Ya tenemos candidato.

octubre 5th, 2010  / Autor: Alberto Ginel Saúl

Con los ajustados resultados de las elecciones primarias madrileñas, ya tenemos candidato. Nuestro partido y nuestros militantes ya tienen un candidato con el que presentar batalla a la derecha en la Comunidad y el ayuntamiento de Madrid. Independientemente del candidato o candidata que hayamos apoyado en este importante proceso democrático, el más democrático, con estos bueyes vamos a arar a partir de ahora. Y celebrar en estos días que la boyada haya visto reforzado su músculo y su vitalidad, a la espera de que los ciudadanos quieran sumarse a nuestro trabajo de cara al 22 de mayo. El terreno es agreste y las condiciones complicadas, pero puede hacerse.

Hice público mi apoyo a Trinidad Jiménez, incluso tuve la oportunidad -más bien el honor- de hacer aun más público este apoyo en el acto de apertura de campaña de la entonces precandidata.  Sinceramente creía que tenía más posibilidades: hice mis propias “encuestas” entre mis compañeros de clase, entre mis amigos y conocidos, incluso arranqué alguna confidencia de algún amigo de la derecha: Trini inquietaba a la derecha y parecía ilusionar más en la izquierda. Su carisma, su trayectoria, su mayor nivel de conocimiento en Madrid y su manera de conectar con medios  y ciudadanos.

También he sido públicamente crítico con Tomás Gómez (mejor dicho con su linea política y discursiva) cuando he tenido que serlo, haciendo uso de mi libertad de expresión ya no de militante si no de ciudadano y persiguiendo la consideración de unos valores que creía demasiado importantes como para ser “matizados” o “adulterados”. No es dogmatismo, es identidad, es querer que los ciudadanos de Madrid (sus jovenes, los usuarios de la sanidad, los estudiantes, los dependientes y los trabajadores) nos reconozcan y se reconozcan en nosotros.

Si hay motivos (políticos) racionales para ello, seguiré dando “toques” a nuestro secretario general -y ahora candidato- toques seguramente inaudibles, desde esta humilde bitácora, pues no tengo otro medio al no ser miembro del comité regional del partido.

Más allá de todo esto, los que -también públicamente- veníamos pidiendo primarias en el Partido Socialista de Madrid nos hemos encontrado cómodos en este proceso. El domingo lo pasé “de sol a sol” en la Agrupación Socialista de Alcorcón y en el momento preciso del recuento de votos olvidé los nervios típicos de un instante así para sentir un orgullo legítimo y un orgullo de socialista.Ahora hay que convertir la excepción en norma. Los ciudadanos sabrán valorarlo.

Por tanto, una positiva experiencia pese a que mi candidata haya perdido por un 2% de los votos. Positivo en lo personal: trabajar intensamente al lado de compañeros y amigos o amigos y compañeros (tras casi seis años en esto ya no importa el orden). Y positivo en lo político: porque el PSM ha renacido de las cenizas del desasosiego y la inercia, se ha movilizado como hacía tiempo que no ocurría y se ha volcado con uno de los dos candidatos, que era, en todo caso, volcarse con el PSM y con el socialismo en Madrid: los dos eran candidatos de las bases, los avales y el similar número de votos lo demuestra.

Pese a que las insidias de la derecha, esa derecha que no conoce las primarias ni por asomo, esa derecha que ni ha oído hablar de democracia interna, la derecha del ordeno y mando y el dedo designador pretenden presentar el resultado como una sonora derrota de Zapatero. El secretario general federal de nuestro partido, también elegido por primarias, se refuerza con un partido socialista de Madrid fuerte. No hay más.

Una última cosa: que la actividad se mantenga, que el músculo no se relaje, que aprovechemos  el impulso para llegar lo mejor posible a mayo de 2011. Aquí no hay heridas, aquí no debería volver a ponerse sufijos a los nombres o los apellidos de los popes para formalizar banderías de mesa camilla. Aquí sólo nos debe importar un “ismo”, un “ista” y sólo nos debe importar nuestro Madrid.

