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El milagro

Lunes, noviembre 22nd, 2010

“Yo sólo veo ventajas en el modelo irlandés”, llegó a decir un primer ministro francés, rumiando la importación de la maravilla isleña.  “Este milagro económico tuvo su origen en políticas liberales” afirmaba una henchida Aguirre allá por 2006. Rajoy no le iba a la zaga en eso de apreciar las virtudes de las “recetas liberales”  aplicadas en la república irlandesa, unas recetas que representaban “el camino más rápido hacia la opulencia”, según coreaba la “prestigiosa” prensa liberal internacional, esa que imbuida de prestigio y objetividad científica, jamás advirtió del tsunami que amenazaba a prácticamente todas las costas del planeta.

Pocos años después de que estas frases, y otras, -todas ellas loando un milagro de proporciones bíblicas- fueran escritas o pronunciadas, encontramos al “tigre celta” malherido, teniendo que ser rescatado por la Unión Europea.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde están hoy, día en que Dublín reconoce el final del espejismo y accede a pedir socorro, los que se prodigaron en elogios con ese modelo a imitar?

El conjuro nos devuelve un sapo y una evidencia. Y es que el tiempo de las manos invisibles, los milagros económicos a través del shock y las promesas del maná ultraliberal en que “hemos” creído durante las últimas tres décadas, ha agotado toda su credibilidad al darse -y darnos- de bruces con la realidad de la peor crisis sistémica de la historia. En economía no hay milagros, como no los hay en la vida real. La Razón nos aconseja desconfiar de esa fenomenología.

Lejos de eso, en la economía están la mano, los intereses, las expectativas y los deseos de los Hombres. Y crisis como la actual nos demuestran cuan torcidos y alejados del bien común eran esos intereses, los intereses de quienes han manejado el timón de todo esto y cuan equivocados eran los valores y las prioridades del Hombre actual.

¿En qué consistió, pues, el tan famoso milagro irlandés? básicamente, en la atracción a las empresas extranjeras bajando hasta el nivel más bajo de Europa el impuesto de sociedades, eliminando supervisiones, dando todo tipo de facilidades a las empresas multinacionales (incluso facilitando la evasión fiscal) y desactivando parcelas de poder y control estatal, aplicando en territorio europeo las políticas de shock que el FMI y EEUU impusieron -hasta por la sangre- a países latinoamericanos, políticas de recorte que aumentaron las desigualdades y que aceleraron la caída en los salarios, todo ello, combinado con una carta blanca a los bancos y una hipertrofia del sector financiero.

Creció el PIB, los beneficios empresariales aumentaron considerablemente e Irlanda se convirtió en un polo de inversión… ¿y qué? ¿ahora qué? ahora que la burbuja ha explotado…

Hermann Heller, politólogo y jurista afiliado a la socialdemocracia alemana, ya advertía en 1933 en su obra Staatslehre que el éxito y el beneficio de los dirigentes de la economía residía en la eliminación de la legislación democrática. De los dirigentes de la economía, no de la “sociedad civil”, el nombre que falsamente se invoca para eliminar las “pesadas trabas burocráticas y estatistas, los molestos impuestos, las tasas que ahogan la iniciativa…”

Los países que abrazan el dogma neoliberal recortan o destruyen su legislación democrática para competir entre sí por ver quien ofrece mejores condiciones para la entrada del gran capital, por ver quien es menos exigente, menos vigilante con los poderosos, en detrimento de los controles democráticos. Y en estas materias, Irlanda se ha llevado la palma. Eso es, en resumidas cuentas, el “milagro irlandés”, una subasta.

29-S y siguientes…

Sábado, octubre 2nd, 2010

Ya se ha hablado bastante sobre la pasada huelga general: sus motivos, las cifras de seguimiento, su alcance etc.

Convendría que reflexionásemos también a cerca de lo que puede suceder tras esta especie de “examen” de la huelga al que muchos han querido someter a los sindicatos.

