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Sobre la no-reforma electoral

Martes, octubre 19th, 2010

En las diez elecciones celebradas en el último periodo democrático de la historia de España han existido sensibles discordancias entre los votos conseguidos y los escaños asignados, lo que ha afectado en un sentido o en otro, beneficiando o perjudicando, a los partidos políticos que concurren a los comicios, llegándose a poner en tela de juicio el principio de igualdad que consagra la Constitución en al menos dos de sus vertientes: la igualdad entre los ciudadanos (que el voto valga lo mismo con indiferencia de donde se emita) y la igualdad de oportunidades de las candidaturas que pretenden representar a los ciudadanos con su acceso a las cámaras parlamentarias.

Todos conocemos el contexto en el que se sentaron las bases de nuestro actual sistema político y también el conjunto de intereses electorales que impedirían -y que de hecho impiden- operar una reforma sustancial de esa importantísima ley orgánica que se encarga, nada más y nada menos, de traducir votos en escaños.

Por su propia naturaleza, los sistemas electorales de todo país democrático que se precie, debe garantizar y armonizar dos principios básicos: representatividad y gobernabilidad.

El primer criterio hace referencia a que necesariamente, esa traducción votos/escaños debe hacerse de la manera más literal posible. Y el segundo, el de gobernabilidad, a que el propio sistema debe -incluso matizando la representatividad- disponer los mecanismos que faciliten la creación de gobiernos más o menos estables para la gobernabilidad del país, situando, por ejemplo, una barrera de voto para el acceso al Congreso para evitar la excesiva fragmentación del hemiciclo.

Por las razones históricas y coyunturales heredadas de la transición a las que antes hacíamos referencia, la representatividad no sale bien parada en este binomio.

Ante esta situación, en 2008 el gobierno de España encargó un informe consultivo al Consejo de Estado sobre la posibilidad de acometer una reforma de la ley electoral. En dicho informe se reconoce que

El peso del voto difiere de manera ostensible en función de la circunscripción en la que se ejerza el derecho de sufragio y que la correspondencia entre el número de escaños y el número de votos de algunas candidaturas electorales presenta desajustes importantes.

Ahí tenemos pues, una de las variables que puede afectar al resultado electoral: la circunscripción. Otras variables son la fórmula de reparto aplicable o la barrera electoral.

La demarcación electoral en España es, constitucionalmente, la provincia. Una entidad territorial que en la España autonómica aparece vacía de gran parte de contenido político o administrativo. La constitucón recoge la provincia como circunscripción, sencillamente porque en el momento de su promulgación no existían las comunidades autónomas.

En la España de hoy tendría más sentido apostar por una circunscripción autonómica. La opción más democrática -pero también más jacobina- de la circunscripción única,  nos acerca mucho más al “un ciudadano un voto”, pero también pierde vigencia precisamente por esa realidad plural de las autonomías y por el coste político que supondría dejar fuera del hemiciclo o trasquilados, a partidos con fuerte  implantación en algunos territorios.

Con una circunscripción única, partidos como PNV y CiU desaparecerían, o se quedarían cerca de la extraparlamentaridad.

Pero esa reforma -la de la circunscripción autonómica- supondría una reforma constitucional, algo que siempre da mucha pereza cuando se está en el gobierno. Por eso, el informe del consejo de estado, para paliar -o moderar- ese pernicioso efecto de la provincia sobre la traducción votos/escaños y para evitar los desequilibrios que hoy se producen, propuso una reforma de la ley electoral que esquivara una reforma constitucional.

Los puntos principales de dicha reforma serían:

-Plantea subir a 400 el número de diputados en el Congreso.
-Reducir a un escaño el mínimo por provincia
-Cambiar el método D’ Hondt por otro sistema más proporcional para calcular la atribución de escaños

- La constitución permite al legislador situar el tamaño del congreso entre los 300 y los 400 diputados, situándonos el artículo 162 de la LOREG en el punto intermedio: los 350 con que actualmente cuenta la cámara baja. La población española ha aumentado considerablemente desde la firma de la constitución y de la Loreg, por lo que cabe suponer que un congreso con 400 diputados sería aritméticamente más representativo. Si bien, en este contexto de crisis, el aumento de los diputados se presenta como una mala idea.

