Posts Tagged ‘Estados Unidos’

“El poder invisible provoca el escándalo público”

Domingo, marzo 7th, 2010

Esta  frase de Norberto Bobbio la he empleado frecuentemente en los últimos tiempos porque creo que lo que escribió el irrepetible maestro turinés en 1985 (en plena efervescencia del Reagan-Thatcherismo) nos sirve perfectamente para explicar la génesis de la actual crisis mundial.Los consejos de administración y los parqués sustituyendo a los gobiernos y a los parlamentos.

Un poder no elegido ni elegible que consigue trasgredir a nivel global el principio sobre el que se han basado nuestros estados: la idea de que derecho y poder como dos caras de la misma moneda. Solo el poder (del Estado) puede crear normas y solo las de los Estados democráticos (las que se hacen con la participación de los ciudadanos) pueden ser tenidas por legítimas.

Un artículo que firma el intelectual Noam Chomsky y que publica hoy el diario Público, gira sobre la misma idea.

Los Estado (con ellos la política, los parlamentos, los ciudadanos) han dejado de ser actores protagonistas en el plantel de la regulación de la economía internacional. Existe una tramoya, detrás del telón existe toda una poliarquía paralela y enfrentada a ese poder que nace de la legitimidad popular.

Este hecho consumado viene a romper muchas lógicas, muchos esquemas, ataca la propia concepción de la democracia.

La respuesta a la pregunta ¿quién toma las decisiones y qué procedimiento se sigue para ello? nos srive para graduar el nivel y la calidad de la democracia. El común de los mortales no considera “democrático” (ni legítimo) un poder vinculado a la decisión de uno o unos pocos (un general, un caudillo, un partido hegemónico) ni un poder que haya sido alumbrado desde procedimientos poco claros o alejados del control ciudadano (desde un cuartel, una terna, un politburó).

En contraposición a esto, tendríamos por democrático un Estado en el que las decisiones públicas que van a afectar a los ciudadanos de un Estado se toman en base a una decisión común (por delegación en una democracia representativa) y en base a un procedimiento público, evidente para todo el mundo, sin tramoya, sin doble fondo, sin la dirección de grupos de poder.

La realidad es que vivimos en unas sociedades en las que el poder se encuentra ya centrifugado: no existe un solo centro de poder que responda a la voluntad general (tal era el modelo de democracia Rousseauniana), sino que tendemos (o regresamos) a un modelo policrático -que se parece al del feudalismo- en el que un Estado en retirada es asediado por una multiplicidad de subpoderes, por el poder que nadie ha elegido, un poder desregulador que maquina contra el interés general y que busca la concentración de cada vez más recursos en menos manos, tal y como ha sucedido ya en los Estados Unidos, país avanzadilla de este tipo de prácticas en el que -por ejemplo- las petroleras marcan el programa y las guerras de sus gobernantes o la influencia de las aseguradoras privadas recortan los intentos de universalizar la sanidad.

Son imaginables las consecuencias de todo esto. Desde el XVIII, la democratización como proceso significaba que cada vez más gente podía votar (criterio cuantitativo). “Democratización” hoy significaría el nivel y la capacidad del ciudadano medio para influir en las decisiones públicas (criterio cualitativo). Y resulta obvio que ese poder privado que crece a expensas del poder público, no contibuye -precisamente- a una mejor y más profunda democracia.

Lamentablemente, la socialdemocracia mundial -la del sufragio universal, la de la seguridad social, la educación pública, universal y gratuita, la del Estado Social, los derechos laborales y la protección- no ha sido capaz  de poner un dique a las turbulentas aguas de la privatización del poder. De hecho, parece que en algunos casos se ha dejado arrastrar por la corriente deviniendo en ese “social-liberalismo” que acepta el novus ordem seclorum asumiendo sin más este hecho sin calibrar sus funestas consecuencias.

Es un drama. En la crisis provocada por el poder insivible (hipotecas basura, capital especulativo, burbuja inmobiliaria) no es capaz de erigirse un poder público democrático que revalorice el papel social de un Estado venido a menos en beneficio de unos pocos y en perjuicio de los más.

El futuro no parece muy halagüeño.