Vamos allá.

29-S y siguientes…

octubre 2nd, 2010  / Autor: Alberto Ginel Saúl

Ya se ha hablado bastante sobre la pasada huelga general: sus motivos, las cifras de seguimiento, su alcance etc.

Convendría que reflexionásemos también a cerca de lo que puede suceder tras esta especie de “examen” de la huelga al que muchos han querido someter a los sindicatos.

Ha existido una campaña política y mediática iniciada  en los días previos a la huelga general para poner en la picota a los liberados sindicales, convirtiéndolos en el pim-pam-pum de todos aquellos que desconocen de su importancia para garantizar el ejercicio del derecho constitucional de sindicación y representación de los obreros y de aquellos que, sabiéndolo -y precisamente por ello- les atacaron furibundamente obviando, por ejemplo, la siguiente realidad: la de los 1521 liberados políticos que actualmente viven a sueldo de la Comunidad de Madrid (793 más que cuando se hizo con el poder en el 2003). O el dinero que gasta nuestra presidenta en “publicidad institucional” (léase autobombo) incumpliendo la ley que elaboró el gobierno de la nación para limitar su uso. O el gasto que supone mantener una televisión pública madrileña que no lo es, que está al servicio de un partido y no de los sindicatos. O de la evasión de impuestos y la corrupción, verdaderas lacras que sí desangran nuestras arcas públicas.

La campaña continuó el mismo día de la huelga con la imposición de unos servicios mínimos abusivos e impuestos por decreto por la Comunidad de Madrid y con la criminalización de los piquetes informativos, haciendo extensivo a todos ellos los actos de violencia minoritaria y aislada que se produjeron en algunos lugares. Hasta se llegó a imputar a los piquetes y a los sindicalistas los actos de gamberrismo llevados a cabo por “vándalos profesionales” ajenos a los sindicatos.

Desde los medios de la derecha se llegó a hablar de “huelga borroka”, vinculándola explícitamente con un tipo de terrorismo. También se dijo que los sindicatos eran una “mafia financiada por Zapatero”. Nadie dijo, sin embargo, ni una palabra acerca de las presiones menos -o nada- visibles de los empresarios que “pasaron lista” el día de la huelga amenazando con depurar sus plantillas al más puro estilo decimonónico…

Y en el día después -y a esto es a lo que vamos- se habló de “Fracaso General” de la huelga, azuzando el debate sobre la representatividad real de los sindicatos, su papel en la negociación colectiva y su posición como agente social válido.

Hay gente a la que le caen mal los sindicatos. Es evidente. Hay gente a la que le caen más las huelgas. Hay gente que se dice garante -con patente de corso- de la Constitución Española, pero que no cree en el derecho a huelga ni en el derecho de los trabajadores a tener sus delegados y a estar representados dentro de las relaciones laborales, como lo está la patronal.

¿Y quienes son esos que tan mal quieren a los sindicalistas de este país? A bote pronto, los empresarios. Algunos empresarios, para ser justos.

Empresarios como Díaz Ferrán presidente de la CEOE, experto en quiebras y en pasar por el banquillo de los acusados al que sin duda, le agradaría poder despedir a sus empleados o no pagarles durante un año entero, sin las molestas protestas de los sindicalistas, sin sus “huelgas del siglo XIX” (así habla este tipo, este moderno que comenzó a amasar fortuna en el tardofranquismo gracias a ciertas relaciones nepóticas con el entorno de Arias Navarro).

También se sentirían más desahogados, con el camino expedito, quienes podrían privatizar la sanidad, la educación, nuestros servicios públicos, sin el eco de una voz de protesta en la calle, sin la sombra de una pancarta bajo los balcones de la Puerta del Sol. ¡Qué placidez, como la de los tiempos a los que se refería Mayor Oreja!

Y es que el mundo vive, desde los años 70 bajo una revolución neoconservadora, la de las privatizaciones, la desregulación, la desvalorización de la política, de lo común, de la acción colectiva, la supremacía del mercado frente a la posición de la plaza.