En un plano teórico, aumentaría la representatividad porque los 50 diputados nuevos podrían añadirse a los que se reparten proporcionalmente y no “territorialmente”. En el caso de que se operara la reforma correspondiente al aumento del número de diputados, seguirían repartiéndose 102 diputados fijos con criterio “más territorial” que proporcional, aumentando a 298 los distribuidos proporcionalmente, de acuerdo con la población real.

Otro factor positivo en cuanto a representatividad: entrada de más partidos políticos (con resultados de 2008, entrarían  cuatro partidos con un escaño).

- Si se combinan las dos primeras propuestas del informe del Consejo de Estado (400 diputados +  1 escaño fijo por provincia), 52 escaños (el 13%) se repartirían territorialmente y 348 (el 87) de forma proporcional a la población. Nuevamente, efectos positivos para la representatividad. Hoy estamos repartiendo  102 escaños, mínimo de dos por provincia, (que suponen el 29%) de forma fija e independientemente de la población, siendo 248 (el 71% ) los proporcionales.

Este mínimo de dos escaños por provincia sobrerrepresenta a las menos pobladas, donde cada escaño “proporcional” cuesta un número realmente bajo de votos, mientras que en provincias como la de Madrid o Barcelona, a cada escaño le corresponde un número considerable de votos en detrimento de la representatividad.

- En cuanto a la fórmula electoral, se propone matizar D’Hont introduciendo el reparto según la fórmula Hare de los 50 hipotéticos nuevos diputados.

La combinación de todas estas propuestas, o la implementación independiente de alguna de ellas daría como resultado una conversión votos/escaños más ajustada a la realidad, aún manteniendo la provincia como circunscripción y por tanto, sin que se haga necesaria una reforma de la constitución.

Finalmente, como leemos en prensa, se operará una reforma electoral que no pasa por ninguno de estos puntos (y que por supuesto, no se plantea un retoque constitucional) y que si bien incidirá en puntos importantes como las donaciones a partidos o la invalidación de mociones de censura aprobadas gracias a tránsfugas (¡ese deporte nacional!), no modificará aspectos sustanciales del sistema electoral.

Se desoye las propuestas del extenso informe del Consejo de Estado, no se ataca la raíz de un problema que afecta y distorsiona la configuración del nucleo de nuestro sistema democrático (el parlamento), y no se contenta a esos partidos, como Izquierda Unida que sufre la subrepresentación con casi un millón de votos, como ningún otro partido.

Vayamos al qui prodest, ¿a quien beneficia esta ley electoral? PSOE y PP (con capacidad logística para presentarse en todas las provincias con expectativas) PNV y CiU (que se presentan en tres y cuatro provincias concentrando de este modo todo su apoyo).

Naturalmente, estos partidos que se benefician de la ley, no accederán de buena gana a su reforma y eso es lo que ha sucedido con la tramitación de la reforma.

Pese a que milito en uno de los partidos que sale beneficiado de la actual legislación electoral, considero que debería llevarse a cabo una gran reforma en este aspecto en aras de una mayor representatividad, sinónimo siempre de mayor democracia, la esencia misma del parlamento, los partidos y la razón de ser del sistema.

29-S y siguientes…

Sábado, octubre 2nd, 2010

Ya se ha hablado bastante sobre la pasada huelga general: sus motivos, las cifras de seguimiento, su alcance etc.

Convendría que reflexionásemos también a cerca de lo que puede suceder tras esta especie de “examen” de la huelga al que muchos han querido someter a los sindicatos.

Ha existido una campaña política y mediática iniciada  en los días previos a la huelga general para poner en la picota a los liberados sindicales, convirtiéndolos en el pim-pam-pum de todos aquellos que desconocen de su importancia para garantizar el ejercicio del derecho constitucional de sindicación y representación de los obreros y de aquellos que, sabiéndolo -y precisamente por ello- les atacaron furibundamente obviando, por ejemplo, la siguiente realidad: la de los 1521 liberados políticos que actualmente viven a sueldo de la Comunidad de Madrid (793 más que cuando se hizo con el poder en el 2003). O el dinero que gasta nuestra presidenta en “publicidad institucional” (léase autobombo) incumpliendo la ley que elaboró el gobierno de la nación para limitar su uso. O el gasto que supone mantener una televisión pública madrileña que no lo es, que está al servicio de un partido y no de los sindicatos. O de la evasión de impuestos y la corrupción, verdaderas lacras que sí desangran nuestras arcas públicas.