Ha existido una campaña política y mediática iniciada  en los días previos a la huelga general para poner en la picota a los liberados sindicales, convirtiéndolos en el pim-pam-pum de todos aquellos que desconocen de su importancia para garantizar el ejercicio del derecho constitucional de sindicación y representación de los obreros y de aquellos que, sabiéndolo -y precisamente por ello- les atacaron furibundamente obviando, por ejemplo, la siguiente realidad: la de los 1521 liberados políticos que actualmente viven a sueldo de la Comunidad de Madrid (793 más que cuando se hizo con el poder en el 2003). O el dinero que gasta nuestra presidenta en “publicidad institucional” (léase autobombo) incumpliendo la ley que elaboró el gobierno de la nación para limitar su uso. O el gasto que supone mantener una televisión pública madrileña que no lo es, que está al servicio de un partido y no de los sindicatos. O de la evasión de impuestos y la corrupción, verdaderas lacras que sí desangran nuestras arcas públicas.

La campaña continuó el mismo día de la huelga con la imposición de unos servicios mínimos abusivos e impuestos por decreto por la Comunidad de Madrid y con la criminalización de los piquetes informativos, haciendo extensivo a todos ellos los actos de violencia minoritaria y aislada que se produjeron en algunos lugares. Hasta se llegó a imputar a los piquetes y a los sindicalistas los actos de gamberrismo llevados a cabo por “vándalos profesionales” ajenos a los sindicatos.

Desde los medios de la derecha se llegó a hablar de “huelga borroka”, vinculándola explícitamente con un tipo de terrorismo. También se dijo que los sindicatos eran una “mafia financiada por Zapatero”. Nadie dijo, sin embargo, ni una palabra acerca de las presiones menos -o nada- visibles de los empresarios que “pasaron lista” el día de la huelga amenazando con depurar sus plantillas al más puro estilo decimonónico…

Y en el día después -y a esto es a lo que vamos- se habló de “Fracaso General” de la huelga, azuzando el debate sobre la representatividad real de los sindicatos, su papel en la negociación colectiva y su posición como agente social válido.

Hay gente a la que le caen mal los sindicatos. Es evidente. Hay gente a la que le caen más las huelgas. Hay gente que se dice garante -con patente de corso- de la Constitución Española, pero que no cree en el derecho a huelga ni en el derecho de los trabajadores a tener sus delegados y a estar representados dentro de las relaciones laborales, como lo está la patronal.

¿Y quienes son esos que tan mal quieren a los sindicalistas de este país? A bote pronto, los empresarios. Algunos empresarios, para ser justos.

Empresarios como Díaz Ferrán presidente de la CEOE, experto en quiebras y en pasar por el banquillo de los acusados al que sin duda, le agradaría poder despedir a sus empleados o no pagarles durante un año entero, sin las molestas protestas de los sindicalistas, sin sus “huelgas del siglo XIX” (así habla este tipo, este moderno que comenzó a amasar fortuna en el tardofranquismo gracias a ciertas relaciones nepóticas con el entorno de Arias Navarro).

También se sentirían más desahogados, con el camino expedito, quienes podrían privatizar la sanidad, la educación, nuestros servicios públicos, sin el eco de una voz de protesta en la calle, sin la sombra de una pancarta bajo los balcones de la Puerta del Sol. ¡Qué placidez, como la de los tiempos a los que se refería Mayor Oreja!

Y es que el mundo vive, desde los años 70 bajo una revolución neoconservadora, la de las privatizaciones, la desregulación, la desvalorización de la política, de lo común, de la acción colectiva, la supremacía del mercado frente a la posición de la plaza.

Bajo un tsunami que ya ha arrasado muchos de nuestros derechos, que ha arrojado muchas cosas contra las rocas (como en la presente crisis económica), pero que sigue avanzando imparable con la intención de destrozar todos los escollos que se encuentre a su paso. Y los sindicatos son todavía un freno a sus planes, ¿qué duda cabe?

Estas son algunas de las reflexiones que creo pertinentes en estos días posteriores a la huelga. Porque no es gratuita la criminalización de los sindicatos, no es inocente el cuestionamiento del derecho de los trabajadores a estar representados por aquellos delegados que democráticamente elijan. Porque todas estas críticas, muchas de ellas desaforadas, hechas con la brocha gorda, la generalización y la trampa, responden a una estrategia meticulosa y certera: la del afianzamiento de la ideología única, la de la mercadocracia sobre el poder político y el poder democrático.

