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Reflexión sobre el modelo cubano

Jueves, septiembre 9th, 2010

Dicen que Fidel Castro ha dicho que “el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros”. Lo dice, supuestamente, después de que la diplomacia española  en colaboración con la iglesia católica de la isla, lograra la excarcelación de varios presos políticos cubanos y la promesa de soltar a otro grupo de disidentes. Recientemente, Castro reconoció su responsabilidad en la represión homofoba llevada a cabo por la “revolución”.

Parece que desde hace unos años algo se viene moviendo en la isla: pequeñas rectificaciones y algunos pasos encaminados hacia cierto aperturismo -sobre todo económico- y mucho más lentamente, político.

Más que vanguardistas, parecen movimientos defensivos para garantizar la supervivencia de un modelo que hoy por hoy no estaría funcionando en las propias -y supuestas- palabras del ex-presidente. Y es que la Historia ofrece valiosas lecciones: la ortodoxia partidista y la burocracia omnímoda y asfixiante terminaron por traer el colapso de la URSS.

La ortodoxia marxista-leninista y el peso de la vieja guardia revolucionaria, de las tradiciones y los decenios anteriores impidió descubrir la consustancialidad de socialismo y democracia. Separados y enfrentados, como apuntaba Norberto Bobbio, no se consigue ninguno de los dos: ni la democracia ni el socialismo.

Ciertos elementos de la izquierda hablan de “democracia material” y desprecian la “democracia formal”.

Asocian la democracia material con los derechos sociales, con el efectivo disfrute de unos derechos materiales en un régimen de igualdad y la asocian con la lucha de los partidos socialistas desde el siglo XIX. Regalan -demasiado generosamente- a los liberales el concepto de “democracia formal”, olvidando que fue precisamente el movimiento obrero el que más hizo por la concreción y extensión de esa democracia formal, que no puede por menos que ser complemento imprescindible de la material.

Antes que seguros de desempleo, antes que escuelas para sus hijos y antes que unas condiciones dignas de trabajo, los obreros pedían poder agruparse en partidos y sindicatos, poder hablar, poder manifestarse y poder votar… precisamente para poder conseguir -desde el poder- esas escuelas y esa calidad de vida de las que solo disfrutaba la minoría. Y el estatus político liberal, naturalmente censitario y representante de esa élite, tuvo que ceder -casi siempre a regañadientes- ante esas presiones populares en el sentido de “democratizar la democracia formal”. La democracia formal también es cosa nuestra, despreciarla es un error de fondo y no es socialista. Despreciarla es sinónimo de dictadura.

La Historia también nos ha mostrado como bajo una bandera roja pueden generarse regímenes sociales basados en la dominación de clase, en la opresión cultural, el autoritarismo, la desigualdad y el monopolio económico, exactamente igual que bajo un regímen capitalista. Y el socialismo es tan contrario a un modelo económico (el capitalista neoliberal) que deja a millones sin derecho a percibir una prestación sanitaria o educativa, por ejemplo, como a un modelo que deja a millones sin votar, sin hablar, sin pensar, sin derecho a reunirse.

Esa es la verdadera reforma que estamos esperando los progresistas de todo el mundo (los otros sólo esperan un colapso que reconvierta a Cuba en el patio trasero de los mercados internacionales). Una reforma política además de económica que no debe hacerse de cara a esos mercados  -como las de China- en un intento de posibilitar una imagen más amable del régimen, sino pensando en los propios cubanos, pensando en el inicio de una segunda revolución democrática e institucional que permita el pluripartidismo y las demás libertades políticas y civiles.

Quiero concluir con unas letras de Rosa Luxemburgo, en las podría apoyar mi reflexión en favor de un Socialismo sin Barbarie en Cuba.

Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas (…) de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués (…)

La cara de la dignidad

Jueves, febrero 25th, 2010

La disidencia en Cuba es la cara de un albañil negro, la de un trabajador muerto en una de las prisiones del paraíso comunista. Una cara que no casa con el perfil de “disidente” que nos habían hecho los propagandistas de aquí y de allí, los que van quedando, los irredentos, que haberlos haylos. Orlando Zapata Tamayo no era un mafioso multimillonario residente en Miami, no recibía un sueldo del Imperio ni tenía oscuros intereses económicos sobre la isla, solo el deseo de poder desarrollar una vida en libertad, con derechos y con dignidad en su propio país.

La cara de la disidencia también es la cara semioculta de una madre que denuncia las torturas a las que fue sometido su hijo en la prisión en la que cumplía 25 años de condena acusado por pensar. Orlando murió tras días de huelga de hambre en una de las cárceles del Estado, murió pues bajo la responsabilidad del Estado Cubano, único culpable de esta muerte.