Bajo un tsunami que ya ha arrasado muchos de nuestros derechos, que ha arrojado muchas cosas contra las rocas (como en la presente crisis económica), pero que sigue avanzando imparable con la intención de destrozar todos los escollos que se encuentre a su paso. Y los sindicatos son todavía un freno a sus planes, ¿qué duda cabe?

Estas son algunas de las reflexiones que creo pertinentes en estos días posteriores a la huelga. Porque no es gratuita la criminalización de los sindicatos, no es inocente el cuestionamiento del derecho de los trabajadores a estar representados por aquellos delegados que democráticamente elijan. Porque todas estas críticas, muchas de ellas desaforadas, hechas con la brocha gorda, la generalización y la trampa, responden a una estrategia meticulosa y certera: la del afianzamiento de la ideología única, la de la mercadocracia sobre el poder político y el poder democrático.

Es natural, las dictaduras (muchas empiezan desde la institucionalidad) no quieren opositores. Pero aquí estamos, como estuvieron los muchos que se han dejado los años, la salud y la vida para que podamos seguir estando. Y estaremos.

Cambio en el laborismo británico

septiembre 28th, 2010  / Autor: Alberto Ginel Saúl

Ed Miliband da por enterrado el Nuevo Laborismo británico.

Con este rotundo titular aparecido ayer en El País se nos hace saber que el nuevo líder del laborismo británico pretende sacar al partido de la senda centrista, de la “comfort zone” en la que se introdujo de mano de Tony Blair y la Tercera Vía ideada por Anthony Giddens, autor de un libro del mismo nombre que comienza con un discutible y discutido “El socialismo ha muerto…”

El labour británico, por su importancia histórica y simbólica dentro de la socialdemocracia europea, ha sido uno de los referentes políticos claros para otros partidos socialistas del entorno.

Así, desde 1997, año en el que los laboristas alcanzan el gobierno con Tony Blair, la influencia de la Tercera Vía se ha dejado sentir en la socialdemocracia europea como un camino exitoso y casi infalible hacia el poder.

El brillante analista Vicenç Navarro, escribía hace unos meses en la revista SISTEMA que la victoria lograda por los laboristas en el 97 – a pesar de tener a favor el mensaje del cambio y el carisma del primer Blair- se produjo sólo con el apoyo del 33% del electorado y más como consecuencia del desgaste de los conservadores tras una larga estancia en el poder.

De hecho, en los subsiguientes comicios dicho apoyo popular ha ido bajando escalonadamente hasta la reciente hecatombe que ha devuelto el gobierno a los tories más por falta de los laboristas a la hora de explicar y dar soluciones valientes a a la crisis que por virtud de los primeros.

El Nuevo Laborismo y la Nueva Vía reconocían la existencia de unos cambios profundos en la sociedad, en la manera en la que los ciudadanos se situaban respecto a la economía y al Estado, en lo que los ciudadanos esperaban de la política, etc. También hablaba de una crisis en la “socialdemocracia tradicional” y de profundos cambios en el Estado del Bienestar, sin reparar en el origen ni en los actores de esos cambios ni a quienes beneficiaba este Novus Ordo Seculorum. ¿Acaso existe la casualidad en la política y en la historia? Había que adaptarse a dichos cambios, el pragmatismo así lo exigía.

De la lectura de la obra de Giddens saco algunas conclusiones: ha habido cambios sustanciales, ha habido una revolución política y cultural, sabemos quien la ha actuado: se llaman Ronald Reagan, FMI y Margaret Thatcher, la Dama de Hiero que les gobernó durante once años cargándose todo lo que oliera a público, desarbolando el concepto de ciudadanía e implantando el de “suma de individuos”, cambiando la cohesión social por un utilitarismo extremo… bien, ha habido cambios, sabemos lo que implican, a quien beneficia y a quien perjudica (ahí están los datos del Sistema Nacional de Salud y el estado de la depauperada educación pública) pero estos cambios son demasiado potentes y al fin y al cabo “hay que adaptarse”. ¿Se plantearon siquiera por un segundo el combatirlos, el tratar de revertir la inercia? Desistieron.