La campaña continuó el mismo día de la huelga con la imposición de unos servicios mínimos abusivos e impuestos por decreto por la Comunidad de Madrid y con la criminalización de los piquetes informativos, haciendo extensivo a todos ellos los actos de violencia minoritaria y aislada que se produjeron en algunos lugares. Hasta se llegó a imputar a los piquetes y a los sindicalistas los actos de gamberrismo llevados a cabo por “vándalos profesionales” ajenos a los sindicatos.

Desde los medios de la derecha se llegó a hablar de “huelga borroka”, vinculándola explícitamente con un tipo de terrorismo. También se dijo que los sindicatos eran una “mafia financiada por Zapatero”. Nadie dijo, sin embargo, ni una palabra acerca de las presiones menos -o nada- visibles de los empresarios que “pasaron lista” el día de la huelga amenazando con depurar sus plantillas al más puro estilo decimonónico…

Y en el día después -y a esto es a lo que vamos- se habló de “Fracaso General” de la huelga, azuzando el debate sobre la representatividad real de los sindicatos, su papel en la negociación colectiva y su posición como agente social válido.

Hay gente a la que le caen mal los sindicatos. Es evidente. Hay gente a la que le caen más las huelgas. Hay gente que se dice garante -con patente de corso- de la Constitución Española, pero que no cree en el derecho a huelga ni en el derecho de los trabajadores a tener sus delegados y a estar representados dentro de las relaciones laborales, como lo está la patronal.

¿Y quienes son esos que tan mal quieren a los sindicalistas de este país? A bote pronto, los empresarios. Algunos empresarios, para ser justos.

Empresarios como Díaz Ferrán presidente de la CEOE, experto en quiebras y en pasar por el banquillo de los acusados al que sin duda, le agradaría poder despedir a sus empleados o no pagarles durante un año entero, sin las molestas protestas de los sindicalistas, sin sus “huelgas del siglo XIX” (así habla este tipo, este moderno que comenzó a amasar fortuna en el tardofranquismo gracias a ciertas relaciones nepóticas con el entorno de Arias Navarro).

También se sentirían más desahogados, con el camino expedito, quienes podrían privatizar la sanidad, la educación, nuestros servicios públicos, sin el eco de una voz de protesta en la calle, sin la sombra de una pancarta bajo los balcones de la Puerta del Sol. ¡Qué placidez, como la de los tiempos a los que se refería Mayor Oreja!

Y es que el mundo vive, desde los años 70 bajo una revolución neoconservadora, la de las privatizaciones, la desregulación, la desvalorización de la política, de lo común, de la acción colectiva, la supremacía del mercado frente a la posición de la plaza.

Bajo un tsunami que ya ha arrasado muchos de nuestros derechos, que ha arrojado muchas cosas contra las rocas (como en la presente crisis económica), pero que sigue avanzando imparable con la intención de destrozar todos los escollos que se encuentre a su paso. Y los sindicatos son todavía un freno a sus planes, ¿qué duda cabe?

Estas son algunas de las reflexiones que creo pertinentes en estos días posteriores a la huelga. Porque no es gratuita la criminalización de los sindicatos, no es inocente el cuestionamiento del derecho de los trabajadores a estar representados por aquellos delegados que democráticamente elijan. Porque todas estas críticas, muchas de ellas desaforadas, hechas con la brocha gorda, la generalización y la trampa, responden a una estrategia meticulosa y certera: la del afianzamiento de la ideología única, la de la mercadocracia sobre el poder político y el poder democrático.

Es natural, las dictaduras (muchas empiezan desde la institucionalidad) no quieren opositores. Pero aquí estamos, como estuvieron los muchos que se han dejado los años, la salud y la vida para que podamos seguir estando. Y estaremos.

Cambio en el laborismo británico

Martes, septiembre 28th, 2010

Ed Miliband da por enterrado el Nuevo Laborismo británico.

Con este rotundo titular aparecido ayer en El País se nos hace saber que el nuevo líder del laborismo británico pretende sacar al partido de la senda centrista, de la “comfort zone” en la que se introdujo de mano de Tony Blair y la Tercera Vía ideada por Anthony Giddens, autor de un libro del mismo nombre que comienza con un discutible y discutido “El socialismo ha muerto…”

El labour británico, por su importancia histórica y simbólica dentro de la socialdemocracia europea, ha sido uno de los referentes políticos claros para otros partidos socialistas del entorno.