Por cosas como esta cada vez son menos los que encuentran argumentos  para justificar la pervivencia de la dictadura cubana. En la mayor parte de la izquierda democrática mundial ya no se siente empatía por eso que fue hace cincuente años una revolución de igualdad y soberanía.

Hoy es difícil llamar “revolución” a una dictadura hereditaria que ya dura medio siglo. Aún más complicado es decir que Cuba es una “democracia”…a menos que se estemos hablando de una de esas “democracias orgánicas”, insulto que usó el franquismo para dulcificar su régimen de tiranía.

En Cuba dejó de haber una “revolución” cuando se comenzó a ver que aquello no era más que un cambio de carcelero. La dictadura de Batista por la de Castro (o los Castro); la de las oligarquías económicas por la de la oligarquía del partido único, (que también genera clases y desigualdades); el servilismo a las empresas de Washington por la asfixiante hegemonía ideológica y moral de un comité político.

Una distopía, una fotografía en negativo de ese paraíso terreno invocado como un salmo en los libros rojos.

La cara de Orlando Zapata me evoca un deseo truncado de libertad, es la cara de la rebeldía, la de la verdadera revolución. La que tiene que llegar.

¿Qué es ser comunista en 2009?

Lunes, noviembre 9th, 2009

Siendo ésto algo demasiado parecido a lo que era en 1959 o en 1917, entiendo la paulatina conversión del otrora pujante Partido Comunista de España en un partido meramente testimonial. Si es lo que nos explica la “joven” Esther López Barceló en una entrevista a El País, lo entiendo perfectamente.

El entrecomillado para la palabra joven no pone en duda la edad de la entrevistada, solo la actualidad de términos tales como “dictadura del proletariado”, “partido único” o “poder burgués”, vocablos que, en boca de cualquiera, envejecen y encanecen hasta al más pipiolo.

Con motivo del último Congreso del PCE, el diario El País ha entrevistado a Willy Meyer (eurodiputado por IU) y a la susodicha López Barceló dando la sensación de que uno y otro intercambian los papeles. La “joven” se muestra más purista, es más pureta, que el otro político: miembro de la vieja guardia, afiliado en 1970 y cercano a las seis décadas de vida.

Veamos un botón de muestra del dogmatismo político, la intransigencia y los análisis sociales y económicos de una sociedad que ya no existe a cargo de esta chica que aún suspira por la dictadura del proletariado, las hoces y los martillos, en este, nuestro 2009. La cursiva es de este post de Netoratón.

Bien, ahí van algunas perlas de la “joven”:

Sobre la dictadura del proletariado: Cuando la toma la burguesía (la dictadura) no es democracia; cuando nosotros tomemos el poder se llamará dictadura del proletariado.

En este punto, el mozo Willy Meyer, que sí ha vivido una dictadura, que sí sabe lo que es eso, le recuerda que “dictadura, ni la del proletariado”.

Sobre Cuba: La realidad cubana es la democracia más profunda que he vivido yo en cualquier país.

Más sobre el fetiche isleño: Yo no estoy a favor del sistema de partido único pero es un sistema mucho más democrático y participativo del que tengo yo aquí en España (¿?)

Preguntada sobre los (para ella inexistentes) presos políticos cubanos: Hay tantos presos políticos como en España. Que vaya la audaz señorita a hablarle de presos políticos a la familia de Eduardo Puelles, por ejemplo. Alguien preso por calcinar a un hombre o por dar apoyo político o económico a quienes ponen las bombas bajo los coches no es un preso político, es un criminal de la peor calaña y está convenientemente encarcelado.

Sobre los fusilamientos en Cuba: Pues claro. Pero a ver… ¿Eso mancha un régimen para siempre? ¡No, claro que la sangre no mancha! Matar un poquito no está mal si a los vivos (excluyendo a los presos y a los balseros) se les garantiza la suya con una sanidad mejor que la de otros países centroamericanos. Franco mató un poquito, pero hizo pantanos y comenzó con la instauración de la seguridad social, ya saben: ¡mereció la pena!.

Estas son algunas de las cabriolas ideológicas, de las profundas contradicciones de este comunismo de 2009, más carca y más reaccionario que el de 1979, pero menos que el de 2019. Con tanta cabriola y tanto triple salto mortal hacia atrás se corre el riesgo de descalabrarse, que es lo que les ha pasado a estos camaradas con olor a naftalina.