Así es, la Tercera Vía es desistimiento, alienación (empleo aquí a sabiendas un concepto “no adaptado”, un concepto del socialismo clásico). Alienación y enajenación de los valores de la izquierda, desposesión de la personalidad y de los propios intereses en favor de otros impuestos coactivamente desde arriba o desde mucho más arriba del “arriba” que hasta ahora conocíamos… y es que la coacción puede ser algo mucho más refinado que el simple y burdo empleo de la fuerza.

Y cuando hablamos de crisis de la Socialdemocracia, creo que nos referimos a esto, a la renuncia de nosotros y a los nuestros.

Como apunté antes, desde 1997 hasta 2010 los laboristas han perdido la escalofriante cifra de 5 millones de votos. Estos votos no han ido al Partido Conservador: han ido a los Demócratas Liberales o a la abstención. Como sucede en España, los conservadores no necesitan del voto socialista para gobernar.

En cambio, dentro de los planteamientos y objetivos electorales del Nuevo Laborismo había uno muy claro:  recabar el bienvenido y “moderno” voto del Partido Conservador, descuidando así el apoyo “tradicional” de aquellos que no abandonaron electoralmente al Laborismo si no cuando éste les abandonó a ellos dejando de preocuparse por sus problemas. Sindicatos, trabajadores y clases económicamente desfavorecidas dieron la espalda a los laboristas. Parecía que el Nuevo Laborismo solo tenía ojos y propuestas para los de “cuello blanco” (generalmente bajadas de impuestos) pervirtiendo el interclasismo propio de la socialdemocracia, ya desde Bernstein en el siglo XIX, con una poilítica de boutique alejada de la realidad de las víctimas del neoliberalismo: los más humildes.

Y en estas llegamos a la mayor crisis de la historia del capitalismo, a una crisis gestada desde la obscenidad más explícita y declarada, a un Laborismo y una socialdemocracia incapaces de plantear una enmienda a la totalidad… y a Ed Miliband, en el papel de enterrador del Nuevo Laborismo, aupado al poder por hasta seis sindicatos (entre ellos GMB y Unite, con más de dos millones de afiliados entre los dos). ¿Cambio en el laborismo británico? ¿también en el resto de Europa?

Sin duda, seguiremos con interés los pasos políticos de Ed Miliband y del Laborismo británico.

Elecciones-plebiscito en Venezuela

septiembre 25th, 2010  / Autor: Alberto Ginel Saúl

Pase lo que pase en las elecciones legislativas del domingo, que servirán a modo de plebiscito sobre la revolución bolivariana, Hugo Chávez perderá parcelas de poder en Venezuela: y es que esta vez  la oposición sí participará de los comicios, mientras que en la anterior cita electoral optó por el “curioso” método de la no concurrencia a las elecciones como forma de protesta contra el rumbo que tomaba el país.

La oposición, crecida y arrejuntada bajo las siglas de la Mesa de la Unidad Democrática, que concentra a una constelación de partidos que van desde la derecha de toda la vida al izquierdista Bandera Roja (de origen guerrillero), pasando por los Podemos, UNT o Acción Democrática, autodenominados de Centro-Izquierda, irrumpirá al fin en el Parlamento Venezolano tras años en los que la cámara legislativa ha servido de muleta monocolor a los proyectos de Chávez.

Está por ver si estos opositores, que poco tienen en común más que la crítica a las políticas de Hugo Chávez serán capaces de ganar el terreno suficiente como para hacer del Parlamento lo que debe ser: un mecanismo efectivo de control y freno al poder ejecutivo.

Y será importante, porque a lo largo de la legislatura que se iniciará, deberá confirmarse o revocarse la ley habilitante que ya permite al presidente de la república gobernar por la vía rápida eludiendo el trámite parlamentario.