Así, desde 1997, año en el que los laboristas alcanzan el gobierno con Tony Blair, la influencia de la Tercera Vía se ha dejado sentir en la socialdemocracia europea como un camino exitoso y casi infalible hacia el poder.

El brillante analista Vicenç Navarro, escribía hace unos meses en la revista SISTEMA que la victoria lograda por los laboristas en el 97 – a pesar de tener a favor el mensaje del cambio y el carisma del primer Blair- se produjo sólo con el apoyo del 33% del electorado y más como consecuencia del desgaste de los conservadores tras una larga estancia en el poder.

De hecho, en los subsiguientes comicios dicho apoyo popular ha ido bajando escalonadamente hasta la reciente hecatombe que ha devuelto el gobierno a los tories más por falta de los laboristas a la hora de explicar y dar soluciones valientes a a la crisis que por virtud de los primeros.

El Nuevo Laborismo y la Nueva Vía reconocían la existencia de unos cambios profundos en la sociedad, en la manera en la que los ciudadanos se situaban respecto a la economía y al Estado, en lo que los ciudadanos esperaban de la política, etc. También hablaba de una crisis en la “socialdemocracia tradicional” y de profundos cambios en el Estado del Bienestar, sin reparar en el origen ni en los actores de esos cambios ni a quienes beneficiaba este Novus Ordo Seculorum. ¿Acaso existe la casualidad en la política y en la historia? Había que adaptarse a dichos cambios, el pragmatismo así lo exigía.

De la lectura de la obra de Giddens saco algunas conclusiones: ha habido cambios sustanciales, ha habido una revolución política y cultural, sabemos quien la ha actuado: se llaman Ronald Reagan, FMI y Margaret Thatcher, la Dama de Hiero que les gobernó durante once años cargándose todo lo que oliera a público, desarbolando el concepto de ciudadanía e implantando el de “suma de individuos”, cambiando la cohesión social por un utilitarismo extremo… bien, ha habido cambios, sabemos lo que implican, a quien beneficia y a quien perjudica (ahí están los datos del Sistema Nacional de Salud y el estado de la depauperada educación pública) pero estos cambios son demasiado potentes y al fin y al cabo “hay que adaptarse”. ¿Se plantearon siquiera por un segundo el combatirlos, el tratar de revertir la inercia? Desistieron.

Así es, la Tercera Vía es desistimiento, alienación (empleo aquí a sabiendas un concepto “no adaptado”, un concepto del socialismo clásico). Alienación y enajenación de los valores de la izquierda, desposesión de la personalidad y de los propios intereses en favor de otros impuestos coactivamente desde arriba o desde mucho más arriba del “arriba” que hasta ahora conocíamos… y es que la coacción puede ser algo mucho más refinado que el simple y burdo empleo de la fuerza.

Y cuando hablamos de crisis de la Socialdemocracia, creo que nos referimos a esto, a la renuncia de nosotros y a los nuestros.

Como apunté antes, desde 1997 hasta 2010 los laboristas han perdido la escalofriante cifra de 5 millones de votos. Estos votos no han ido al Partido Conservador: han ido a los Demócratas Liberales o a la abstención. Como sucede en España, los conservadores no necesitan del voto socialista para gobernar.

En cambio, dentro de los planteamientos y objetivos electorales del Nuevo Laborismo había uno muy claro:  recabar el bienvenido y “moderno” voto del Partido Conservador, descuidando así el apoyo “tradicional” de aquellos que no abandonaron electoralmente al Laborismo si no cuando éste les abandonó a ellos dejando de preocuparse por sus problemas. Sindicatos, trabajadores y clases económicamente desfavorecidas dieron la espalda a los laboristas. Parecía que el Nuevo Laborismo solo tenía ojos y propuestas para los de “cuello blanco” (generalmente bajadas de impuestos) pervirtiendo el interclasismo propio de la socialdemocracia, ya desde Bernstein en el siglo XIX, con una poilítica de boutique alejada de la realidad de las víctimas del neoliberalismo: los más humildes.