La mano negra

Sábado, febrero 20th, 2010

Para el economista austriaco J. Alois Schumpeter la esencia del capitalismo era su naturaleza a un tiempo destructora y creativa. Lo viejo caducaba por la introducción de un nuevo bien, de un nuevo proceso productivo o por la explotación de las innovaciones técnicas.

Quien producía la evolución de la economía era el llamado “innovador-emprendedor”, un tipo listo y esforzado que sabía aplicar las evoluciones técnicas a la fábrica, a las fuentes energéticas o a la locomoción, arrumbando así los viejos modos de proceder y granjeando -teóricamente- un beneficio social como resultado del avance: mejor moverse en un coche utilitario que en un carruaje.

La destrucción-creación tenía que ver con lo racional, con la técnica, con lo científico, con algo objetivo y colateralmente, introducía una mejora en la vida de la gente.

En el capitalismo de hoy (Schumpeter escribió Capitalismo, Socialismo y Democracia en el año 42) se agudiza su naturaleza destructora y además, no sabemos identificar los réditos obtenidos del proceso de creación. La economía internacional es hoy una gran caja negra llena de humo especulativo, de dinero inventado, con unas lógicas dificilmente comprensibles. La concentración de más dinero en pocas manos es más evidente que en otros periodos.

En el capitalismo actual se destruyen métodos de regulación financiera, se destruyen los tejidos de la economía productiva, se destartalan los sistemas de protección social y hasta se intentan destruir países completos para crear, para instaurar el imperio de la especulación y las actuaciones de alto riesgo financiero cuyas consecuencias -que no son otras que las que vivimos actualmente- las pagan, las pagamos los de siempre.

Rajoy sacó a pasear su sonrisilla irónica para calificar de “conspiración judeo másonica” las sospechas españolas en torno a la existencia de una mano negra sobre los mercados europeos para provocar pánico financiero y hacer caer las economías europeas. A esta estrategia respondería la comparación de España y Reino Unido con Grecia o la comisión de actos de vandalismo financiero sobre la propia economía helena para provocar un efecto dominó en la región perjudicando al euro.

Se rieron, pero lo cierto es que el CNI español, el EYP griego y los servicios secretos de Francia y Reino Unido están investigando los ataques especulativos presuntamente provenientes de bancos de inversión como JPMorgan y Goldman Sachs, con sede en EE.UU.

Los ataques detectados por los agentes de inteligencia griegos procedieron de al menos cuatro fondos de inversión internacionales. Éstos, realizaron “ventas masivas” de bonos griegos en diciembre para su recompra posterior a un precio mucho más bajo. (EL PAÍS, 20/02/2010)

Destruir para crear. También esta era la máxima del anarquismo de Bakunin. Y es precisamente el anarquismo financiero, el anarquismo para las élites lo que se pretende crear a costa de todo y de todos.

Y no me sorprende que el prestigioso Financial Times u otras publicaciones de color salmón estén contribuyendo al clima caótico en los mercados. Por muy prestigiosas que sean esas grandes páginas del F.T o del Wall Street Journal, no son inocentes, no son imparciales, responden a unos intereses: los de la City y Wall Street. Responden a los intereses de los de los causantes de esta barahúnda global, quienes, no empachados con los obscenos beneficios obtenidos durante años, quieren seguir pescando ahora que el río anda muy revuelto.

Los servicios secretos pueden descubrir dinámicas especuladoras y seguramente lo harán. Sí, pero es que la especulación sin control es perfectamente legal en el tablero económico mundial. Es más, la especulación sin límites es la ficha principal con la que se juega en este tablero. Ese es el problema, ahí está la madre del cordero.

Schumpeter era capitalista, era liberal, no apoyaba la intervención pública en la economía, poco o nada tenía que ver con Marx. Pero los dos, curiosamente, predijeron como algo inevitable el fin del capitalismo. Lo que debe extinguirse para siempre es el capitalismo salvaje encarnado en el neoliberalismo nuestro de cada día. Ese capitalismo de humo y activos tóxicos, de subrprimes e hipotecas basura.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Resucita Tobin