La oposición, además de al PSUV tendrá que enfrentarse a la nueva ley electoral de 2009, en virtud de la cual un partido puede obtener dos tercios de los diputados con tan sólo 50 por ciento de los votos. Además, los estados menos poblados, donde el partido de Hugo Chávez es más fuerte, estarán tan representados en el Parlamento como los que concentran mayor población, donde gobierna la oposición.

Se pone por ejemplo el del Estado de Zulia: el más poblado de Venezuela (una densidad de 74,93 hab/km² y 3.900.000 habitantes), con gobierno opositor y en el que un escaño “valdrá” 250.000 sufragios mientras que en la circunscripción de Amazonas (densidad de 0,7 hab/km² y 153.580 habitantes), la equivalencia será de 1/50.000 votos.

Hablar de Chávez es no dejar a nadie indiferente. Es despertar pasiones enconadas entre los partidarios de un mesías capaz de pronunciar un “yo no soy un hombre, yo soy el pueblo” profuso cultivador de lo que sin mucho yerro conceptual podríamos denominar “populismo”- y sus variopintos detractores: unos criticando el fondo y defendiendo una vuelta al “antiguo régimen” del semi-colonialismo y el entreguismo liberal, otros condenando las formas, apostando por el cambio social y político en Venezuela pero advirtiendo de lo importante que son esas formas para la estabilidad y el alcance democrático del progreso.

En cuanto al fondo, Chávez puede ponerse algunas medallas sociales de no poca importancia:

Desde su llegada al a presidencia la inversión social se ha quintuplicado (…) decisión clave para que Venezuela haya alcanzado casi todas las Metas del Milenio fijadas por la ONU para 2015. La pobreza bajó de un 49,4% en 1999 a un 30,2% en 2006, y la indigencia pasó del 21,7% al 7,2%

Datos de Le Monde Diplomatique en español nº179, septiembre 2010

También sombras: el cierre de algunos canales de comunicación social vinculados a la oposición entre ellos el muy popular RCTV, hecho que provocó la protesta, entre otros, del presidente brasileño y el consecuente enfrentamiento entre los dos líderes latinoamericanos. La omnipresencia de Chávez en la televisión (una media de cuatro horas diarias) y la emisión obligada de los discursos presidenciales, todo ello en favor del argumento que se refiere a los tics mesiánicos y autoritarios de Chávez.

Una diplomacia brusca y frentista que ha hecho -con la inestimable y necesaria colaboración de Uribe- subir los grados en la región… Y el principal problema: a Chávez le acusan de no ser el presidente de todos los venezolanos y de no gobernar para todos ¿dónde quedan en el programa bolivariano o de socialismo del S.XXI las crecientes pero aún frágiles clases medias, los pequeños empresarios y comerciantes? La izquierda brasileña, de la que hablamos hace unos días, ha sabido elaborar mucho mejor un consenso nacional en torno a un liderazgo más flexible y más abierto a las voces, las necesidades (y los votos) de los distintos grupos sociales, aunque sin soltar el timón.

Sin duda, habrá que seguir con interés los acontecimientos en Venezuela y especialmente los resultados de las elecciones-plebiscito de mañana. Unas elecciones-examen en las que un gobierno hasta ahora sin contestación parlamentaria (aunque sí social, veremos hasta qué punto) medirá sus fuerzas con una oposición variopinta y renacida.

Una reflexión en la izquierda

septiembre 20th, 2010  / Autor: Alberto Ginel Saúl

Los resultados de las últimas elecciones generales suecas, más allá del propio análisis nacional, pueden suscitar algunas reflexiones que podrían ser válidas a un nivel más general, al menos europeo.

Los datos concretos que arrojan las urnas: la derecha volverá a gobernar, la socialdemocracia se desploma, entra en el parlamento la extrema-derecha.