Y en estas llegamos a la mayor crisis de la historia del capitalismo, a una crisis gestada desde la obscenidad más explícita y declarada, a un Laborismo y una socialdemocracia incapaces de plantear una enmienda a la totalidad… y a Ed Miliband, en el papel de enterrador del Nuevo Laborismo, aupado al poder por hasta seis sindicatos (entre ellos GMB y Unite, con más de dos millones de afiliados entre los dos). ¿Cambio en el laborismo británico? ¿también en el resto de Europa?

Sin duda, seguiremos con interés los pasos políticos de Ed Miliband y del Laborismo británico.

Una reflexión en la izquierda

Lunes, septiembre 20th, 2010

Los resultados de las últimas elecciones generales suecas, más allá del propio análisis nacional, pueden suscitar algunas reflexiones que podrían ser válidas a un nivel más general, al menos europeo.

Los datos concretos que arrojan las urnas: la derecha volverá a gobernar, la socialdemocracia se desploma, entra en el parlamento la extrema-derecha.

Reinfeldt, del Partido Moderado, podrá gobernar otros cuatro años más revalidando -por primera vez en la historia de su partido-  una victoria electoral previa: la de 2006.  Desde ese momento el partido conservador inicio una serie de privatizaciones y cambios (recortes) en el sistema de bienestar que le permitió tirar de rebaja de impuestos, una temática  de fácil venta cuando se acercan las elecciones. No ha habido tiempo, ni hay perspectiva suficiente en cuatro años para ver las consecuencias de las muy rápidamente aplaudidas rebajas de impuestos. En el Reino Unido sí, ya la tienen.

Thatcher, una de las tres patas de la revolución conservadora y neoliberal vino para “liberar” a las clases medias del gasto social resultantes de los largos años de los gobiernos socialistas.

Rebajó impuestos a las empresas, desregularizó las finanzas, hizo dimitir al Estado de su responsabilidad en la regulación democrática del mercado de trabajo y en la proporción de servicios públicos, desbarató de arriba a abajo el Sistema Nacional de Salud (NHS) y los transportes públicos; se propuso la destrucción de los sindicatos, dio facilidades fiscales a las grandes fortunas y dejó en la consciencia colectiva el veneno de que “la sociedad no existe, sólo existen los individuos”

Esa revolución iniciada en Estados Unidos, testada con la ayuda de las armas en el Chile de Pinochet e importada a Europa con los gobiernos de Thatcher, extendió rápidamente su hegemonía planetaria gracias a instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial, auténticos motores de la nueva ideología única encargados de imponer aquí y allá planes de “estabilización” económica a gobierno cada vez menos soberanos por la acción de este -inelegible- gobierno económico mundial.

Mucho podría hablarse de las  nefastas consecuencias de todos estos planes de “estabilización” sobre todo en América Latina. Tampoco hay que olvidar que la etapa de mayor auge neoliberal coincidió -no casualmente- con el periodo de mayor actividad de golpistas, contras y demás, en el bautizado como “patio trasero del imperio”.

¿Qué hizo la izquierda ante este torrente ideológico? El Nuevo Laborismo y los Nuevos Demócratas de Blair y Clinton (con Giddens y su Tercera Vía como piedra filosofal) fue la audaz respuesta dada por los otrora keynesianos partidos de Clement Attlee y Delano Roseveelt.

Una respuesta que consintió, lisa y llanamente en bajar la cerviz ante la nueva hegemonía. Una hegemonía que ha ido avanzando hasta hoy, hasta entrar en el tuetano de nuestra sociedad y nuestra cultura, hasta el desastre actual, hasta el desastre que cabía esperar el desenfreno, la irrealidad fiduciaria y la amoralidad en la economía (“la más moral de todas las ciencias sociales”, según Marx).

Nadie en la izquierda democrática europea  fue capaz de generar un mensaje político eficaz, capaz de rivalizar con los nuevos dogmas de la “economía objetiva”.

Y así llegamos a los prolegómenos de la gran crisis del capitalismo: al momento en el que, en Estados Unidos, el 1% de la población posee nada más y nada menos que el 30% de toda la renta del país (cifras análogas a las habidas a comienzos del siglo XX, cuando las huelgas y las manifestaciones sindicales aún se disolvían a base de ametralladora).

Estos datos deben ser contrastados con estos otros:  en los años del keynesianismo estadounidense, el 1% más rico de la población poseía un 12% de la riqueza nacional, lo que implica que dicha riqueza estaba socialmente mejor repartida, menos concentrada en la élite.

