Aguirre contra los sindicatos

Mañana tendrá lugar la primera jornada del último debate sobre el estado de la Región  de la legislatura, que dará comienzo al curso político en Madrid.

El estado -real- de la región, a pesar de algún informe pagado por la Comunidad de Madrid y convenientemente sacado de la chistera en los días previos a la confrontación parlamentaria, corresponde al desgobierno, la privatización y el deterioro de los servicios públicos, a una región en la que se invierte más en educación privada que en la pública, al avance de los negocios de unos cuantos frente al retroceso de la calidad en el disfrute de los derechos de todos, al abandono de las políticas sociales y de la inversión en Universidad y en muchas otras parcelas de capital importancia . El paro (que ha crecido más que la media nacional) también es un problema lacerante, especialmente para los jóvenes de la región.

Frente a este panorama: la complacencia del referido informe del CES -organismo que depende de la Comunidad- y las palmaditas en la espalda entre Beteta y Aguirre. Frente a este panorama… cabría esperar medidas económicas y anuncios importantes sobre el plan a seguir, sobre todo de cara al debate más importante del año en la Asamblea Regional. Pues parece que no.

De momento, según leemos hoy en la prensa amiga, la propuesta estrella de Aguirre para este Debate y para sacar a esta región de la situación en la que se encuentra, en buena medida  por el gobierno neoliberal y la desaforada política inmobiliaria especulativa de Esperanza Aguirre, consiste en una reducción del número de liberados sindicales.

La relación de Aguirre con la demagogia apunta a la sinonimia, cada vez es más estrecha.

Experta en desviar la atención, en manejar la agenda política y en emprender causas generales, Aguirre parece responsabilizar a los sindicalistas de la situación económica por la que atraviesa la Comunidad de Madrid y los sitúa en el centro del debate olvidándose de los principales problemas de los madrileños.  El problema no es lo que “cuesten” los sindicalistas (la seña Aguirre gasta mucho más en publicidad institucional y en autobombo, descontando del cálculo a Telemadrid). El problema es lo que representan.

Los muy criticados, los muy denostados sindicalistas son los primeros en dar la cara al lado de los ciudadanos por la calidad de los servicios públicos y por los derechos sociales. Y hago esta defensa del sindicalismo semanas antes de que las dos centrales mayoritarias convoquen una huelga general contra mi partido. Porque sé de la importancia de los sindicatos y porque sé que sin ellos, sin una lucha más que centenaria y muchas veces teñida de sangre, de cárcel o exilio, nuestra Comunidad y nuestro país se asemejarían mucho a la jungla distópica que pretende el neoliberalismo.

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