Es natural, las dictaduras (muchas empiezan desde la institucionalidad) no quieren opositores. Pero aquí estamos, como estuvieron los muchos que se han dejado los años, la salud y la vida para que podamos seguir estando. Y estaremos.

Cambio en el laborismo británico

Martes, septiembre 28th, 2010

Ed Miliband da por enterrado el Nuevo Laborismo británico.

Con este rotundo titular aparecido ayer en El País se nos hace saber que el nuevo líder del laborismo británico pretende sacar al partido de la senda centrista, de la “comfort zone” en la que se introdujo de mano de Tony Blair y la Tercera Vía ideada por Anthony Giddens, autor de un libro del mismo nombre que comienza con un discutible y discutido “El socialismo ha muerto…”

El labour británico, por su importancia histórica y simbólica dentro de la socialdemocracia europea, ha sido uno de los referentes políticos claros para otros partidos socialistas del entorno.

Así, desde 1997, año en el que los laboristas alcanzan el gobierno con Tony Blair, la influencia de la Tercera Vía se ha dejado sentir en la socialdemocracia europea como un camino exitoso y casi infalible hacia el poder.

El brillante analista Vicenç Navarro, escribía hace unos meses en la revista SISTEMA que la victoria lograda por los laboristas en el 97 – a pesar de tener a favor el mensaje del cambio y el carisma del primer Blair- se produjo sólo con el apoyo del 33% del electorado y más como consecuencia del desgaste de los conservadores tras una larga estancia en el poder.

De hecho, en los subsiguientes comicios dicho apoyo popular ha ido bajando escalonadamente hasta la reciente hecatombe que ha devuelto el gobierno a los tories más por falta de los laboristas a la hora de explicar y dar soluciones valientes a a la crisis que por virtud de los primeros.

El Nuevo Laborismo y la Nueva Vía reconocían la existencia de unos cambios profundos en la sociedad, en la manera en la que los ciudadanos se situaban respecto a la economía y al Estado, en lo que los ciudadanos esperaban de la política, etc. También hablaba de una crisis en la “socialdemocracia tradicional” y de profundos cambios en el Estado del Bienestar, sin reparar en el origen ni en los actores de esos cambios ni a quienes beneficiaba este Novus Ordo Seculorum. ¿Acaso existe la casualidad en la política y en la historia? Había que adaptarse a dichos cambios, el pragmatismo así lo exigía.

De la lectura de la obra de Giddens saco algunas conclusiones: ha habido cambios sustanciales, ha habido una revolución política y cultural, sabemos quien la ha actuado: se llaman Ronald Reagan, FMI y Margaret Thatcher, la Dama de Hiero que les gobernó durante once años cargándose todo lo que oliera a público, desarbolando el concepto de ciudadanía e implantando el de “suma de individuos”, cambiando la cohesión social por un utilitarismo extremo… bien, ha habido cambios, sabemos lo que implican, a quien beneficia y a quien perjudica (ahí están los datos del Sistema Nacional de Salud y el estado de la depauperada educación pública) pero estos cambios son demasiado potentes y al fin y al cabo “hay que adaptarse”. ¿Se plantearon siquiera por un segundo el combatirlos, el tratar de revertir la inercia? Desistieron.

Así es, la Tercera Vía es desistimiento, alienación (empleo aquí a sabiendas un concepto “no adaptado”, un concepto del socialismo clásico). Alienación y enajenación de los valores de la izquierda, desposesión de la personalidad y de los propios intereses en favor de otros impuestos coactivamente desde arriba o desde mucho más arriba del “arriba” que hasta ahora conocíamos… y es que la coacción puede ser algo mucho más refinado que el simple y burdo empleo de la fuerza.

Y cuando hablamos de crisis de la Socialdemocracia, creo que nos referimos a esto, a la renuncia de nosotros y a los nuestros.