Ante esta situación la izquierda, como digo, solo ha sabido plegarse a la buena nueva del neoliberalismo.

Asistimos a la “liberalización” de la socialdemocracia del mismo modo que vimos en los países escandinavos la “socialdemocratización” de los partidos liberales.

Es una cuestión de fortaleza en los mensajes, de influencia sobre la sociedad y sobre la sinapsis ideológica de los ciudadanos: tras la segunda guerra mundial la influencia del keynesianismo, de las políticas constructoras del Estado del Bienestar era tal, que incluso los partidos de derechas, sobre todo en la región nórdica, se vieron contagiados por dichas ideas y comprendieron que para rascar algo electoralmente (cosa que por lo general, no lograron) habían de presentarse ante el electorado como defensores del Estado del Bienestar, subidos así a ese ese exitoso carro que estaba trayendo el progreso y el bienestar a esos países.

¡Como han cambiado las tornas! Ahora es la socialdemocracia la que se “liberaliza”, la que pliega sus banderas para adaptarse -en lugar de enfrentarse- a la realidad de la globalización neoliberal, para ser más atractiva enel mercado electoral.

Y lo dramático es que treinta años después, nuestra izquierda sigue sin reaccionar. Tampoco lo hace en mitad de esta tormenta que está haciendo zozobrar al planeta. En medio de esta crisis causada por las recetas neoliberales de la desregulación y la ley selvática que por poco colapsa el sistema capitalista.

Y pese a esa crisis, el mensaje antisocial sigue en boga, cualquier promesa de bajada de impuestos atrae al electorado -esto explica en parte la victoria conservadora en Suecia-, aunque a la larga las políticas de laminación del Estado signifiquen una peor calidad en los servicios públicos, aunque implique mayor desigualdad social y desprotección para los más débiles.

Desde la izquierda tenemos mucho que cambiar, empezando por nosotros. Fuerza, claridad en las ideas y audacia en las propuestas es lo que necesitamos… porque el mundo, sobre todo el actual, necesita de nosotros.

Brasil: seguir por el buen camino

Domingo, septiembre 19th, 2010

Lula da Silva ganaría “de calle” las elecciones presidenciales del próximo 3 de octubre. Se va con unos índices históricos de apoyo popular, pero en el sistema político brasileño, como en la mayoría de los latinoamericanos, la reelección se restringe a dos legislaturas.

La imposibilidad de Lula de optar a un nuevo mandato abrió un  periodo de duda en la izquierda brasileña por ver si la candidata designada por el Partido de los Trabajadores iba a saber aprovechar la estela de las exitosas políticas del presidente y estar en unos niveles óptimos de popularidad. Parece que Dilma Roussef da bien en las encuestas (las últimas le dan cerca del 51% de los votos, muy por delante del candidato de la derecha José Serra)

Uno de los motivos que seguramente explican la buena proyección de Dilma es precisamente el de la continuidad: es una mujer del proyecto y el equipo de Lula da Silva (actualmente ocupa la Casa Civil, un puesto de gran importancia dentro del organigrama ejecutivo de la República Brasileña, muy cercano al Presidente de la República y que en este país presidencialista se asemejaría al papel de un primer ministro)

Y es que el impresionante legado de Lula será la mejor campaña de Dilma, naturalmente, junto con una buena serie de propuestas de futuro que afiancen y amplien lo logrado.

Algunos datos: Lula se comprometió a que ningún brasileño pasaría hambre… y las cifras son espectaculares: 20 millones de brasileños han salido de la pobreza, la malnutrición infantil ha retrocedido un 46%; durante los años de gobierno de Lula los ingresos del 10% de la población más empobrecida crecieron un 8% al año mientras que los del 10% de la población más rica crecieron a un ritmo del 1,5%. No en vano, Lula da Silva fue nombrado “campeón mundial de la lucha contra el hambre” por las Naciones Unidas.

En el area de educación han proliferado las ayudas económicas a las familias desfavorecidas, lo que ha permitido que cada vez más jóvenes estudien más allá de la enseñanza obligatoria.

El salario mínimo aumentó un 53,6% en términos reales, también subieron las pensiones y se fortalecieron los programas de ayuda a discapacitados.