El utopismo y el idealismo juvenil convertidos al totalitarismo de unos “poquitos” fusilamientos, “unos cuantos” presos políticos encarcelados justamente por desafiar al régimen, al totalitarismo del partido único, a una Yoani Sánchez apalizada por los matones del régimen… sin condena de estos “jóvenes” comunistas que hasta se atreven a dar lecciones de democracia a quienes no somos más que unos traidores socialdemócratas

-PS: Ricardo Royo, de Izquierda Unida, también piensa que “dictadura, ni la del proletariado” (y eso que sigue estando a sueldo de Moscú)

El libro que Obama tiene que leer

Lunes, abril 20th, 2009
Espero que Obama tenga tiempo de ojear el libro que le ha regalado el presidente venezolano durante la última Cumbre de las Américas celebrada en Puerto España.
Una cumbre, todos coinciden, que en principio marca una nueva actitud de Estados Unidos hacia América Latina, a la espera de vislumbrar una política consecuentemente renovada, ese “nuevo comienzo”, anunciado por el presidente demócrata.
Obama parece decidido a abandonar la prepotencia abusona de George Bush y sus halcones y constatar por fin el fracaso de la política estadounidense llevada a cabo durante medio siglo en su “patio trasero”.

Volvamos al tema del ejemplar con el que fue obsequiado Mr. Obama.
La obra en cuestión lleva por título “Las venas abiertas de América Latina”, a muchos os sonará, y fue escrita por Eduardo Galeano, considerado todo un referente del progresismo en el continente americano.

En su obra, Galeano establece, desde el tiempo de los conquistadores, una cronología en torno a la constante dependencia económica (y política) de los pueblos latinoamericanos respecto a un colonizador -primero españoles y portugueses- o de un neo-colonizador económico y político encarnado esta vez en la figura del muchas veces irrespetuoso vecino del norte. El vecino que promovió un golpe contra el presidente brasileño Joao Goulart al pretender una reforma agraria en su país, el que ayudó a los militares sublevados en Chile a las órdenes del genocida Augusto Pinochet en el año 1973, o el que desarrolló, entre otras, las intervenciones militares en Panamá o Nicaragua para salvaguardar sus intereses económicos.

Quienes se arrogan la medalla del liberalismo, acostumbran referirse al libro de Galeano como “La biblia del perfecto idiota latinoamericano” y tildan a su autor de “extremista y antidemócrata” (léase contraportada de ABC de hoy).

En mi más joven juventud leí ese libro, cuando pasé de juntar letras a juntar ideas e hilar reflexiones. Puede decirse que ese libro contribuyó determinantemente en mí a la hora de convertirme en el idiota que ahora soy.
Un idiota que piensa que reforzando el Estado-Nación, que apuntalando la soberanía económica y política de cualquier país latinoamericano, que realizando una reforma estructural de las relaciones económicas y de poder en beneficio de la nación, que afianzando las instituciones democráticas en el sustrato de la educación universal, la alfabetización, los servicios sociales y declarando la guerra a la corrupción… todas esas naciones lograrían salir de su endémico subdesarrollo.
Ah y sin que tengan que cerrarse cadenas de televisión, mantenerse sistemas políticos de partido único o realizarse persecuciones a la oposición por el camino.
La democracia, pues de eso se trata en realidad, de democracia política y económica, sólo puede llegar mediante el convencimiento y la persuasión. Por eso yo soy socialdemócrata y por eso me criticarán y me llamarán idiota (por distintos motivos) desde los dos bandos.

Por cierto, que faltones los liberales. Desde luego, menuda idiotez creer en un mundo mejor. Creer que todas las naciones del mundo tienen derecho a ser naciones normales, libres y soberanas y no patios, casinos, prostíbulos o postales idílicas de decorado y hotel con piscina, al servicio de los ricos de los países ricos. Saber que con un euro al día, no se vive, solo se sobrevive a duras penas.

Esto no es idiotez esto, creo yo, es justicia. Y para que llegue, se necesita un contexto de no hostigamiento, de no injerencia (irrespetuosa) por parte de los Estados Unidos.

Vientos de cambio agitan Cuba

Miércoles, abril 15th, 2009
No quería dejar pasar la oportunidad de comentar una de las noticias más importantes de las últimas semanas: el cambio anunciado en EEUU respecto a Cuba.
El fin de las restricciones a los viajes, a los intercambios académicos, culturales y deportivos y al envío de dinero estadounidense a la isla de Cuba anunciado por el presidente Barack Obama, es algo más que eso.