Viernes, octubre 23rd, 2009
En 1971 el que a la postre sería Premio Nobel de Economía, James Tobin, (economista adscrito a teorías keynesianas) propuso la implantación a nivel internacional de un pequeño gravamen sobre los cambios entre divisas en el flujo económico global. “Un puñado de arena en unos engranajes que están demasiado bien engrasados”, como él mismo y muy gráficamente explicaría.
Este impuesto pesaría principalmente sobre las operaciones especulativas que surcan diariamente el planeta de un lado a otro y en unas cantidades superiores al billón y medio de dólares. O puesto de un modo más visual: una cantidad superior al Producto Interior Bruto francés circula diaria y virtualmente y sin sometimiento a ningún control entre los principales mercados y centros financieros del planeta. Unos flujos especulativos desvinculados de la economía real y productiva y contrarios a la positiva cultura industrial que de esta se deriva. Unos flujos que a veces adoptan la tan temida forma de “burbuja” a punto de estallar.

Las inmensas autopistas sin límites de velocidad ni código de circulación construidas según los planos de la desregulación e inauguradas en los años setenta y ochenta -cuando el paradigma neoliberal se convertía en dogma- dieron lugar a una incesante circulación de grandes cantidades de capital a lo largo y ancho de todo el planeta, situación exponencialmente multiplicada por el fenómeno de globalización económica. El final de los controles políticos sobre los movimientos de capitales se produjo primero en el Reino Unido, luego en los Estados Unidos y se fue extendiendo al resto del mundo desarrollado gracias a la presión estratégica ejercida por el FMI en favor de ese sentido liberalizador.

Y ese credo en favor de la desregulación, de promoción de la hegemonía de las finanzas sobre la economía real y del mercado sobre la Política se ha mantenido hasta nuestros días. Ahora mismo estamos inmersos en una crisis global resultante de una sobre-inflación de la burbuja especulativa en las finanzas y en otros sectores por falta de supervisión de organismos internacionales.

Pero parece que la actual crisis económica ha hecho cambiar -hasta cierto punto- el chip en las concepciones dialécticas Estado-Mercado.
Ahora podemos escuchar íncluso a líderes internacionales como Sarkozy, Merkel o a autoridades económicas como Lord Turner, presidente de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido, proponer una regulación universal de las transacciones financieras mediante un impuesto uniforme. Es decir: la materialización de la tasa Tobin, una idea inicialmente vinculada a movimientos de izquierda y altermundialistas. Hasta los mayores defensores del capitalismo se han percatado ya de las nefastas consecuencias del mercado absolutamente desregulado y arrojado en brazos de la especulación.

Es hora de volver a hablar sobre la famosa ‘Tasa Tobin”. Y ya se está empezando a hacer. Una muestra de ello: un referente regional -y a no mucho tardar, internacional- como la República de Brasil, aplicará a su moneda una tasa como la ideada por Tobin.

En lineas generales, ¿en qué consiste el impuesto ideado por James Tobin? El objetivo teórico de la tasa sería el de penalizar las transacciones especulativas que se producen en el mercado financiero internacional. Con el gravamen impuesto sobre el cambio de divisas se desalentaría el tráfico especulativo de grandes capitales en tanto que dicho impuesto habría de abonarse cada vez que ese capital realizase un movimiento en el tablero internacional que le obligara a un nuevo cambio de divisas en un periodo corto de tiempo. Así, los capitales más volátiles, rápidos e “inquietos” (es decir, los especulativos, que van y vienen por tiempo de apenas una semana) se gravarían varias veces a lo largo de su rápido y efímero recorrido por distintos mercados, desalentándose de este modo una práctica demostradamente perniciosa y desestabilizadora para el conjunto de la economía. Las inversiones internacionales “normales” serían gravadas solamente en una ocasión, con su primer y único cambio de divisas en el plazo establecido, así que no puede sospecharse ni temerse una congelación de los flujos económicos normales o del comercio, solo cabría esperarse una deseada disminución en la importancia del sector especulativo causante de esta crisis. (Esta explicación pretendidamente simplificada se ha hecho a partir de una síntesis de varios escritos de Fabienne Dourson, el propio James Tobin y François Chesnais)

¿Y qué se haría con lo recaudado? Además de los beneficios inmediatos conllevados de esta racionalización del mercado financiero internacional, lo recaudado con la imposición de la tasa (si fuera de tan solo un 0,1% implicaría la cantidad de 230.000 millones de dólares anuales) podría destinarse a un fondo de desarrollo económico para las zonas más deprimidas y desfavorecidas del planeta, actuándose además contra la pobreza en el mundo.