Pese a los espectaculares avances, Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo.

Es necesario pues, que se siga avanzando en la linea marcada, que se siga avanzando “pelo caminho que Lula nos ensinou“, en la de la construcción de un proyecto nacional que ponga la igualdad y la justicia social en primera linea. Un proyecto que con sus formas gradualistas -sin aspavientos, sin “meter miedo” y con una diplomacia sumamente inteligente- y su fondo profundamente progresista, sirva de ejemplo para otras naciones latinoamericanas, aparentemente atrapadas hoy en la disyuntiva del uribismo y el chavismo.

Por un puñado de votos

Viernes, septiembre 17th, 2010

Las expulsiones de gitanos rumanos en Francia está desatando la polémica en todo el continente.

Con estas expulsiones Francia está menoscabando las leyes europeas en materia de libertad de movimiento, una de las bases de la unidad europea y además estaría cometiendo un grave acto de discriminación al “seleccionar” a los expulsado siguiendo un criterio étnico, tal y como quedó al descubierto en una circular del ministerio de Interior galo.

Es decir, desde el poder político, desde el gobierno del conservador Nicolás Sarkozy se da la orden de ir a por los gitanos y de deportarlos a Rumanía (país de la UE del que proceden la mayoría de estos ciudadanos europeos radicados en Francia).

Todo apunta -siguiendo estrictamente el sentido de la letra de la circular gubernamental- a que las deportaciones no se están realizando siguiendo pruebas minuciosas y estudiando los casos uno a uno: la circular se refería a un colectivo, que como tal queda bajo sospecha y  persecución como ya sucedería en Italia bajo el gobierno del también derechista Silvio Berlusconi.

El Parlamento Europeo ha criticado esta situación mediante una declaración apoyada por socialistas, liberales y verdes, siendo únicamente rechazada por el grupo popular y ultra-derecha (¡de nuevo aliados!). El Parlamento ha condenado la política francesa por irresponsable y por poner en cuestión el derecho comunitario y los valores que informan la UE desde su misma creación, como la libertad de movimiento de ciudadanos de países miembros.

En tiempos de crisis la derecha se sube al arriesgado tándem de la demagogia y la política migratoria. Berlusconi abrió la espita, Sarkozy la ha seguido y hoy, Mariano Rajoy -presidente del partido que en Cataluña repartió unos panfletos donde se podía leer “no queremos rumanos”- ha afirmado compartir la decisión del gobierno francés.

Apelar a los bajos instintos, especialmente a la demagogia racial o étnica en tiempos de crisis, ha sido históricamente un tic recurrente de la derecha. Pongan ustedes el precedente donde quieran (en el affaire Dreyfus… o en la Alemania del Reich que vino después del segundo…)

El recrudecimiento de la política de Sarkozy responde únicamente a motivos electoralistas y de consumo interno dentro de su UMP y de la derecha francesa de cara a las próximas elecciones.

En 2007 Sarkozy logró atraer a parte de los votantes tradicionales del Frente Nacional de Jean Marie Lepen;  para no perderlos, el presidente debe mostrar músculo radical, como cuando se propuso acabar con la delincuencia (que sin embargo ha seguido creciendo) quitando la nacionalidad a los delincuentes -medida a todas luces anticonstitucional y contraria a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 15- o cuando prometió “barrer” la periferia de París con las consecuencias que todos conocemos.

El Frente Nacional cambia de cara (el mando pasa del padre a la hija) y presentará una candidata igual de lunática pero con más tirón y políticamente más inteligente que Jean Marie Lepen, por lo que Sarkozy tendrá que luchar en el flanco derecho agitando la demagogia y traspasando límites poco recomendables. Máxime cuando por el centro tendrá una pérdida importante de votos al tener que pelear con al menos dos candidatos de peso Bayrou y Villepin. Y todo eso en un momento de popularidad históricamente baja para el presidente. Sarkozy ha elegido el carril derecho (más bien el arcén derecho) para permanecer en el Eliseo. Es su apuesta.

Son pues el partidismo, el cálculo electoral los que empujan a Sarkozy a tomar este tipo de medidas peligrosas para la convivencia, arriesgadas desde el punto de vista de los derechos humanos y conflictivas desde el punto de vista del derecho comunitario.

Todo por un voto más, siempre irreponsables estos bomberos pirómanos.