Lo que hay detrás de los 33 mineros.

Con la narración en directo del “milagro” del rescate de los trabajadores chilenos de la mina San José de Copiapó y la conversión de su cautiverio en una suerte de espectáculo televisivo por parte de los 150 medios internacionales que llevan tiempo apostados en la boca de la mina para contarnos como han sido estos meses, se está de dejando de comentar algunos datos que nos ayudarían a explicar el porqué, el porqué de este suceso que pudo devenir en catástrofe como ha sucedido en otras ocasiones.

Primeramente, unas cifras significativas:

373 mineros han muerto en Chile en la última década en accidentes laborales, 31 en lo que llevamos de año.

En 2007, la mina que es hoy el centro informativo mundial tuvo que cerrar precisamente por unos graves fallos de seguridad provocados por la  sobreexplotación.

El ex director del Servicio Nacional de Geología y Minería de Atacama, dijo entonces: ”no debe abrirse nunca más, el sector ya está bastante agrietado, una consultora altamente especializada certificó que era una explosión de roca y me convencí que esta mina, que es muy antigua y con sectores abandonados, tenía una tecnología muy deficiente, que no daba ningún grado de seguridad”…

Mediante algún resorte se consiguió modificar u ocultar esos informes técnicos que desaconsejaban la reapertura de las galerías… y la mina volvió a abrir.

Reabrió sin haber satisfecho las recomendaciones técnicas de seguridad, incumpliendo el llamado Decreto 132 (que entre otras medidas, obliga a implementar una salida alternativa en los túneles) y los mineros siguieron trabajando sin seguro.

Esta situación fue largamente denunciada por los sindicatos del sector e ignorada sistemáticamente por las autoridades. Finalmente, se produjo el “accidente” (no sé si se puede llamar accidente a algo tan explícitamente advertido y que tan presumiblemente podía volver a suceder). Para más inri, la empresa se declaró en quiebra, presumiblemente, para eludir el pago de indemnizaciones.

La expectación mediática mayoritariamente ha pasado por alto  todas estas realidades, la de la sobreexplotación, la precariedad laboral, la codicia empresarial, la insuficiente regulación en las relaciones laborales y el desprecio por la vida. Deberia despertarse una reflexión sobre las condiciones laborales en muchas partes del mundo donde se supedita todo -hasta lo más importante- a los beneficios privados. Quizás algo consustancial a esta “etapa depredadora del capitalismo” que ya predijo Albert Einstein y que consiste en quemar todas las naves con la calculadora del rédito en la mano.

No sólo una reflexión, también se está despertando una acción en algunos de esos países de capitalismo salvaje víctimas de las llamadas terapias de shock neoliberal ideadas por Friedman o  Hayek (gran apoyo teórico y asesor del dictador chileno Augusto Pinochet, por cierto)

China, con su siniestro sistema de destajo (agudizado en las últimas décadas por el modelo de “capitalismo de Estado”) es también uno de los mayores agujeros negros del mundo en cuanto a seguridad y calidad en el trabajo.
¿Y nuestra Europa? No hay que olvidar el proyecto de las “65 horas” y la progresiva precarización del mercado trabajo bajo las directrices de la ideología única: el neoliberalismo rampante, las premisas del despido fácil y barato, la postergación de la jubilación y en general, todas las medidas que en los últimos años han venido afectando a la calidad de vida de los trabajadores y fragilizando su posición frente al empresario.

One Response to “Lo que hay detrás de los 33 mineros.”

  1. [...] empeño que ha demostrado que tiene. También el Gobierno de Chile debe entregarse al máximo en la investigación de las deficiencias en la mina, deficiencias que eran conocidas por las autoridades. Finalmente deben depurar las [...]

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