Desterrar los mitos del neoliberalismo

La crisis del modelo económico ha puesto al descubierto las vergüenzas del sistema y ha desmontado algunos de los dogmas más repetidos por los neoliberales, dueños y señores de la escena del pensamiento económico desde hace décadas. Para impedir que tras la crisis el paradigma se reconstruya tal y como estaba (con las mismas piezas, con las mismas dinámicas) -como sucederá, sospecho- los que creemos en una gestión democrática y racional de la economía, tenemos que denunciar las contradicciones y las falacias dogmáticas del ultraliberalismo económico.

La crisis nos ha permitido sentir en toda su dureza las consecuencias de la desregulación, de la traslación de los centros de poder y decisión desde los parlamentos democráticos a las bolsas y a las consejos de administración.Nos ha revelado la artrosis que sufre la famosa mano invisible, incapaz de generar un beneficio público a partir de la suma de los privados gracias a una armoniosa distribución de recursos tal y como propuso Adam Smith. La mano invisible más bien ha servido y está sirviendo para la concentración de cada vez más riqueza en menos manos.

Caen los dogmas del neoliberalismo, pero hay que lamentar la ausencia de reflejos y de iniciativa de los partidos socialistas y socialdemócratas para proponer una alternativa global al modelo económico. ¿Qué es -además de un himno- y dónde está la Internacional Socialista?

Uno de los mitos neoliberales que se escucha con  más frecuencia es el de que “la derecha gestiona mejor, más eficaz y más eficientemente los servicios básicos a diferencia de los manirrotos estatalistas”

Con el debate sobre la reforma sanitaria de los Estados Unidos, se ha hecho de dominio público el contradictorio dato de que EEUU es el país que más gasta en sanidad -en proporción a su PIB- de todo el mundo. Y eso, a pesar de que la asistencia no es universal, a pesar de que millones de ciudadanos no tienen derecho a la salud.

El modelo llamado asistencialista (gestionar a través de empresas) no es eficaz: no consigue su objetivo, en tanto que la mortalidad  sanitaria en EEUU es más alta que la de la Europa de los 15. Eso si entendemos que el objetivo de un sistema sanitario es curar, es atender, es garantizar una mejor condición vital a los ciudadanos.

Tampoco es eficiente si atendemos sencillamente a los números: es caro, no es universal, los seguros sanitarios no cubren -ni con mucho- todas las eventualidades médicas (véanse las famosas precondiciones, un cruel régimen construido a base de letra pequeña que excluye a enfermos crónicos, personas con antecedentes familiares, etc etc)

Sin embargo no es necesario irse a Estados Unidos para observar la realidad de la “gestión indirecta” y de los efectos de las empresas sobre la calidad de la sanidad. De Estados Unidos no solo llegan películas, hamburguesas y modas comerciales, también llegan modas económicas y políticas: el mercadocentrismo (el mercado en sustitución de la política, el interés privado sobre el colectivo) también se está colando en nuestros sistemas de Bienestar.

No hay que irse a EEUU, como digo. Cuando hablamos de neoliberalismo y de catástrofe, basta con mirar la ya clásica tríada pepera: Madrid, Valencia, Murcia. Las comunidades que bloquean o privatizan la asistencia a los dependientes, las que menos invierten en educación o las que ponen en manos de empresas la gestión de las competencias que libremente decidieron desarrollar en sus estatutos de autonomía.

De los centros sanitarios construidos en Madrid en los últimos años, 17 están gestionados en mayor o menor medida por empresas privadas y uno de ellos (Valdemoro) lo está completamente, siguiendo el modelo del valenciano hospital de Alzira que literalmente quebró en su primer año y tuvo que ser rescatado con dinero del Estado. ¡Toma eficiencia, toma eficacia!. En este último tipo de hospitales corresponde a la empresa privada  la construcción del edificio, la dotación del equipamiento y la contratación de todo su personal, incluido el sanitario. Una privatización en toda regla que ha sido denunciada incluso por la Organización Mundial de la Salud.

En el modelo mixto (o directamente privado) de la sanidad, las administraciones que no quieren serlo (que no quieren administrar servicios) pagan a empresas privadas una cantidad determinada por cada paciente durante 30 años, que es lo que duran los contratos (para evitar que un eventual cambio de gobierno los rescinda). Esta cantidad pagada por las comunidades a dichas empresas es superior a lo que tendrían que invertir si la gestión fuera directamente pública. Se rompe el mito de la eficiencia. La sanidad sale más cara.

El mito de eficacia también cae por su propio peso (si seguimos pensando -puede que crédulamente- que el objetivo último de la sanidad es la de proporcionar salud a los ciudadanos y no el enriquecimiento de los amigos de la marquesa o el molt honorable de turno) , ya que en esos hospitales gestionados por empresas (con mentalidad y objetivos empresariales) se recortan gastos en personal, materiales, etc cometiéndose auténticas barbaridades contra los derechos de los pacientes. Tampoco mejoran las listas de espera, todo lo contrario. La sanidad es de peor calidad.

Sí, nos engañan, nos estafan, les votamos. Juegan con nuestra salud, con lo más básico. Llámenme, llámennos demagogos, que ahí están los datos, para quien los quiera discutir.

Adam Smith, considerado el liberal original y seguramente más puro, sustraía la educación y la sanidad -además de la seguridad, la administración de justicia y la defensa nacional- del ámbito de lo privado. Consideraba, sencillamente, que estos eran ámbitos que no interesaban al sector privado. El Estado debía proporcionar seguridad exterior e interna a sus ciudadanos, además de protegerlos de la opresión. Pero este ultraliberalismo de hoy, esa mano trocada en garra, no entiende de límites, ni de ética, ni de democracia. Este ultraliberalismo es la opresión misma.

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4 Responses to “Desterrar los mitos del neoliberalismo”

  1. ballesteros says:

    Aquí está de vuelta el mejor Alberto… me alegro enormemente

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  2. José says:

    En mi opinión este comentario de opinión parte de un craso error, y es considerar que ha sido el liberalismo el responsable de la crisis. Si tenemos en cuenta que son los bancos centrales, gestionados por gobiernos, a cual más centralistas, los responsables del número de papelitos que se imprimen (o sea, dinero!), los que imponen el precio del dinero, los que venden deuda pública y los que cuentan con herramientas varias para atentar contra principios esenciales de la propiedad, lo elegante sería encabezar la columna: “El intervencionismo es el culpable de la crisis, pero el liberalismo no es la solución”… sería más acorde a la realidad.
    Cuando leo la comumna me estoy imaginando el Hugo Chavez bananero de turno diciendo: “Espropieseeee”…
    Gracias por la columna, la he fichado para seguirla de cerca!

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  3. Celancato says:

    Me quito el caparazón de la cabeza con este texto

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  4. [...] lleguen a gestionar nuestra salud proporcionándonos un servicio más caro y de peor calidad (menos eficaz y menos eficiente) sin pasar por el farragoso “trámite” de las [...]

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