Medidas como la tasa Tobin, y otras tantas, representan un cambio trascendente y profundo en la concepción de la economía y en la posición que guarda el ciudadano en sus engranajes; un cambio en la mentalidad que muchos no aceptarán de buen grado. Se mostrarán especialmente reticentes aquellos que más se han beneficiado por la inconstante concentración del capital que se viene produciendo desde hace décadas a costa de muchas cosas.

Desde la de los setenta, tocamos a una crisis severa cada 15-20 años. Ya es hora de racionalizar los escenarios económicos para evitar que la irresponsabilidad y la avaricia de algunos vuelvan a llevarnos una y otra vez al mismo callejón. Tenemos que aprender la lección de una vez por todas.

Aznar continúa pisoteando a España

Domingo, julio 19th, 2009
Con estos amigos y amantes, España no necesita enemigos. España no necesita, porque la perjudican, a sus salvapatrias de toda la vida, a esos patriotas nietos del 17 de Julio que dicen querer a España. La quieren como quiere el terrateniente a su cortijo o como “quiere” el machista a su esposa esposada: o es mía o de nadie.
Sólo así se explica el trabajo de alcantarilla profusamente desarrollado por ese patriota de roñosa hojalata que ha denigrando (a jornada completa) a nuestro país por todo el mundo.

Le debió picar mucho al señor Aznar, ese minúsculo adlátere de la guerra de los barriles petroleros, escuchar a Barack H Obama (al que llamó “exotismo histórico”) poniendo a España como ejemplo internacional en el desarrollo de energías renovables.

Le debió molestar a aquel hombre ridículo que una España gobernada por “otro” mereciera un reconocimiento internacional explícito de boca del presidente norteamericano. Sólo Ánsar puede recibir palmaditas en la espalda, aunque se las diera el peor presidente de la Historia de Estados Unidos y en reconocimiento de su contribución a la monstruosa matanza iraquí.

No sólo en el orgullo, también en su cartera y en su interés personal debió dolerle ver a España convertida en referente verde ante el mundo entero.
Como informa hoy el diario Público, detrás de los ataques a España está un grupo de presión vinculado directamente al Partido Popular que defiende con uñas y dientes el negacionismo del cambio climático y, como no, el lucrativo negocio del oro negro, sector que lidera Exxon Mobile, multinacional para la que un hombre de Aguirre y Aznar ha elaborado “informes” encargados de demostrar en EEUU lo “catastrófico” del “modelo español”.

Rastrera estrategia de lobby que pretende destruir la imagen de España en el mundo, que podría dar al traste con las expectativas de muchas empresas españolas del sector de las energías renovables que esperan tener protagonismo en el millonario plan que prepara Barack Obama para revertir la negativa oleodependencia de EEUU: un argumento que reiteró a lo largo y ancho de su campaña electoral y que, obviamente, no gusta a quienes tienen el surtidor de petróleo cogido por el mango… ni a los mezquinos personajes que se han enriquecido y se enriquecen con el petróleo, contra el medio ambiente, contra el planeta y contra los pueblos.

Cuando lo normal nos parece excepcional

Martes, junio 30th, 2009
Una concisa reflexión para poner en primer término algo importante: la postura de Estados Unidos ante el golpe de Estado en Honduras y la crisis política que vive aquel país.

Barack Obama nos ‘fascinó’, si puede emplearse el término, con un discurso pronunciado en la Universidad del Cairo en fechas recientes. Un discurso dirigido a la comunidad musulmana y que básicamente decía: no estamos en guerra con el islam, lo estamos con los terroristas y los fanáticos que os matan y nos matan. Vamos a buscar otros caminos que no impliquen el aniquilamiento de la población en el conflicto de Oriente Medio. Queremos entendimiento, no prejuicios. Apostamos por otro tipo de relaciones internacionales desde el respeto y la colaboración. Vamos a partir de cero.

Un discurso, como ven, trazado sobre unas lineas muy sencillas, unas lineas racionales, de sensatez y humanidad. ¡Y nos resultó tremendamente novedoso!
Nos pareció revolucionario escuchar a un presidente de EEUU dirigirse a un mundo en conflicto y en estado de tirantez con una voluntad certera de sentar unas bases nuevas.