Reinfeldt, del Partido Moderado, podrá gobernar otros cuatro años más revalidando -por primera vez en la historia de su partido-  una victoria electoral previa: la de 2006.  Desde ese momento el partido conservador inicio una serie de privatizaciones y cambios (recortes) en el sistema de bienestar que le permitió tirar de rebaja de impuestos, una temática  de fácil venta cuando se acercan las elecciones. No ha habido tiempo, ni hay perspectiva suficiente en cuatro años para ver las consecuencias de las muy rápidamente aplaudidas rebajas de impuestos. En el Reino Unido sí, ya la tienen.

Thatcher, una de las tres patas de la revolución conservadora y neoliberal vino para “liberar” a las clases medias del gasto social resultantes de los largos años de los gobiernos socialistas.

Rebajó impuestos a las empresas, desregularizó las finanzas, hizo dimitir al Estado de su responsabilidad en la regulación democrática del mercado de trabajo y en la proporción de servicios públicos, desbarató de arriba a abajo el Sistema Nacional de Salud (NHS) y los transportes públicos; se propuso la destrucción de los sindicatos, dio facilidades fiscales a las grandes fortunas y dejó en la consciencia colectiva el veneno de que “la sociedad no existe, sólo existen los individuos”

Esa revolución iniciada en Estados Unidos, testada con la ayuda de las armas en el Chile de Pinochet e importada a Europa con los gobiernos de Thatcher, extendió rápidamente su hegemonía planetaria gracias a instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial, auténticos motores de la nueva ideología única encargados de imponer aquí y allá planes de “estabilización” económica a gobierno cada vez menos soberanos por la acción de este -inelegible- gobierno económico mundial.

Mucho podría hablarse de las  nefastas consecuencias de todos estos planes de “estabilización” sobre todo en América Latina. Tampoco hay que olvidar que la etapa de mayor auge neoliberal coincidió -no casualmente- con el periodo de mayor actividad de golpistas, contras y demás, en el bautizado como “patio trasero del imperio”.

¿Qué hizo la izquierda ante este torrente ideológico? El Nuevo Laborismo y los Nuevos Demócratas de Blair y Clinton (con Giddens y su Tercera Vía como piedra filosofal) fue la audaz respuesta dada por los otrora keynesianos partidos de Clement Attlee y Delano Roseveelt.

Una respuesta que consintió, lisa y llanamente en bajar la cerviz ante la nueva hegemonía. Una hegemonía que ha ido avanzando hasta hoy, hasta entrar en el tuetano de nuestra sociedad y nuestra cultura, hasta el desastre actual, hasta el desastre que cabía esperar el desenfreno, la irrealidad fiduciaria y la amoralidad en la economía (“la más moral de todas las ciencias sociales”, según Marx).

Nadie en la izquierda democrática europea  fue capaz de generar un mensaje político eficaz, capaz de rivalizar con los nuevos dogmas de la “economía objetiva”.

Y así llegamos a los prolegómenos de la gran crisis del capitalismo: al momento en el que, en Estados Unidos, el 1% de la población posee nada más y nada menos que el 30% de toda la renta del país (cifras análogas a las habidas a comienzos del siglo XX, cuando las huelgas y las manifestaciones sindicales aún se disolvían a base de ametralladora).

Estos datos deben ser contrastados con estos otros:  en los años del keynesianismo estadounidense, el 1% más rico de la población poseía un 12% de la riqueza nacional, lo que implica que dicha riqueza estaba socialmente mejor repartida, menos concentrada en la élite.

Ante esta situación la izquierda, como digo, solo ha sabido plegarse a la buena nueva del neoliberalismo.

Asistimos a la “liberalización” de la socialdemocracia del mismo modo que vimos en los países escandinavos la “socialdemocratización” de los partidos liberales.

Es una cuestión de fortaleza en los mensajes, de influencia sobre la sociedad y sobre la sinapsis ideológica de los ciudadanos: tras la segunda guerra mundial la influencia del keynesianismo, de las políticas constructoras del Estado del Bienestar era tal, que incluso los partidos de derechas, sobre todo en la región nórdica, se vieron contagiados por dichas ideas y comprendieron que para rascar algo electoralmente (cosa que por lo general, no lograron) habían de presentarse ante el electorado como defensores del Estado del Bienestar, subidos así a ese ese exitoso carro que estaba trayendo el progreso y el bienestar a esos países.

