos que ser complemento imprescindible de la material.

Antes que seguros de desempleo, antes que escuelas para sus hijos y antes que unas condiciones dignas de trabajo, los obreros pedían poder agruparse en partidos y sindicatos, poder hablar, poder manifestarse y poder votar… precisamente para poder conseguir -desde el poder- esas escuelas y esa calidad de vida de las que solo disfrutaba la minoría. Y el estatus político liberal, naturalmente censitario y representante de esa élite, tuvo que ceder -casi siempre a regañadientes- ante esas presiones populares en el sentido de “democratizar la democracia formal”. La democracia formal también es cosa nuestra, despreciarla es un error de fondo y no es socialista. Despreciarla es sinónimo de dictadura.

La Historia también nos ha mostrado como bajo una bandera roja pueden generarse regímenes sociales basados en la dominación de clase, en la opresión cultural, el autoritarismo, la desigualdad y el monopolio económico, exactamente igual que bajo un regímen capitalista. Y el socialismo es tan contrario a un modelo económico (el capitalista neoliberal) que deja a millones sin derecho a percibir una prestación sanitaria o educativa, por ejemplo, como a un modelo que deja a millones sin votar, sin hablar, sin pensar, sin derecho a reunirse.

Esa es la verdadera reforma que estamos esperando los progresistas de todo el mundo (los otros sólo esperan un colapso que reconvierta a Cuba en el patio trasero de los mercados internacionales). Una reforma política además de económica que no debe hacerse de cara a esos mercados  -como las de China- en un intento de posibilitar una imagen más amable del régimen, sino pensando en los propios cubanos, pensando en el inicio de una segunda revolución democrática e institucional que permita el pluripartidismo y las demás libertades políticas y civiles.

Quiero concluir con unas letras de Rosa Luxemburgo, en las podría apoyar mi reflexión en favor de un Socialismo sin Barbarie en Cuba.

Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas (…) de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués (…)

Primeras impresiones sobre el comunicado de ETA

Domingo, septiembre 5th, 2010

ETA muestra “hoy como ayer” su voluntad de dejar las armas y apela a la “voluntad” del Estado para encauzar un hipotético proceso de sustitución de las armas por la palabra. Eso afirman en el vídeo que ha distribuido la cadena pública británica BBC.

Precisamente ese “hoy como ayer” es lo que a priori, me hace desconfiar de este comunicado. Y es que es precisamente el ayer, la experiencia histórica, lo que nos debería hacer desconfiar de esta nueva declaración. Esta sería la enésima tregua. ETA se la ha ofrecido a todos -sí, a todos- los presidentes de la democracia, y todos -todos- respondieron intentando una salida dialogada al conflicto.

Zapatero también tuvo “su” tregua, la rompieron los de siempre y como siempre, demostrando que no saben hacer otra cosa…

El comunicado de ETA, además de generar desconfianza, decepciona. Porque sus palabras no implican una disolución ni un punto y final a la anormalidad de la violencia en el País Vasco, no tranquiliza a concejales, alcaldes y ciudadanos más que transitoriamente: es sólo una sugerencia para lograr una tregua más… ¿con fines reorganizativos y de rearme, como ha sucedido en la mayoría de los casos cuando las detenciones y desarticulaciones hacen llegar el agua al cuello de los terroristas?

Sea como sea, este no es el comunicado que esperábamos los demócratas. En ningún sitio se leen las palabras que todos queremos leer: “disolución”, “final”, “cese definitivo de la violencia”, “no más extorsión, no más chantaje, no más terror”.