Crónica de una privatización anunciada. Nuevo capítulo.

En la comunidad de Madrid vamos hacia un sistema de salud de gestión privada gestionada por empresas. Vamos hacia ese modelo precario y caro (en contra de lo que se piensa), hacia un modelo censurado por la Organización Mundial de la Salud, hacia un tipo de gestión importada de allende los mares y que ya ha desmantelado el sistema nacional de salud de otros países en beneficio de poderosas multinacionales extranjeras que mercantilizan uno de los derechos humanos más básicos e irrenunciables.

La privatización es un proceso lento pero implacable. Un proceso las más de las veces disimulado ,a pesar del desenvuelto desparpajo neoliberal que nos gobierna. Suelen disfrazarse, adornarse y en no pocas ocasiones, ocultarse tras el habitual torrente de falacias y mentiras las verdaderas implicaciones que conlleva esta política abstencionista que viene a dejar expedito el camino al sector privado con sus beneficios, sus recortes de gastos, sus cotizaciones y sus balances a final de año.

En Madrid, región imbuida de lleno en ese infame proceso y siguiendo con la hoja de ruta, parece que ahora le toca el turno a los laboratorios de especialidades.

Al Vicente Soldevilla (que da servicio de atención primaria a un millón de madrileños), al Virgen de la Torre (Vallecas) y al de Aranjuez.

Estos tres centros serán cerrados (reconvertidos, dice la Comunidad de Madrid) y puestos en manos de una empresa privada llamada Ribera Salud en la que casualmente trabaja uno de los directivos de la consejería de salud madrileña. Qué sorpresa ¿no? ¿Como imaginar esto del Partido de la gürtel y la Fundescam?

Los laboratorios citados anteriormente habían realizado una completa remodelación en sus respectivas dotaciones tecnológicas. Es decir, con el cierre y la privatización de los mismos se despilfarran los recursos públicos ya invertidos en los laboratorios, se desprecian los buenos medios técnicos con que cuenta el sistema de salud y se prescinde de la mayoría de sus profesionales: unos serán reubicados, otros trasladados y despedidos otros.

El interés único de este cierre, como ha asegurado la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid, es el de “asegurar los beneficios de la empresa privada concesionaria” empresa con la que, para mayor escarnio, guarda un responsable político madrileño una especial relación personal… y desde luego económica.

¿Dónde se encuentra aquí el beneficio público? ¿qué justifica esta repentina y sorpresiva privatización? ¿qué ha llevado a clausurar tres laboratorios públicos que funcionaban correctamente, con buenos medios y mejores profesionales, dando servicio y atención a tantos madrileños? ¿qué cosa, si no el negocio privado ha movido a nuestros gestores políticos autonómicos, cada vez menos gestores, cada vez más empresarios, a llevar a cabo esta medida?

Que más da. En Madrid no se dan explicaciones, en Madrid nadie responde a las preguntas de los ciudadanos. En esta región las comisiones de investigación son vodeviles y las sesiones de control al gobierno: un alarde de chulería, superioridad y desprecio por parte de la marquesa-presidenta y el yerno del poli-imputado Carlos Fabra. En Madrid se impone el ver, oir… ¿y callar? Pero muchos no queremos hacerlo. Los que pensamos que nuestra salud no es un negocio y quienes queremos impedir que los mercaderes se apoderen de nuestros hospitales y centros de salud. Los que no queremos ser simples observadores de este drama, simples lectores de la crónica de una privatización anunciada: la de la muerte anunciada de la sanidad pública madrileña.


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