¡Como han cambiado las tornas! Ahora es la socialdemocracia la que se “liberaliza”, la que pliega sus banderas para adaptarse -en lugar de enfrentarse- a la realidad de la globalización neoliberal, para ser más atractiva enel mercado electoral.

Y lo dramático es que treinta años después, nuestra izquierda sigue sin reaccionar. Tampoco lo hace en mitad de esta tormenta que está haciendo zozobrar al planeta. En medio de esta crisis causada por las recetas neoliberales de la desregulación y la ley selvática que por poco colapsa el sistema capitalista.

Y pese a esa crisis, el mensaje antisocial sigue en boga, cualquier promesa de bajada de impuestos atrae al electorado -esto explica en parte la victoria conservadora en Suecia-, aunque a la larga las políticas de laminación del Estado signifiquen una peor calidad en los servicios públicos, aunque implique mayor desigualdad social y desprotección para los más débiles.

Desde la izquierda tenemos mucho que cambiar, empezando por nosotros. Fuerza, claridad en las ideas y audacia en las propuestas es lo que necesitamos… porque el mundo, sobre todo el actual, necesita de nosotros.

Brasil: seguir por el buen camino

septiembre 19th, 2010  / Autor: Alberto Ginel Saúl

Lula da Silva ganaría “de calle” las elecciones presidenciales del próximo 3 de octubre. Se va con unos índices históricos de apoyo popular, pero en el sistema político brasileño, como en la mayoría de los latinoamericanos, la reelección se restringe a dos legislaturas.

La imposibilidad de Lula de optar a un nuevo mandato abrió un  periodo de duda en la izquierda brasileña por ver si la candidata designada por el Partido de los Trabajadores iba a saber aprovechar la estela de las exitosas políticas del presidente y estar en unos niveles óptimos de popularidad. Parece que Dilma Roussef da bien en las encuestas (las últimas le dan cerca del 51% de los votos, muy por delante del candidato de la derecha José Serra)

Uno de los motivos que seguramente explican la buena proyección de Dilma es precisamente el de la continuidad: es una mujer del proyecto y el equipo de Lula da Silva (actualmente ocupa la Casa Civil, un puesto de gran importancia dentro del organigrama ejecutivo de la República Brasileña, muy cercano al Presidente de la República y que en este país presidencialista se asemejaría al papel de un primer ministro)

Y es que el impresionante legado de Lula será la mejor campaña de Dilma, naturalmente, junto con una buena serie de propuestas de futuro que afiancen y amplien lo logrado.

Algunos datos: Lula se comprometió a que ningún brasileño pasaría hambre… y las cifras son espectaculares: 20 millones de brasileños han salido de la pobreza, la malnutrición infantil ha retrocedido un 46%; durante los años de gobierno de Lula los ingresos del 10% de la población más empobrecida crecieron un 8% al año mientras que los del 10% de la población más rica crecieron a un ritmo del 1,5%. No en vano, Lula da Silva fue nombrado “campeón mundial de la lucha contra el hambre” por las Naciones Unidas.

En el area de educación han proliferado las ayudas económicas a las familias desfavorecidas, lo que ha permitido que cada vez más jóvenes estudien más allá de la enseñanza obligatoria.

El salario mínimo aumentó un 53,6% en términos reales, también subieron las pensiones y se fortalecieron los programas de ayuda a discapacitados.

Pese a los espectaculares avances, Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo.

Es necesario pues, que se siga avanzando en la linea marcada, que se siga avanzando “pelo caminho que Lula nos ensinou“, en la de la construcción de un proyecto nacional que ponga la igualdad y la justicia social en primera linea. Un proyecto que con sus formas gradualistas -sin aspavientos, sin “meter miedo” y con una diplomacia sumamente inteligente- y su fondo profundamente progresista, sirva de ejemplo para otras naciones latinoamericanas, aparentemente atrapadas hoy en la disyuntiva del uribismo y el chavismo.