Como apunté antes, desde 1997 hasta 2010 los laboristas han perdido la escalofriante cifra de 5 millones de votos. Estos votos no han ido al Partido Conservador: han ido a los Demócratas Liberales o a la abstención. Como sucede en España, los conservadores no necesitan del voto socialista para gobernar.

En cambio, dentro de los planteamientos y objetivos electorales del Nuevo Laborismo había uno muy claro:  recabar el bienvenido y “moderno” voto del Partido Conservador, descuidando así el apoyo “tradicional” de aquellos que no abandonaron electoralmente al Laborismo si no cuando éste les abandonó a ellos dejando de preocuparse por sus problemas. Sindicatos, trabajadores y clases económicamente desfavorecidas dieron la espalda a los laboristas. Parecía que el Nuevo Laborismo solo tenía ojos y propuestas para los de “cuello blanco” (generalmente bajadas de impuestos) pervirtiendo el interclasismo propio de la socialdemocracia, ya desde Bernstein en el siglo XIX, con una poilítica de boutique alejada de la realidad de las víctimas del neoliberalismo: los más humildes.

Y en estas llegamos a la mayor crisis de la historia del capitalismo, a una crisis gestada desde la obscenidad más explícita y declarada, a un Laborismo y una socialdemocracia incapaces de plantear una enmienda a la totalidad… y a Ed Miliband, en el papel de enterrador del Nuevo Laborismo, aupado al poder por hasta seis sindicatos (entre ellos GMB y Unite, con más de dos millones de afiliados entre los dos). ¿Cambio en el laborismo británico? ¿también en el resto de Europa?

Sin duda, seguiremos con interés los pasos políticos de Ed Miliband y del Laborismo británico.

Reflexión sobre el modelo cubano

Jueves, septiembre 9th, 2010

Dicen que Fidel Castro ha dicho que “el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros”. Lo dice, supuestamente, después de que la diplomacia española  en colaboración con la iglesia católica de la isla, lograra la excarcelación de varios presos políticos cubanos y la promesa de soltar a otro grupo de disidentes. Recientemente, Castro reconoció su responsabilidad en la represión homofoba llevada a cabo por la “revolución”.

Parece que desde hace unos años algo se viene moviendo en la isla: pequeñas rectificaciones y algunos pasos encaminados hacia cierto aperturismo -sobre todo económico- y mucho más lentamente, político.

Más que vanguardistas, parecen movimientos defensivos para garantizar la supervivencia de un modelo que hoy por hoy no estaría funcionando en las propias -y supuestas- palabras del ex-presidente. Y es que la Historia ofrece valiosas lecciones: la ortodoxia partidista y la burocracia omnímoda y asfixiante terminaron por traer el colapso de la URSS.

La ortodoxia marxista-leninista y el peso de la vieja guardia revolucionaria, de las tradiciones y los decenios anteriores impidió descubrir la consustancialidad de socialismo y democracia. Separados y enfrentados, como apuntaba Norberto Bobbio, no se consigue ninguno de los dos: ni la democracia ni el socialismo.

Ciertos elementos de la izquierda hablan de “democracia material” y desprecian la “democracia formal”.

Asocian la democracia material con los derechos sociales, con el efectivo disfrute de unos derechos materiales en un régimen de igualdad y la asocian con la lucha de los partidos socialistas desde el siglo XIX. Regalan -demasiado generosamente- a los liberales el concepto de “democracia formal”, olvidando que fue precisamente el movimiento obrero el que más hizo por la concreción y extensión de esa democracia formal, que no puede por menos que ser complemento imprescindible de la material.

Antes que seguros de desempleo, antes que escuelas para sus hijos y antes que unas condiciones dignas de trabajo, los obreros pedían poder agruparse en partidos y sindicatos, poder hablar, poder manifestarse y poder votar… precisamente para poder conseguir -desde el poder- esas escuelas y esa calidad de vida de las que solo disfrutaba la minoría. Y el estatus político liberal, naturalmente censitario y representante de esa élite, tuvo que ceder -casi siempre a regañadientes- ante esas presiones populares en el sentido de “democratizar la democracia formal”. La democracia formal también es cosa nuestra, despreciarla es un error de fondo y no es socialista. Despreciarla es sinónimo de dictadura.

