Por un puñado de votos

Las expulsiones de gitanos rumanos en Francia está desatando la polémica en todo el continente.

Con estas expulsiones Francia está menoscabando las leyes europeas en materia de libertad de movimiento, una de las bases de la unidad europea y además estaría cometiendo un grave acto de discriminación al “seleccionar” a los expulsado siguiendo un criterio étnico, tal y como quedó al descubierto en una circular del ministerio de Interior galo.

Es decir, desde el poder político, desde el gobierno del conservador Nicolás Sarkozy se da la orden de ir a por los gitanos y de deportarlos a Rumanía (país de la UE del que proceden la mayoría de estos ciudadanos europeos radicados en Francia).

Todo apunta -siguiendo estrictamente el sentido de la letra de la circular gubernamental- a que las deportaciones no se están realizando siguiendo pruebas minuciosas y estudiando los casos uno a uno: la circular se refería a un colectivo, que como tal queda bajo sospecha y  persecución como ya sucedería en Italia bajo el gobierno del también derechista Silvio Berlusconi.

El Parlamento Europeo ha criticado esta situación mediante una declaración apoyada por socialistas, liberales y verdes, siendo únicamente rechazada por el grupo popular y ultra-derecha (¡de nuevo aliados!). El Parlamento ha condenado la política francesa por irresponsable y por poner en cuestión el derecho comunitario y los valores que informan la UE desde su misma creación, como la libertad de movimiento de ciudadanos de países miembros.

En tiempos de crisis la derecha se sube al arriesgado tándem de la demagogia y la política migratoria. Berlusconi abrió la espita, Sarkozy la ha seguido y hoy, Mariano Rajoy -presidente del partido que en Cataluña repartió unos panfletos donde se podía leer “no queremos rumanos”- ha afirmado compartir la decisión del gobierno francés.

Apelar a los bajos instintos, especialmente a la demagogia racial o étnica en tiempos de crisis, ha sido históricamente un tic recurrente de la derecha. Pongan ustedes el precedente donde quieran (en el affaire Dreyfus… o en la Alemania del Reich que vino después del segundo…)

El recrudecimiento de la política de Sarkozy responde únicamente a motivos electoralistas y de consumo interno dentro de su UMP y de la derecha francesa de cara a las próximas elecciones.

En 2007 Sarkozy logró atraer a parte de los votantes tradicionales del Frente Nacional de Jean Marie Lepen;  para no perderlos, el presidente debe mostrar músculo radical, como cuando se propuso acabar con la delincuencia (que sin embargo ha seguido creciendo) quitando la nacionalidad a los delincuentes -medida a todas luces anticonstitucional y contraria a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 15- o cuando prometió “barrer” la periferia de París con las consecuencias que todos conocemos.

El Frente Nacional cambia de cara (el mando pasa del padre a la hija) y presentará una candidata igual de lunática pero con más tirón y políticamente más inteligente que Jean Marie Lepen, por lo que Sarkozy tendrá que luchar en el flanco derecho agitando la demagogia y traspasando límites poco recomendables. Máxime cuando por el centro tendrá una pérdida importante de votos al tener que pelear con al menos dos candidatos de peso Bayrou y Villepin. Y todo eso en un momento de popularidad históricamente baja para el presidente. Sarkozy ha elegido el carril derecho (más bien el arcén derecho) para permanecer en el Eliseo. Es su apuesta.

Son pues el partidismo, el cálculo electoral los que empujan a Sarkozy a tomar este tipo de medidas peligrosas para la convivencia, arriesgadas desde el punto de vista de los derechos humanos y conflictivas desde el punto de vista del derecho comunitario.

Todo por un voto más, siempre irreponsables estos bomberos pirómanos.

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