Nos pareció novedoso, porque veníamos del “intervencionismo militar humanitario” chiste dramático y paradójico inventado por los halcones del pentágono de la era Bush para justificar barbaridades como la de Irak. Barbaridades contra la comunidad internacional y su más alta instancia: las Naciones Unidas.

Con Honduras nos ha pasado lo mismo. El embajador de EEUU en Honduras, nada más conocerse el golpe de Estado, se apresuró a dejar clara la posición de la administración demócrata. La secretaria de Estado Hillary Clinton también fue tajante. Barack Obama condenó la asonada y según hemos sabido hoy, incluso la intentó detener por vías diplomáticas. El propio Zelaya, presidente legítimo de Honduras ha resaltado este hecho en una entrevista.

Por primera vez en la Historia podemos decir que el país norteamericano no ha tenido nada que ver con una sublevación, con un golpe o con la imposición de un gobernucho títere en su “patio trasero”.

Esa expresión despectiva y muy gráfica que evidencia un continente dependiente y abandonado al perpetuo albur de los intereses de las empresas y demás poderes fácticos estadounidenses en países como Uruguay, Chile, Nicaragua, Granada, Panamá, Cuba, Brasil, Argentina o Venezuela (países que han sufrido golpes o planes militares coordinados, financiados o participados por la CIA)

La Historia de EEUU en el Siglo XX ha sido la historia de un rosario de golpes de estado, injerencias y graves violaciones del derecho internacional y los derechos humanos.

Y lo contrario: el respeto, la normalidad y el apoyo a la democracia, nos sorprende. Esto es el “Change” creo.

Lo normal es el respeto entre naciones soberanas, no la subyugación neo-colonialista ni la supervisión caudillista. Lo normal brilló durante mucho tiempo por su ausencia. Ese es el abominable legado del gobierno de G.W.Bush.

Alivio fiscal y fin del Estado del Bienestar

Miércoles, junio 24th, 2009
Alguna vez he citado en este blog el libro No pienses en un elefante, un interesante repaso por las tácticas de comunicación política y “activación” de valores, actitudes y respuestas en la ciudadanía a través de mensajes políticos.
Los neocon estadounidenses inventaron muy habilmente el concepto de “alivio fiscal” para dulcificar y suscitar simpatía entre quienes asistían como votantes de clase media y trabajadora, al desmontaje del sistema de protección y bienestar social que se inició a comienzos de los ochenta.

Reagan mató a Roosevelt, al New Deal. Reagan comenzó la desregulación y destejió la red de seguridad que había permitido a los trabajadores contar con una fortaleza y una seguridad económica como nunca tuvieron. La política neoliberal en los EEUU, no solo aplicada por los republicanos, condujo a que en 2005 -en los prolegómenos de nuestra presente crisis- el 1% de la población poseyera nada más y nada menos que el 30% de toda la renta del país, cifra idéntica a la habida en los años veinte, justo antes de la Gran Depresión.

Las dos grandes crisis del capitalismo han tenido mucho que ver con la avaricia, la desregulación y el selvático proceder de algunos peces gordos de la economía falsa y la intangibilidad en combinación con incertidumbre y desprotección para familias y trabajadores.

Las políticas intervencionistas, de derechos laborales, inversión pública, protección y seguridad social del keynesianismo (que necesariamente reclama una política fiscal activa) redujo a la mitad la falla, la diferencia entre ese 1% y el 99% restante.
En los años del keynesianismo, el 1% de la población poseía un 12% de la riqueza nacional, lo que implica más riqueza en forma de derechos sociales y prestaciones en las capas intermedias de la sociedad. En aquellos años se pusieron en marcha ambiciosos programas de lucha contra la pobreza y la exclusión y se sentaron las bases de un sistema social de educación y salud que por desgracia, fueron truncados..

Pero bueno, acabemos con este excurso con el que solo quería evidenciar el cambio que supuso el ascenso y la perpetuación del reaganismo. Como se implantó un modelo con el amable lema del “alivio” en sustitución de otro que obviamente beneficiaba más a la gente común y menos, por ejemplo, a los vampiros de los seguros privados de salud (recomiendo ver el documental Sicko).