La Historia también nos ha mostrado como bajo una bandera roja pueden generarse regímenes sociales basados en la dominación de clase, en la opresión cultural, el autoritarismo, la desigualdad y el monopolio económico, exactamente igual que bajo un regímen capitalista. Y el socialismo es tan contrario a un modelo económico (el capitalista neoliberal) que deja a millones sin derecho a percibir una prestación sanitaria o educativa, por ejemplo, como a un modelo que deja a millones sin votar, sin hablar, sin pensar, sin derecho a reunirse.

Esa es la verdadera reforma que estamos esperando los progresistas de todo el mundo (los otros sólo esperan un colapso que reconvierta a Cuba en el patio trasero de los mercados internacionales). Una reforma política además de económica que no debe hacerse de cara a esos mercados  -como las de China- en un intento de posibilitar una imagen más amable del régimen, sino pensando en los propios cubanos, pensando en el inicio de una segunda revolución democrática e institucional que permita el pluripartidismo y las demás libertades políticas y civiles.

Quiero concluir con unas letras de Rosa Luxemburgo, en las podría apoyar mi reflexión en favor de un Socialismo sin Barbarie en Cuba.

Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas (…) de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués (…)

Hacienda tenemos que ser todos

Lunes, abril 12th, 2010

El de “Hacienda somos todos” es uno de los slogan institucionales más recordados, repetidos y exitosos. Sin embargo, esta sencilla frase que recuerda a los españoles su responsabilidad contributiva anual para con las arcas del Estado, se olvida a menudo y se pervierte a golpe de realidad.

El artículo 31.1 de la C.E establece que todos los españoles contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad.

Para el sostenimiento de los gastos públicos, el Estado impone a los ciudadanos una participación económica según los preceptos constitucionales de “igualdad” y “progresividad”, confirmados por la numerosa jurisprudencia constitucional al respecto.

De tal modo que Jaume Matas y Carlos Fabra son Hacienda. Los deportistas españoles que ondean briosamente la bandera cuando ganan… pero se llevan los ahorros a Suiza, también son Hacienda. Los empresarios españoles que hacen algo más que turismo en Gibraltar,  las Caimán o las Seychelles, también.  Y los de las intolerables SICAV. Y ni siquiera hay que irse tan lejos ni buscar a los grandes defraudadores: tu vecino el autónomo – el que solo trabaja sin factura- ese también es Hacienda. O debería serlo. Todos deberíamos serlo.

La economía sumergida en España supera el 25% del PIB, duplicando la media de los países europeos (13%). Recordemos que cuando hablamos de economía sumergida, estamos hablando de fraude, de la ocultación bajo cuerda de 208.000 millones de euros y de la pérdida vía impuestos de 21.000 millones.

¿Por qué en España se defrauda el doble que en el resto de Europa?. Cabría pensar que tenemos unos impuestos abusivos, exagerados, que obligan a la gente a buscarse las vueltas incluso recurriendo a la antropológica “picaresca española”.

Lo cierto es que España es uno de los países en los que menos impuestos se pagan -amén de las sistemáticas bajadas de impuestos que han realizado los distintos gobiernos, cuestión que ya hemos comentado aquí-. Por ejemplo: el IVA que revuelve a Esperanza Aguirre, actualmente se sitúa en un 16%, el más bajo del entorno, y su subida, aunque pueda discutirse, será reducida…

Si desde lo objetivo no se puede explicar estos quiebros y requiebros para esconderse del fisco, habrá que acudir al análisis de las percepciones subjetivas: a la cultura política.

En cierta medida ya abordamos esta tarea en otra ocasión [Alivio fiscal y fin del Estado del Bienestar] haciendo referencia al impacto de los coronados mensajes del neoliberalismo sobre nuestras vidas.

¿Cómo no se va a engañar a la sociedad mediante la no declaración de impuestos?  ¿cómo vamos a ser corresponsables de la buena marcha de la sociedad política y de las arcas del Estado si, directamente  “la sociedad no existe” y el “Estado es parte del problema” ? Ese era el mensaje básico y sociopata de Reagan y Thatcher, literal.