Implica, o puede implicar, el inicio de un nuevo ciclo en las relaciones entre estos dos países vecinos, desde 1959 tan lejanos y encarados; puede significar la apertura de una vía de futuro hacia la normalización de las relaciones diplomáticas y económicas entre ambos países. Podría significar un primer paso en el largo camino hacia la definitiva apertura política del régimen cubano en materia de derechos humanos y libertades políticas.

El presidente demócrata de los Estados Unidos ha comenzado a desmontar ese correoso e inhumano cepo que mantuvieron administraciones anteriores sobre el gobierno de Cuba (en realidad sobre el pueblo cubano)
Como consecuencia de la obstinada estrategia mantenida por los Estados Unidos respecto al bloqueo y las vedas, el castrismo se enrocaba más y más sobre sí mismo, se curtía y endurecía dentro de esas fronteras y muros que los propios estadounidenses se afanaban en apuntalar.

Ahora parece que va a suceder lo contrario. Las minadas lineas divisorias aparentan desactivarse poco a poco, Castro dice querer “ayudar” a Obama y por primera vez en mucho tiempo, un grupo de parlamentarios estadounidenses, abiertamente opuesto al bloqueo, ha podido entrar en la isla como delegación oficial.

Poner una data de caducidad total al bloqueo, como pide buena parte de la opinión internacional, dependerá en buena medida de la respuesta que ofrezca el régimen a esta primera oferta estadounidense.

Estratégicamente, este cambio de actitud por parte de EEUU, parece instar, casi obligar, a un cambio en la otra parte.
El castrismo tiene ante sí un lance importante: adaptar el mensaje de confrotación total que ha prevalecido (y valido) durante 50 años, a la nueva situación y dar alguna respuesta a ese sector creciente de la sociedad (y del partido) que parece apostar por la apertura.
Por si fuera poco, el turismo supondrá un importante reto para las estructuras del país, que recibira una fuerte inyección de capital y de visitantes que no sólo traerán billetes verdes, también traerán nuevas ideas y modos de vida, como sucedió en la España de los sesenta.

El turismo en la España del franquismo tardío sirvió para algo más que para dar argumento a peliculas más o menos picantonas sobre suecas y alemanas.
El turismo y el intercambio de personas son un innegable elemento dinamizador, una muestra de otros modos de vida y de pensamiento. Y según algunos observadores, los viajes a la isla se triplicarán.

¿Se verá desbordado el castrismo? ¿Qué pasará tras la muerte de Fidel -principal escollo para el cambio-? ¿Raúl acompañará la tímida apertura económica con la apertura política? ¿Cómo responderá el castrismo a los estímulos estadounidenses? ¿Estamos en un punto de inflexión en las relaciones entre EEUU y Latino América? ¿Está Cuba preparada para un cambio importante en su escenario político interno?. Son preguntas que sólo hallaran solución con el paso del tiempo y la sucesión de los acontecimientos.

Como premisa, las relaciones entre EEUU y Cuba deben basarse a partir de ahora en el respeto de la soberanía, en la reciprocidad y en la no injerencia. Nunca más en las conspiraciones y en los abusos.
Obama, en sus escasos meses de presidencia, ha hecho algo que se esperaba desde 1959 y que puede desembocar en algo que también esperan muchos cubanos: su libertad política en el marco de un régimen pluripartidista y de respeto a los derechos básicos de la ciudadanía.

Un pequeño detalle, Cayo

Lunes, febrero 16th, 2009
“Los cubanos tienen democracia y tienen elecciones, sólo que con partido único”
Cayo dixit

Nada, un pequeño detalle, una nimiedad, algo sin importancia… Menudo derroche de estulticia y de hipocresía.

Una democracia de partido único es una dictadura, señor mío. Eso está en los manuales.

Una dictadura como la franquista. Como la llamada “democracia orgánica”, (apelativo blasfemo con el que se auto-bautizó el régimen de Francisco Franco).

Ese régimen que reprueba y condena de principio a fin Izquierda Unida, mientras entrega su bendición a otras dictaduras (también conocidas a partir de ahora como democracias de partido único)

Ya decía yo que con la elección de este señor, Izquierda Unida perdería bastante en seriedad, en credibilidad (y por consiguiente, en votos).

A este demócrata orgánico no le pica que en Cuba todos los partidos menos uno, estén prohibidos y perseguidos por el régimen.
En cambio parece indignarle la ilegalización de las listas de D3M y Askatasuna ,considerando esto como algo “peligroso”.

Esta contradicción flagrante en la misma entrevista… Lo dicho, esto no es serio.