El destartalamiento del Estado, de lo público en favor de lo privado significa básicamente, abstencionismo del poder público a la hora de gestionar; significa que el poder público vende (o regala, si son generosos como lo es Espe con el Opus Dei) la tarea de gestionar los servicios, a las empresas privadas. Todo el mundo puede intuir el consiguiente adelgazamiento que se deriva de un Estado que no ejerce como tal. Aquí entra en juego el papel de los impuestos y sus bajadas, ofrecidas como un caramelo cuando llegan las citas electorales y presentadas como un “alivio” después de un consecuente y penoso esfuerzo, que son las tasas.

Como la comprensión del milagro de los panes y los peces queda reservada a unas pocas mentes iluminadas, resulta evidente que a menos fondos en el erario: menor capacidad para reequilibrar, restaurar o corregir desequilibrios, menor margen para la elaboración de unas políticas públicas básicas, esenciales e irrenunciables como la educación o la sanidad. Ahí comienza la subasta literal de los servicios, el trasvase desde lo público a lo privado, desde el servicio a la rentabilidad económica, desde la universalidad al previo pago.

Y ese es, por desgracia, el mensaje que triunfa y se impone. Ese es el agua envenenada que toca ambas orillas ideológicas: los impuestos son impopulares, con impuestos no se ganan unas elecciones, es preferible automutilarnos, renunciar a los 20.000 millones de euros que suponen las rebajas fiscales llevadas a cabo por PP-PSOE sólo en los últimos años, que perder ante las urnas.

Desde luego es más fácil (e irresponsable) hacer esto que hacer pedagogía, que explicar la socialdemocracia y el Estado del Bienestar, que explicar que quienes piden eliminar los impuestos de los yates son otros, que quienes naturalmente no quieren gravar los artículos de lujo y las grandes fortunas son otros, que quienes no quieren progresividad en los impuestos (quien más tiene más paga), son los que más tienen: quizás ese 1% al que me refería ut supra. La socialdemocracia nunca estuvo en esos postulados. No es su terreno.

Los impuestos son vistos como una carga que requiere de alivio, no son concebidos como un salvoconducto de derechos y oportunidades iguales para todos en el marco de un Estado Social. Triunfa el trasvase hacia lo privado, en lugar de una gestión razonable y positiva desde lo público.

En definitiva, la izquierda, la socialdemocracia pierde fuelle a medida que la política desde el Estado pierde relevancia como palanca de cambio de la sociedad. Con un estado desarbolado y débil que cede sus funciones y acude con cada vez más frecuencia a las externalizaciones, la política como ejercicio, sencillamente avanza hacia su final. Y también la democracia, porque los ciudadanos todavía podemos elegir al gobierno de, pongamos, la Comunidad de Madrid, pero no el consejo directivo de Capio, la empresa privada multinacional que gestiona buena parte de los nuevos, costosos, mal atendidos y precarios hospitales de la región.

Este es el “alivio” que nos prometían los neocon, esta es la fórmula triste y perversa con la que hemos acabado comulgando o, en el mejor de los casos, no hemos sabido evitar. Permitimos que los futbolistas multimillonarios del extranjero solo paguen un 24% de impuestos, eliminamos impuestos que sólo benefician a porcentajes exigüos de la población, seguimos teniendo unas tasas no del todo progresivas y algunas de nuestras medidas económicas (buenas en sí mismas, como los 400 euros, el plan 2000E o el cheque bebé) siguen sin serlo, siguen sin ser progresivas, perpetuándose la desigualdad.

En los impuestos, como en todo lo demás, los socialistas tenemos que seguir el camino de la pedagogía, tenemos que cultivar ese republicanismo cívico que Zapatero dice admirar, tenemos que alimentar la conciencia ciudadana y presentar los impuestos como la metafórica cuota de un carnet que acredita nuestra afiliación a un “club” del que deberíamos a estar orgullosos de pertenecer: la ciudadanía, donde encontramos una relación de derechos y obligaciones, obligaciones hacia nosotros mismos, ante la ley, pero también ante los demás, ante el resto de nuestros conciudadanos y especialmente hacia quien menos tienen.

El Estado Social y de Derecho no es un cajero automático. Es solidaridad, es “promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida” (comillas sacadas del preámbulo de nuestra Constitución española)