La sociedad no existe, los ciudadanos no somos ciudadanos, somo -solo-individuos, somos átomos individualizados, no parte activa de un sistema. Debemos preocuparnos de nada más que de nuestro ámbito más cercano sin permitir que nadie ni nada entre en nuestra burbuja -incluido el Estado- y para eso, dicho sea de paso, “dios” nos dio el “derecho” de poseer armas. Eso sí, tenemos todo el derecho del mundo para quejarnos de las infraestructuras, de la sanidad y de lo bajas que son las pensiones.

Los trabajos del CIS sobre cultura política en España nos revela que cada vez somos más individualistas, que cada vez confiamos menos en los políticos, en la política, en lo que es de todos… y no solo eso, también desconfiamos del resto de ciudadanos. Solo así, desde una perspectiva asocial puede entenderse esta relación de enemistad con casi todo lo que trascienda los X metros cuadrados de nuestra vivienda.

Un amigo, conocedor cercano de la realidad escandinava me dijo que en Suecia engañar al Estado es poco más o menos como engañar a tu familia, como ocultar una infidelidad. Y eso que en Suecia se paga un IVA del 25% y por tanto, la contribución fiscal personal es mayor.

Puede decirse que en esos países, que han construido su modernidad desde la democracia -desde la socialdemocracia- y que han emprendido la construcción del mejor sistema de protección social posible como una tarea nacional y transgeneracional, sí existe una conciencia cívica y social plena. Existe y puede existir como un valor la idea de la solidaridad, tan denostada por el ultraliberalismo.

La presión social -y en consecuencia legal- sobre el defraudador, sobre el político corrupto o sobre el empresario irresponsable debe ser mucho mayor en ese contexto socio-político que la que se produce en este país en el que se celebra el engaño a Hacienda, en el que la corrupción no tiene impacto electoral para muchos ciudadanos y en el que los empresarios chapuzas llegan a presidir la patronal.

Como casi siempre digo, los problemas, los vicios que se enraizan en la cultura política solo pueden ser subsanados mediante la pedagogía, mediante la reflexión, el debate y la conciencia.

No puede ser que Hacienda seamos todos -pero unos más que otros-.

¿Puede/Debe Díaz Ferrán seguir al frente de la patronal española?

Martes, marzo 16th, 2010

La pregunta vuelve a estar en el aire tras el cierre de Mercurio, una aseguradora propiedad de Ferrán que se suma a las ruinas de Air Comet y Aerolineas Argentinas, esta última graciosamente regalada por José María Aznar cuando estaba en el gobierno.

Un empresario que reconoce que ni siquiera él volaría en sus aerolineas y que responsabiliza a sus impagados trabajadores de las distintas quiebras que tiene en su haber, un empresario que encarna perfectamente la hipocresía neoliberal de los beneficios privatizados, las pérdidas socializadas,  es el que representa al 95% del millón de empresarios que integra la CEOE.

Un empresario que tiene cuentas pendientes con la justicia de  la República Argentina y de nuestro país y que empezó a amasar su fortuna en las postrimerías del régimen franquista gracias a una relación familiar de su principal socio -Gonzalo Pascual Arias- con Carlos Arias Navarro.

Visto lo visto, ¿les representa Pufo-Man? ¿realmente quieren los empresarios españoles estar representados por un irresponsable que dice que la economía y los negocios son “una lotería”? ¿por alguien que da a los centenares de trabajadores impagados la consideración de daños colaterales de sus juegos de azar? ¿se ven representados por un irresponsable que va dejando un reguero de desastres por sus propias empresas? ¿es este el típico empresario español?

Por cierto, desde la finiquitada Mercurio se hicieron donaciones a Fundescam, la fundación fantasma con la que el PP financió la campaña de la cojounuda Esperanza Aguirre en 2003 (cuando el tamayazo). Por si queda alguien que todavía no sepa que esta gente va en el mismo saco, que son lo mismo: unos brazo político y otros el brazo empresarial. Y menos mal que no tienen el militar, como hace 74 años.